Opinión

Chechenia en Boston

Elena Carbajales | 29 de abril de 2013

La eclosión informativa sobre el atentado ocurrido durante el maratón de Boston (Massachusets), y la consecuente cuarentena internacional en cuanto evento público se realizara durante estos días, obliga nuevamente a reflexionar sobre la espectacularidad de la noticia y sus inmediatos efectos colaterales.
Difícilmente en EE UU, una sociedad cuya opinión pública está absolutamente mediatizada por los ‘mass media’, sus ciudadanos iban a percatarse de inmediato de que existe un conflicto en Chechenia, república caucásica que desde hace dos décadas busca su secesión de Rusia. La razón se debe al origen checheno de las dos personas que presuntamente perpetraron el ataque terrorista durante el maratón bostoniano.
El obvio y legítimo estupor causado por un atentado que cobra vidas humanas fue movilizado inmediatamente por la espectacularidad de la noticia, un aspecto que deja entrever, sin embargo, que para los estadounidenses el drama checheno es una realidad tan lejana como desconocida. Como dudoso el hecho de que alguno de los estadounidenses sepa, realmente, identificar a Chechenia o al Cáucaso en el mapamundi.
La profusión de análisis sobre esa presunta conexión chechena detrás de los atentados de Boston deja entrever una sociedad sumamente aislada en cuanto al conocimiento de los conflictos mundiales, muchos de ellos causados precisamente por la intromisión del poder de Washington en cuanto escenario mundial exista. Lo más espectacular, y lo que más demanda esa ciudadanía mimetizada por los ‘mass media’, es la denominada “caza del terrorista”, al más puro estilo Hollywood, en vivo y directo si cabe. La conmoción post atentado demandaba esa venganza similar a lo que ocurrió tras el 11/S con respecto a Afganistán e incluso Irak.
Sea o no cierta esa presunta conexión chechena, la realidad obliga a considerar la persistencia de un enorme caudal de violencia existente en los ‘mass media’ estadounidenses. De alguna u otra forma, la violencia habita constantemente en la vida pública de ese país donde, en algunos estados, es legal el porte de armas ligeras.
Como también resulta factible considerar que, desde el 11/S, los atentados terroristas se realizan con los mecanismos más simples y fáciles de adquirir, sin necesidad de costosos y sofisticados conocimientos. Pero Boston no es Chechenia como tampoco lo es Palestina, Siria, África, etc., otros lugares donde la violencia y la guerra causan auténticos dramas humanos que, por lo visto, los ‘mass media’ estadounidenses no parecen tan persuadidos a informar.

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