EL LEHENDAKARI, IÑIGO URKULLU, PRESIDIÓ EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS ARCHIVOS

El Gobierno Vasco agradece la donación de los archivos familiares de Andrés de Irujo y Manuel de Ynchausti

| 11 Junio 2020 - 14:36 h.
El lehendakari hablando con María Elena Etcheberry, viuda de Andrés de Irujo.
El lehendakari hablando con María Elena Etcheberry, viuda de Andrés de Irujo.

El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha presidido la celebración del Día Internacional de los Archivos, que ha tenido lugar en el Archivo Histórico de Euskadi, en Bilbao. Como cada año, se ha aprovechado esta cita para subrayar la importancia de los archivos, que representan la memoria documental de un país y para agradecer dos recientes donaciones recibidas en el Archivo Histórico: el archivo familiar de Manuel de Ynchausti y el de Andrés de Irujo, que llegó hace unos días a Bilbao.

A esta cita han asistido, junto al lehendakari, el consejero de Cultura y Política Lingüística, Bingen Zupiria; la secretaria general de Acción Exterior, Marian Elorza; el director de Patrimonio Cultural, Mikel Aizpuru; el director para la Comunidad Vasca, Gorka Álvarez; y el responsable del Archivo Histórico de Euskadi, Borja Aguinagalde. Además, han acudido familiares de Manuel de Ynchausti y, al término del acto, el lehendakari se ha comunicado con María Elena Etcheberry, viuda de Andrés de Irujo. Además de conocer los detalles de estos archivos, durante la visita han podido visionar imágenes inéditas del lehendakari José Antonio Agirre en el exilio, gracias a filmaciones procedentes del fondo de Manuel Ynchausti.

 

Archivo de Andrés de Irujo

El archivo de Andrés de Irujo y Ollo (Estella/Lizarra, 1907- Buenos Aires, 1993) llegó a Bilbao la semana pasada, después de un largo periplo desde Argentina. La donación ha sido posible gracias a la generosidad de su viuda, María Elena Etcheverry, que aún reside en la República de Argentina, y a la labor de enlace del historiador Xabier de Irujo, sobrino-nieto de Andrés de Irujo. De hecho, el director de Relaciones con la Diáspora vasca, Gorka Álvarez, y el director de Patrimonio Cultural, Mikel Aizpuru, se desplazaron el pasado año a Argentina para gestionar ‘in situ’ la situación de los archivos y explorar su posible conservación en el Archivo Histórico de Euskadi.

Este archivo reúne una gran cantidad de documentación original que procede tanto de la familia Irujo como de diferentes iniciativas promovidas por el exilio vasco en Argentina. Se trata de cinco fondos de archivo diferentes: Editorial Ekin (fundada por Andrés de Irujo e Isaac López Mendizabal, en 1941); la revista Eusko Lurra-Tierra Vasca (cuyo último director fue Peio Irujo, hermano de Andrés); el Instituto Americano de Estudios Vascos (cuyo último director fue Andrés de Irujo); el archivo personal de Peio Irujo; y el archivo personal de Andrés de Irujo.

A pesar de que estos archivos han permanecido durante décadas en Argentina, la documentación forma parte del patrimonio documental del País Vasco. El fondo Ekin, por ejemplo, conserva números originales manuscritos (entre ellos, alguno del lehendakari Agirre), algunas películas y correspondencia. Asimismo, entre los archivos de Peio Irujo se han identificado documentos y fotografías originales del Archivo del Gobierno Vasco, así como carpetas con documentación de don Andrés y su hermano don Manuel de Irujo.

 

Uno de los valores fundamentales de estos archivos reside en el momento histórico de su creación. La mayor parte de los documentos fueron redactados en pleno franquismo y constituyen una fuente de altísimo valor para documentar la historia de Euskadi en aquella época.

Hijo del abogado nacionalista vasco Daniel de Irujo y Urra, Andrés Irujo fue un destacado promotor cultural durante el exilio posterior a la Guerra Civil. Después de estudiar Derecho, comenzó su desempeño profesional durante la II República como pasante de Manuel de Irujo, histórico militante del PNV, diputado y ministro de Justicia del Gobierno. Durante la Guerra Civil formó parte de la Junta de Gobernación de Gipuzkoa, fue secretario del ministro de Justicia (su hermano Manuel) y, ya en el exilio, representante del Gobierno Vasco en Francia.

En el exilio desempeñó junto a su mujer una importante labor de promoción de la cultura e identidad vascas. Además de fundar la editorial Ekin, fue uno de los fundadores del Instituto Americano de Estudios Vascos, entre otras muchas iniciativas. Andrés de Irujo realizó, asimismo, importantes aportaciones a la historiografía vasca con obras como ‘Los Vascos y la República Española. Contribución a la Historia de la guerra civil 1936-1939’ o ‘Los Vascos y las Cruzadas’.

