GALICIA ES UNA DE LAS COMUNIDADES CON MEJORES RESULTADOS A LA HORA DE EVITAR CONTAGIOS

Las residencias de mayores, amparadas por las medidas anticovid adoptadas por la Xunta

| 1 de agosto de 2021, 22:47
10.Esther y Salvador
Esther Edreira Teijeiro y Salvador Brea Gómez, en la Residencia de Mayores de Campolongo (Pontevedra).

La pandemia que trajo consigo el Covid-19 constituyó desde sus comienzos una amenaza para la población en general, pero se ensañó de manera intensa con las personas de la tercera edad, muchas de ellas acogidas en residencias donde la presencia del virus se percibía como algo letal. Ponerle freno exigía actuar con prontitud y de manera coordinada entre los centros y las administraciones y, en Galicia, se adoptaron medidas como limitar las visitas a los residentes y sus salidas al exterior, la realización de PCR semanales al personal y usuarios, se dotó de material de protección a los centros y se priorizó la vacunación de los trabajadores y mayores. El resultado es que Galicia, con seis puntos menos en fallecidos en residencias que el resto de España, fue la comunidad donde estos centros resistieron mejor las consecuencias del mortal virus.

Todo comenzó en febrero de 2020, pero entonces nada hacía presagiar la debacle que supondría ni la magnitud del coste sanitario y económico que traída implícita la amenaza del Covid-19. Ni siquiera en vidas humanas. Más de cuatro millones de fallecidos a causa de este virus en todo el mundo en poco más de un año –de ellos, más de 80.000 en España y alrededor de 2.500 en Galicia–, sistemas sanitarios colapsados, la economía parada, la población recluida en sus casas, suspensión del ocio y de todo tipo de actividades lúdicas y deportivas, el contacto social reducido a llamadas telefónicas y videoconferencias..., en definitiva, un apagón en toda regla que hubo que afrontar de la mejor manera posible y al que hay que tratar de sobreponerse una vez descubiertos los resortes para hacerle frente: la vacunación y la protección con mascarillas, así como la higiene de manos.

Entre toda la población amenazada como consecuencia del coronavirus, un sector, el de los mayores, se presentaba como el más vulnerable a los efectos del temible ‘bichito’ y por el que era necesario actuar con rapidez y de la manera más eficaz posible.

Acogidos muchos de ellos en residencias y centros asistenciales, como es el caso de Salvador Brea Gómez y Esther Edreira Teijeiro, las administraciones fueron adoptando medidas de forma coordinada con los centros para evitar la propagación de un virus mortífero que amenazaba sus vidas más que las de ningún otro segmento de la población. 

Galicia está en la cima de las comunidades autónomas que mejores resultados obtuvieron respecto a las medidas adoptadas para evitar contagios en las residencias en este tiempo de pandemia. Avala esta teoría el dato que sobre fallecimientos en residencias gallegas a causa del coronavirus aporta la Consellería de Política Social, que subraya el 33% respecto al total, y lo sitúa seis puntos por debajo de la cifra registrada en el conjunto nacional, que se eleva al 39%. 

La idea se refuerza cuando se analizan los fallecimientos en residencias. Si en España fallecieron en torno al 10% de las personas que vivían en estos espacios de acogida, en Galicia la cifra está en menos de la mitad, mucho menos también que en países como Francia, Austria, Reino Unido, Bélgica, Suecia, Estados Unidos y los Países Bajos.

Amparándose en los datos que aporta el Consejo Superior de Investigaciones Científcas, restalta también que Galicia es la comunidad de la península con menor exceso de mortalidad en residencias.

Conscientes de que Galicia, al igual que el resto de España y del mundo, afrontó una pandemia inédita para la que las residencias no estaban preparadas, Política Social considera que la Comunidad respondió a la crisis con entereza y previsión, elaborando protocolos de prevención y actuación ante posibles brotes en residencias, realizando PCR semanales a todo el personal que trabaja en estos centros, así como a los usuarios y dotando a las residencias, tanto públicas como privadas, del material de protección necesario para frenar los contagios, entre los que destacan los geles, las mascarillas y los guantes, que fueron las armas de que se disponía al principio para evitar que el vitus se propagase. Más adelante, una vez los científicos testaron la eficacia de las vacunas sobre las que venían trabajando para inmunizar a la población, fueron tomando como prioridad inyectar vacunas a los trabajadores y usuarios, medida ésta que aporta mayor tranquilidad a los mayores.

