La opinión de

¿“Rivoira Sacrata” o “Roboyra Sacrata”?

¿Y de qué mejor y popular manera para conocer y disfrutar del Cañón del Sil que navegando por el mismo río Sil? Porque, en efecto, debido a la construcción de embalses con el fin del aprovechamiento eléctrico, el hermoso y abnegado río es, digamos, “transitable" para las embarcaciones que llevan a término las denominadas “rutas fluviales”. ¿Y cuáles son los “embarcaderos”? Santo Estevo, en Nogueira de Ramuín, Abeleda, en Castro Caldelas, Ponte do Sil-Deputación de Lugo, en Monforte de Lemos y, por último, Os Chaneis, en Sober. He aquí –entre otras oportunidades que nos brinda el Cañón y riberas del Sil– la extensa red de “miradores”, inefables “belvederes” que incluso se sitúan en las zonas más elevadas del Cañón. De tal modo que con asombro divisamos tanto el “encajado” recorrido del Sil como las tierras que se distienden a su alrededor.

Perros y gatos en la metrópoli de Buenos Aires

Desde las postrimerías de 1700 hasta comienzos de 1900 la pelea ‘anticanina’ en la metrópoli de Buenos Aires presentó perfiles épicos. “Los perros cimarrones –escribió el Padre Cattaneo en 1730– cubren todas las campañas circunvecinas y viven en cuevas subterráneas que trabajan para ellos mismos, y cuya embocadura parece un cementerio por la cantidad de huesos que la rodean”. Evoco ahora a esas personas que son llamadas a “pasear a los perros” por plazas y plazas de la ciudad de Buenos Aires. Son perros asidos al extremo de una cadena. Seguramente que esos sirvientes albergarán ideas y sentimientos “subversivos” o, cuando menos, “asimétricos” respecto de los cánones ciudadanos.

Prodigiosa ‘Ribeira Sacra’ de Galicia

Nos hallamos ante el prodigio: cañones y sierras, llanuras y valles; una excepcional riqueza de flora y fauna, así como un legado cultural vivo que han transformado el territorio de ‘Ribeira Sacra’ y ‘Serras do Oribio e Courel’ en la Gran Reserva de la Biosfera de la Unesco. Toda esta comarca comprende una superficie total de 306.535 hectáreas, esto es, el 10% del territorio continental de Galicia, distribuidas entre 23 municipios de las provincias de Lugo y Ourense. De ellos, 18 pertenecen al ‘geodestino’ de ‘Ribeira Sacra’. De Lugo, Bóveda y Carballedo, Chantada y Monforte de Lemos, Pantón y Paradela, A Pobra do Brollón, Portomarín y Quiroga, Ribas de Sil y O Saviñao, Sober y Taboada. De Ourense, A Peroxa y A Teixeira, Castro Caldelas, Nogueira de Ramuín y Parada de Sil.

Los pájaros de Buenos Aires, evocando a Guillermo E. Hudson

En la Argentina, el mundo de la Pampa, al decir de Morand y Keyserling, vive, extasiado, el cielo y la luz; el color, inexorablemente variado, si bien siempre orante y humilde. “América es el Continente de los pájaros”, dejó escrito el británico Guillermo E. Hudson, el autor de El Ombú, Allá lejos y hace tiempo, y Mansiones verdes. Mas la ciudad de Buenos Aires, con su febril crecimiento, fue, en alguna medida, cerrando la hermosa simpatía por el campo abierto y la plena Naturaleza. “Hay en Buenos Aires más pájaros enjaulados que en libertad. Si Hudson, que describió y catalogó las distintas especies de pájaros, hubiera quedado entre nosotros, no habría escrito tampoco Pájaros en Londres”, señala el ensayista y escritor Ezequiel Martínez Estrada en su excelente obra La cabeza de Goliat. Microscopia de Buenos Aires, Ediciones de la ‘Revista de Occidente’, en ‘Cimas de América’, colección dirigida por Eduardo Caballero Calderón, Madrid, 1970.

Los ‘laberintos’ de Mogor y ‘Compostela Rupestre’ de Galicia

Continuando con el maravilloso cosmos de los petroglifos y su sagrado enigma prehistórico de Galicia, ahora nos situamos en el Ecoparque Arqueológico “Monte Tetón”, cuya creación ha permitido conservar y difundir el tesoro milenario de su patrimonio cultural. El área exhibe senderos señalizados, así como miradores y zonas de descanso, lo que facilita el acceso a estas insculturas rupestres, concediendo licencia para su integración en este hermoso entorno natural.

