Opinión

¿Nuevo orden en 2013?

Elena Carbajales | 10 de diciembre de 2012

El 2012 prácticamente finaliza con una decisión histórica pero simbólica: que la ONU acepta a Palestina como “Estado observador no miembro”. La abrumadora votación a favor de este reconocimiento, avalada por 138 países, contrasta enormemente por las 9 en contra, entre ellas obviamente Israel y Estados Unidos (EE UU).
Siendo ésta la última columna de 2012 y a falta de menos de un mes para finalizar el presente año, esta decisión de la ONU puede ser sintomática de lo que pueda suceder en 2013. El próximo año abre el segundo y último período presidencial de Barack Obama bajo un contexto de complejidades en lo económico y clara retirada de la hasta ahora incontestable hegemonía de Washington.
También a finales de 2012 se decidió la nueva dirigencia que gobernará China, la anunciada potencia del presente siglo. Un directorio dominado por la nueva guardia nacida después de la revolución socialista de 1949 y amparada por el prolongado período de crecimiento económico bajo el capitalismo de Estado. El 2013 descifrará en qué medida China puede modificar las pautas del sistema internacional, un aspecto muy prematuro en estos momentos.
Acontecimiento estrella del 2011, la Primavera árabe entró en fase regresiva en 2012, fragmentada por la reacción de las elites y las complejidades de los nuevos actores. El Egipto gobernado por los Hermanos Musulmanes bajo celosa tutela militar está convirtiéndose en el laboratorio político de una Primavera que generará aún más tensiones. La guerra civil siria, ahora en fase regresiva mientras el régimen de Bashar al Asad sigue en el poder, es una excelente prueba de las dificultades de apertura emanadas del legítimo sueño democrático y de progreso de las sociedades árabes.
Mientras Iberoamérica busca su camino pisando con más fuerza en los foros internacionales, tal y como se evidenció en la última Cumbre Iberoamericana, Europa sigue sumida en la parálisis de la crisis. El 2013 anuncia elecciones federales en Alemania que pueden poner fin a la era de Ángela Merkel en el poder, con obvias repercusiones en el contexto europeo. Puede que el próximo año certifique ese final del ciclo expansivo europeo experimentado en los últimos años, mientras el cambio de modelo anuncia tensiones y escenarios tan volátiles como inciertos.
Por lo tanto, el 2013 no anuncia hegemonías ni ágiles reacomodos sino un mundo más complejo y difícil de comprender. Un sistema internacional cambiante que, puede, descifre las claves del poder global para las próximas décadas.
Como es costumbre cada final de año, reitero mi enorme agradecimiento a los lectores de esta columna, al ‘Magazine Español’, a nuestro editor, José Ramón Fernández González, y al incansable Richard Barreiro y Olmedo, por permitirme, cada semana, publicar estas modestas reflexiones. Que el 2013 traiga los mejores deseos y, sobre todo, mucha salud, que es lo más importante.

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