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Don Diego de Ossorio y Simón de Bolívar en Venezuela

Isaac Otero | isaac-otero

Isaac Otero | 14 de septiembre de 2020

Entre las peticiones de la colectividad de “pobladores” españoles, cuando la época de Don Diego de Ossorio, asimismo figuraba que se concediera al gobernador “facultad” para nombrar oficiales directamente “sin que la Audiencia de Santo Domingo ni su presidente se entrometan en ello”. Del mismo modo, que se abstuviera la Audiencia de enviar jueces de comisión “como no fuera por casos muy graves”. Que siempre que hubiera que hacer visitas de inspección para cerciorarse del trato que se daba a los indios, las hiciera el Gobernador y “no extraños enviados como jueces de comisión”. Que el Gobernador nombrara a algún funcionario local como “teniente general letrado de ciencia y conciencia”, para resolver los numerosos procesos civiles y criminales pendientes. Y además, que las causas en que se apelaba a la Audiencia fueran resueltas por el Gobernador. Se solicitaban, en fin, a mayor abundamiento, ciertos privilegios fiscales, así como un subsidio para el hospital fundado por Ossorio, para el cual también se pedía “exención de toda intervención eclesiástica”.
“Ossorio era, pues, un ‘separatista’ para con Santo Domingo; y su política consistía en proteger los intereses de los ‘pobladores’ blancos. Simón de Bolívar, el antepasado de El Libertador, no logró éxito igual en toda la línea, pero regresó con no pocas concesiones para la colonia, tan turbulenta como indolente, que había dejado caer en desuso la concesión, tras el logro alcanzado por Briceño: el ‘navío directo anual”, escribe el inconmensurable historiador y escritor Salvador de Madariaga Rojo en su admirable obra Bolívar, Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1951, Madrid, 2ª edición, 1975. El hecho es que Simón de Bolívar volvió a traer la concesión en forma de “privilegio” otorgado al Cabildo, para nombrar cada año una persona que recibiría en La Guaira un barco por su cuenta. En lo que a los servicios se refería, sólo se concedió el de “importar cien toneladas de esclavos africanos”; en cambio, se suspendió la “alcabala” durante diez años, compensándola con un pequeño tributo que pagarían las ciudades. Según el relato del historiador Baralt en su Historia de Venezuela, “las instrucciones de Simón de Bolívar demuestran que ha recibido poderes también de otros Cabildos, a saber: Coro, Truxillo, Barquisimeto, Carora, el Tocuyo, Maracaibo, Valencia, San Sebastián de los Reyes”.
Así, pues, a Simón de Bolívar se le otorgaba la prerrogativa de “regidor vitalicio de Caracas con voz y voto”. Curiosamente, era tal concesión una desviación de las tradiciones republicanas de los Cabildos de Venezuela. ¿Y cuál fue uno de los primeros actos de Ossorio al encargarse del gobierno? El de restablecer el “derecho de la ciudad de Caravalleda”, hollado por su predecesor Rojas. Recordemos que Rojas se había arrogado el derecho de nombrar los alcaldes de Caravalleda para el año 1586. En cambio, lo regular era que la ciudad eligiera cada año a sus regidores, quienes, a su vez, elegían dos alcaldes.
El caso es que, como se negaban los regidores a reconocer los nombramientos irregulares del Gobernador, Rojas, ni corto ni perezoso, los hizo prender. Los “pobladores” abandonaron la ciudad, Ossorio puso en libertad a los regidores. No obstante, Ossorio recibió a Simón de Bolívar, de vuelta de España, nombrado “regidor vitalicio” por el Rey. Además, en 1594, obtuvo de Madrid una orden declarando “venales y permanentes” todos los “regimientos” de su gobernación.
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