Buenos Aires y las 8 patas del pulpo

Si transitamos por las calles de Buenos Aires, la ciudad, con sus puertas y balcones, se asemeja a la urbe que Juan Agustín García denominaba “Ciudad de comerciantes”. Hasta mediados del siglo XIX, se hallaban las “bandolas” –especie de ropavejerías portátiles– donde se mostraban de modo atrayente las baratijas. Simultáneamente, bajo la “recova” del Cabildo, en la que seres humanos aguardaban, a su lado un platillo, la limosna para el sepelio. Aquel Buenos Aires de los viajeros ingleses del inicio del siglo XX –como el de Hudson y Cunninghame Graham, Wilde y Bilbao– estaba algo más arriba de las cejas del transeúnte. El color del jalbegue y de las persianas, al igual que el estilo y clase de la forja de los balcones, eran, desde luego, de distinto gusto, además de viejos.

La Prehistoria de Galicia y sus petroglifos

Estoy delante de eternos ciervos, exactos círculos concéntricos e inextricables laberintos. Paisaje colmado de símbolos cuya significación continúa siendo un sagrado misterio. Así, a simple vista, pudieran ser meras figuras inscritas en las rocas, pero los grabados rupestres constituyen un inefable legado de antiguas civilizaciones. Ciertamente, Galicia es uno de los territorios con mayor riqueza en arte rupestre, superando las 3.400 estaciones catalogadas hasta hoy, específicamente concentradas en las ‘Rías Baixas’, ‘Terras de Montes’ y ‘Baixo Miño’.

‘La cabeza de Goliat’, el Buenos Aires de Martínez Estrada

“Este libro no fue escrito para complacer a nadie ni para una posible reedición monumental a costa del municipio; ni para satisfacción personal de ninguna índole. Responde más bien a un deber. Es casi una meditación, al divagar por las calles de un hombre solitario que ni siquiera se ha propuesto un paseo agradable. Un libro, en fin, que pudo no haberse escrito sin que ello dejara ningún vacío en el alma del autor”, nos revela Ezequiel Martínez Estrada en el ‘Prólogo’ de su libro La cabeza de Goliat Microscopia de Buenos Aires, Ediciones de la Revista de Occidente, ‘Cimas de América’ (colección dirigida por Eduardo Caballero Calderón), Madrid, 1970.

El ‘Ombú’, cantado por Guillermo Hudson y el poeta Fernández Moreno

“Cada comarca en la tierra/ tiene un rasgo prominente:/ El Brasil su sol ardiente,/ minas de plata, el Perú;/ Montevideo, su cerro;/ Buenos Aires, ¡patria hermosa!,/ tiene la Pampa grandiosa;/ la Pampa tiene el ombú”, así evocamos los inmarcesibles versos del poeta Luis L. Domínguez. Este poema figura al frente del inolvidable libro de relatos El ombú y otros cuentos rioplatenses del narrador de ascendencia británica Guillermo E. Hudson, en la versión española de Eduardo Hillman y publicado por la Editorial Espasa-Calpe Argentina, S. A., Buenos Aires–México, colección Austral, 1ª edición, Buenos Aires, 1941.

El alumbrado y otras evocaciones del viejo Montevideo

“Figurémonos una población en tinieblas, con más huecos, zanjas, albañales, estorbos y desperfectos que otra cosa; en que para salir de noche, era preciso hacerlo con linterna, para evitar tropezones y caídas, por cuanto uno que otro farolito en la puerta de alguna esquina, que desaparecía al toque de ánimas, en que todo se cerraba, no suplía la necesidad de alumbrado en las calles. Se hacía indispensable alumbrado público siquiera en la calle principal de San Pedro y en una que otra de lo más poblado”, escribe el narrador y periodista Isidoro de María en su fiel Montevideo antiguo (selección), Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965.

El ‘Ombú’ del Instituto de ‘O Castro’ de Vigo

“Actualmente, en Galicia, hai 141 árbores e 37 formacións catalogadas coma senlleiras, das que 47 árbores e 14 formacións están na provincia de Pontevedra, segundo a última actualización do catálogo realizada en xullo de 2020. Cada unha destas árbores e formacións ten un motivo diferente para a súa catalogación coma senlleira”, explican Ángeles Barros, Pilar Vela y Carmen Salinero, pertenecientes a la Estación Fitopatolóxica ‘Areeiro’ de la Diputación Provincial de Pontevedra. Desde luego que existen árboles célebres y significativos en todo el mundo. Y ello, ya sea por su longevidad y rareza, porte y aspecto, valor histórico, científico o cultural, ya sea, sencillamente, por el afecto popular. Se trata, en definitiva, de admirables monumentos vegetales. Testimonios de nuestra historia y cultura de Galicia que debemos cuidar y preservar.