Llegados de Venezuela y Argentina, respectivamente, gracias a esas medidas, tanto Salvador como Esther disfrutan a sus años de la estancia en la residencia de Mayores de Campolongo, en Pontevedra, donde se sienten bien acogidos y muy bien tratados, al tiempo que protegidos frente a la amenaza que supone el corovirus.

Naturales de Marín (Pontevedra) y de Vilaboa (Culleredo-A Coruña), hace algún tiempo (cinco años en el caso de él, nueve en el de ella) decidieron regresar a su tierra, después de una experiencia enriquecedora como emigrantes, que les permitió progresar personal y económicamente. 

Pero es la situación económica y política de sus países de acogida, así como la inseguridad ciudadana que se respira en ellos, la que ha pesado a la hora de plantearse la vuelta a su lugar de origen, atraídos por las políticas de retorno que de manera transversal adoptan las distintas consellerías del Gobierno gallego, para facilitar la vuelta a una Galicia próspera a aquellos que un día se vieron obligados a abandonarla. En su caso, haciendo uso de las iniciativas que la Consellería de Política Social diseña para facilitar el retorno de los mayores en situación de vulnerabilidad, proporcionándoles para ello la acogida en residencias. En tiempo de pandemia, han sido estos centros los que les ha proporcionado el amparo necesario para salir airosos de cualquier contagio. La ilusión de ambos es poder algún día volver al país que les acogió y donde crecieron como personas, pero lo tienen más que claro, solo de visita.

 



Un recuerdo a los profesionales por “el cariño y el esfuerzo”

Si las medidas adoptadas por la Administración, en coordinación con los centros, fueron el eje principal sobre el que rotó la lucha contra el coronavirus, hubo otro factor reseñable que mereció el reconocimiento de la ciudadanía en general, y así quedó de manifiesto en más de una ocasión: la labor desarrollada por los trabajadores que “lograron convertir las residencias en los lugares más protegidos de Galicia y permitieron que sus usuarios, así como ellos mismos, puedan gozar hoy en día de una placidez semejante a la que marcaba sus rutinas antes del estallido de la pandemia”, asegura la Consellería de Política Social. Ese trabajo conjunto, hace que hoy “podamos devolver” a los mayores “el tiempo, el contacto con sus seres queridos y la libertad que la pandemia les quitó”, porque si bien al Gobierno gallego le tocaba “dotar a los trabajadores y usuarios de las herramientas necesarias para hacer frente al virus”, fue sobre todo “la profesionalidad, el cariño y el esfuerzo que el personal de los centros puso en el cuidado de los mayores lo que hoy merece el agradecimiento de toda Galicia”.

 



Evitar contagios, prioridad frente a la amenaza de la pandemia

En resolución conjunta de las consellerías de Sanidade y Política Social de la Xunta, aprobada el 17 de septiembre de 2020, se acordó poner en práctica una serie de medidas específicas para aplicar en residencias sociosanitarias frente al Covid-19 que, en gran medida, han podido contribuir a los resultados que ofrece Galicia en cuanto al número de fallecidos por la pandemia en la Comunidad en aproximadamente año y medio, en comparación con otras autonomías.

Una vez superada la fase crítica de contagios y con vistas a recuperar la normalidad, se suavizaron las restricciones continuas de contacto social que se venían aplicando en estos centros y que supusieron la disminución o anulación de visitas de familiares y amigos y de salidas al exterior de los residentes.

Aprobada la resolución, se limitaron las visitas a una persona por residente, extremando las medidas de prevención y con una duración máxima de una hora al día, salvo las personas en proceso del final de vida. Se favorece, eso sí, el contacto diario con familiares o amigos mediante llamadas, videollamadas o videoconferencias.

Las personas con permiso para acceder a la residencia deberán acudir con 15 minutos de antelación para realizar una evaluación de los síntomas compatibles con infección por el virus. La presencia exige desinfectar las manos y llevar mascarilla durante el tiempo de la visita que, preferiblemente, deberá ser en zona ajardinada o en una sala específica bien ventilada y con dispensadores de solución alcohólica.

Como requisitos, se exige también prestar especial atención al aforo y a la distancia de seguridad en las salas comunes y respetar la norma general para evitar contacto físico directo con el familiar. En los casos en que el residente esté encamado y en el proceso final de su vida, se garantiza la presencia de un familiar.

Los familiares tienen en todo momento garantizada la información y el asesoramiento sobre la situación general en la residencia y se dispondrá de una profesionald e referencia para cada residente.

También se limitan al máximo las salidas de los mayores fuera del recinto, tanto para la vida diaria como en vacaciones.

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