Este archivo estará custodiado en el Archivo Histórico de Euskadi, pero dentro del apartado ‘Archivo de la Diáspora Vasca’, una iniciativa emprendida por la Dirección para la Comunidad Vasca en el Exterior y presentada por el propio lehendakari el pasado 2 de noviembre en la ciudad de Mar del Plata (Argentina).

 

Archivo de Manuel de Ynchausti

El archivo de Manuel de Ynchausti y Romero (Manila, 1900-Ustaritz, 1961) es un fondo documental reunido a lo largo de décadas por este destacado hombre de negocios y filántropo vasquista. El archivo recopila documentos de ámbito privado, documentos de interés público relacionados con sus inquietudes culturales y políticas, y, en tercer lugar, abundante correspondencia organizada de una manera minuciosa año a año. Hasta su traslado al Archivo Histórico de Euskadi, este fondo se encontraba recopilado en alrededor de un centenar de cajas en la casa Intxausti Baita, en la localidad labortana de Ustaritz.

La particular biografía del propietario del archivo da una idea de las peculiaridades de los documentos que recoge. Manuel de Ynchausti procedía de una familia originaria de Gipuzkoa que a comienzos del siglo XIX se instaló en Filipinas. Allí, la familia Ynchausti llegó a convertirse en una de las familias más influyentes de las islas, donde poseían importantes intereses industriales y comerciales. Manuel de Ynchausti se trasladó a España a terminar sus estudios, y cursó la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid. En 1926 se licenció y se casó con la donostiarra Ana Belén Larrauri.

En Madrid, asimismo, conoció a la familia Leizaola, clave en su acercamiento al vasquismo y a los postulados del nacionalismo vasco. En 1933, en un contexto de cambios políticos en Filipinas, decide abandonar las islas, disolver la empresa familiar Ynchausti y Cía, y poner rumbo a Europa. Manuel de Ynchausti se instaló en Donostia/San Sebastián durante la II República, donde continuó con su labor empresarial y su acercamiento a los entornos político-culturales vascos.

Hombre muy ligado a los medios católicos, sobre todo a Acción Católica y a los Jesuitas, al sobrevenir la II República española y acaecer la expulsión de la Compañía de Jesús, realizó una intensa labor en favor de la misma, lo que le valió que el Papa Pío XI le concediera la Orden de San Gregorio. En aquella época fundó en Manila el ‘Patronato Nuestra señora de Lourdes’ para la asistencia a enfermos pobres.

Al comenzar la Guerra Civil se hallaba en Donostia/San Sebastián, de donde fue evacuado por la Marina de Guerra de los Estados Unidos (26-07-1936), dada su ciudadanía estadounidense, si bien no pudo impedir que se le incautaran sus bienes de España. Ya al otro lado de la muga, primero en Ustaritz y más adelante en París, comenzó su colaboración con el Gobierno Vasco de José Antonio Agirre y su importantísima labor humanitaria a favor de los refugiados vascos de la Guerra, especialmente de los niños. A Manuel de Ynchausti se le deben numerosas iniciativas dirigidas a ofrecer acomodo y asistencia a los niños vascos de la Guerra. Asimismo, al final de la contienda española se preocupó de la repatriación de los niños acogidos.

En los años 1939-1940, residiendo en Estados Unidos por el estallido de la II Guerra Mundial, contactó con el Departamento de Estado estadounidense con el objeto de negociar la llegada del lehendakari José Antonio Agirre y su familia a EE UU, huyendo de la Gestapo. También desde Estados Unidos organizó la sección ‘América’ de la Liga Internacional de Amigos de lo Vasco y la dotación de una ambulancia del Gobierno Vasco, que ofreció al ejército francés para su lucha contra el nazismo. Manuel de Ynchausti efectuó toda clase de gestiones dirigidas a orientar la política del nacionalismo vasco en el campo de los aliados, llegando a reunirse en 1940 con el presidente Franklin D. Roosevelt, acompañado de su esposa, de Manuel de la Sota y de un grupo de niños vascos. Por esta razón, el Gobierno Vasco reunido en Nueva York le expresó en septiembre de 1945 su emocionada gratitud.

Tras la II Guerra Mundial, en octubre de 1947, Ynchausti regresó a Ustaritz, donde reanudó su activismo cultural y político. En 1948 tomó parte activa en la organización del VII Congreso de Estudios Vascos (Biarritz). Además, preparó en el Museo Vasco de Baiona una sala destinada a plasmar la obra de los vascos en los distintos países y culturas para el VIII Congreso de Estudios Vascos de Baiona (1954). Asimismo, costeó y editó la publicación católica Igandea y colaboró con la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza. Una de sus labores de promoción cultural estuvo centrada en la realización de filmaciones etnográficas sobre danzas, costumbres y deportes rurales (junto a Aita Donostia).

Los documentos privados, públicos y la correspondencia del archivo de Manuel de Ynchausti están relacionadas con ese intenso trabajo cultural, política, humanitario y empresarial que desempeñó durante toda su vida.

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