La Plaza-Fuerte de Montevideo, memoria de Isidoro De María

“La población material, en los albores del planteamiento de la ciudad de San Felipe de Montevideo, fue en su mayor parte construida de piedra en bruto y techo de teja, piso bajo, como que todo tenía que ser relativo. Poco a poco, con el andar del tiempo, fueron mejorándose las construcciones, en proporción al aumento de pobladores y a medida que se adquirían los elementos indispensables para edificar, como el ladrillo, la cal y las maderas, importándose éstas del Paraguay para tirantes, alfajías, marcos, puertas y ventanas. Alguna se traía de los montes de Santa Lucía y sus cercanías, para caballetes y tijeras de ranchos, que también se construían con pared de ladrillo, y aun algunos tirantes de sauce morado, que probaron ser de mucha duración en la Ciudadela”, leemos en las memorables páginas –“La Plaza-Fuerte y su contorno”­– del escritor uruguayo Isidoro De María en el libro Montevideo antiguo (Selección), Editorial Universitaria de Buenos Aires –“Serie del Nuevo Mundo”–, 1965.

Arte, peregrinaciones a Compostela, testimonios históricos

“Sobre el tabernáculo está Santiago, a tamaño natural, en plata dorada y con una esclavina del mismo material por encima de sus hombros, ornamentada de piedras preciosas en lugar de conchas… Todo en oro y plata macizos, sentado en una silla, con el bordón en la mano”, leemos en las páginas escritas por Guillaume Manier, en Santiago de Compostela, noviembre de 1726. “La ciudad de Santiago está situada entre grandes montañas, es muy espaciosa y está rodeada por una única muralla con almenas que por una parte están llenas de violetas amarillas, que se ven desde lejos, y por la otra los muros están tan cubiertos de hiedra que parece un bosque: un ancho foso circunda la ciudad y por arriba del muro están las torres cuadradas de antigua fábrica que medían muy poco espacio unas de otras”, así escribe León de Rosmitbal y de Bladua en Santiago de Compostela, el 14 de agosto de 1466.

‘Montevideo antiguo’ y sus tradiciones, obra de Isidoro De María

“Hacia las últimas décadas del siglo XIX las naciones iberoamericanas, nacidas a la vida independiente al filo del primer cuarto de la centuria, se percataron de que ya eran dueñas de ‘un pasado’. De un pasado que, por natural encorpamiento, ya no era solo un pasado ‘colonial’ sino –y además– ‘nacional’, de un pasado urdido en los repositorios documentales todavía mal organizados y peor conservados, pero también sedimentados en la memoria de las gentes en ese entonces provectas, actores, comparsas, a veces meros testigos de los acontecimientos y procesos fundacionales”, escribe Carlos Real de Azúa en el pórtico del libro Montevideo antiguo, cuyo autor es el notorio Isidoro De María, publicado en la ‘Editorial Universitaria’, Buenos Aires, 1965.

Lisboa-Santiago: la “vivencia” de la peregrinación a Santiago

“Llegamos al pueblo grande de Redondela. No pudimos encontrar una posada a pesar de ser una localidad importante. Un peregrino que había ido a Roma a ver la tumba de los Apóstoles y que había llegado hacía poco, como había pasado por Francia, nos ofreció su casa en recuerdo de las buenas posadas de nuestro país”, escribe Fray Claude de Bronseval en la bella y gallega Redondela el 26 de junio de 1532. Es la “vivencia” de la peregrinación a Santiago de Compostela. “Caminamos por espacio de media legua llegando al alto de un montecillo que se llama ‘Monte del Gozo’ desde donde contemplamos el tan suspirado y ansiado Santiago, que quedaba distante como a una legua. Descubierto así de pronto, caímos de hinojos, y fue tanta la alegría que saltaron las lágrimas de nuestros ojos y comenzamos a cantar el ‘Te Deum”, leemos a Domenico Laffi en su texto Viaggio in Ponente a S. Giacomo di Galicia e Finisterre, publicado en Bologna en 1673.

 

Fábulas de la luna: poesía y misterio entre los incas

“Al eclipse de la luna, viéndola ir negreciendo, decían que enfermaba la luna, y que si acababa de oscurecerse, había de morir y caerse del cielo, y cogerlos a todos debajo y matarlos, y que se había de acabar el mundo. Por este miedo, en empezando a eclipsarse la luna, tocaban trompetas, cornetas, caracolas, atabales y atambores, y cuantos instrumentos podían haber que hiciesen ruido; ataban los perros grandes y chicos, dábanse muchos palos para que ahullasen y llamasen la luna, que, por cierta fábula que ellos contaban, decían que la luna era aficionada a los perros por cierto servicio que le habían hecho, y que oyéndolos llorar habría lástima de ellos, y recordaría del sueño que la enfermedad le causaba”, leemos en el texto de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso, libro publicado en Lisboa en 1609; la segunda (la Historia general del Perú), vería la luz póstumamente en la andaluza Córdoba, en 1617.

El inicio de “la Peregrinación”: Lisboa-Santiago

“Comenzaré a contaros que Lisboa es capital de Portugal, residencia de su rey, ciudad grandísima, y magnífica, habiendo gran cantidad de población, que para magnificarla los portugueses usan cierto proverbio: quien no vio Lisboa, no vio cosa buena. La ciudad tiene un soberbio puerto de mar, segurísimo, a la orilla del gran río Tajo, por el que introduce la mayor parte de las preciosísimas mercancías orientales, y de otras partes del mundo, y dicho puerto manda para fuera gran cantidad de mercancías a diversas partes de Europa”, leemos en las fervorosas páginas escritas por el viajero Nicola Albani en la ciudad lisboeta el 4 de febrero de 1744.

Los ‘quipus’ de los incas: técnica y temas

Quipu quiere decir añudar y ñudo, y también se toma por la cuenta, porque los ñudos la daban de toda cosa. Hacían los indios hilos de diversos colores, unos eran de un color solo, otros de dos colores, otros de tres y otros de más, porque los colores simples y los mezclados todos tenían su significación de por sí. Los hilos eran muy torcidos de tres o cuatro liñuelos y gruesos como un huso de hierro, y largos de a tres cuartas de varas, los cuales ensartaban en otro hilo por su orden a la larga, a manera de rapacejos. Por los colores sacaban lo que se contenía en aquel tal hilo, como el oro por el amarillo, y la plata por el blanco, y por el colorado la gente de guerra”, leemos en las páginas de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso, obra publicada en Lisboa, en 1609; la segunda (la Historia general del Perú), saldría póstumamente en Córdoba, en 1617.

‘Lisboa-Santiago’, espíritu y peregrinación a Compostela

“Presentar en 1998 una exposición producida en Galicia y pensando en Portugal así nos ha llevado, a partir del criterio de recalcar uno de los muchos lazos de hermandad que existen entre ambos pueblos. Y dada la ocasión de que el punto de partida para iniciar una posible itinerancia era nada menos que esa gran capital europea que es Lisboa, en un momento en su día a día de una Exposición Universal, se estimó que, de algún modo, la propia urbe lisboeta debería de implicarse en el desarrollo de la muestra en cuestión”, escribe el ilustre profesor José Manuel García Iglesias en la excelsa obra titulada Lisboa-Santiago. La espiritualidad y la peregrinación jacobeas, ‘Xunta’ de Galicia, ‘Consellería de Cultura, Comunicación Social e Turismo’, ‘Xacobeo’ 99’/ Galicia.

El Inca Garcilaso, historia vivida en sus ‘Comentarios’

“Debo puntualizar el criterio que me ha guiado al hacer esta selección y aclarar, de paso, el subtítulo de ‘Antología vivida’. Al releer los Comentarios Reales he tratado de extraer todos los materiales que se pueden suponer respaldados por el vivir del Inca. O sea, todo aquello que, de manera directa o indirecta, se engarza en la médula de su biografía. Pero no olvidemos el coeficiente imaginativo de una obra escrita a tantos años de distancia de la experiencia misma. El Inca Garcilaso prodiga en sus obras las aseveraciones: ‘Yo lo vi’, ‘Yo lo hice’, ‘Yo lo oí”, escribe el eminente filólogo y profesor de Literatura Juan Bautista Avalle-Arce en la ‘Aclaración preliminar’ de su inigualable libro titulado El Inca Garcilaso en sus ‘Comentarios’ (Antología vivida), Editorial Gredos, Antología Hispánica, nº 21, Madrid, 1970.