EL DIRECTOR GENERAL PARTICIPÓ EN SANTIAGO EN EL SEMINARIO INTERNACIONAL ‘MIGRACIÓNS E MEMORIA HISTÓRICA’

Miras demanda una ley de nacionalidad que sirva para cubrir las lagunas de la normativa actual

| 14 Junio 2013 - 14:23 h.
Ramón Villares y Miras Portugal, durante la intervención de este último en el seminario.
Ramón Villares y Miras Portugal, durante la intervención de este último en el seminario.

España es el único país, junto con Andorra y el Vaticano, que carece de una ley de nacionalidad que regule de un modo amplio los aspectos relacionados con la adquisición o pérdida de la condición de ciudadanía, y es por eso que precisa de una normativa con rango de ley que cubra las lagunas que presenta la normativa actual. Así lo apuntó el jueves de esta semana el director general de Migraciones, Aurelio Miras Portugal, durante el seminario internacional ‘Migracións e memoria histórica’, que reúne estos días en Santiago de Compostela a prestigiosos especialistas en cuestiones migratorias, entre los que figura Antonio Izquierdo, catedrático de Sociología de la Universidad de A Coruña.

“España no se merece no tener una ley de nacionalidad”, apuntó Miras en el acto inaugural de las jornadas, organizadas por el Consello da Cultura Galega, para evaluar las repercusiones migratorias, identitarias, jurídicas y políticas de la Ley de la Memoria Histórica, por la que se reconocen y amplían derechos de nacionalidad y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil Española o durante la dictadura.

La conferencia del director general versó sobre ‘Las instituciones y asociaciones de los españoles en el mundo’, con especial hincapié en las gallegas, por ser éstas las más numerosas y las que mejor conoce, después de una legislatura como conselleiro de Emigración del Gobierno gallego. Arropado por el presidente del Consello, Ramón Villares; por el secretario xeral de Emigración de la Xunta, Antonio Rodríguez Miranda, así como por otros conferenciantes convocados para la ocasión, Miras aseguró que “Galicia y España precisan de su emigración” porque  “la emigración creó un escenario global” y “los pueblos que se ponen en movimiento se prolongan; se adentran en aventuras apasionantes”, matizó.

El responsable de emigración del Gobierno central aludió al “carácter conciliador” del gallego, que “lejos de provocar conflictos”, mostró siempre un “espíritu constructivo”, alejado de “resentimientos”, lo que dice mucho de los valores que conforman la personalidad del emigrado: “ayuda mutua”, “apego a la familia” y “amor por la tierra”, dijo, y destacó su contribución, “con humildad”, a la construcción de nuevos países, en los que “supieron adaptarse”, así como al progreso del suyo propio, con el envío de “remesas” a sus familiares y también para “levantar escuelas” que servirían para proporcionar conocimientos a un pueblo atrasado, pero de “gente culta”, dijo. Prueba de ello es que “se preocuparon de culturizarse”, apostilló.

Miras Portugal repasó en parte la historia de la emigración española y gallega y su espíritu asociacionista, y recaló en países como Argentina, Cuba y Uruguay,  donde la presencia de españoles, y especialmente de gallegos, fue más intensa. Recordó el nacimiento de la primera orden de Hermandad de Gallegos, que se creó en 1768 en el sur de Argentina, a donde llegaron los vapores que iban cargados de gallegos y españoles para trabajar en la agricultura y la ganadería. También aludió a la emigración a Cuba, donde los gallegos, que se desplazaban con el billete pagado, trabajaban con contratos abusivos y en condiciones de esclavitud.

Por último, se refirió a Uruguay, país en el que se ubica el primer centro gallego, fundado en 1879 para cubrir las necesidades de tipo material y de asociación, para la ayuda sanitaria y la muerte. Así, mientras el ‘Centro Gallego de Montevideo’ se preocupaba de la “representatividad”, ‘Casa de Galicia’ “surge para tomar el espíritu primigenio” de ayudar “en lo cotidiano, en lo ordinario”, apuntó el director general, quien recalcó que las entidades en el exterior, sobre todo las gallegas, “constituyen las mejores embajadas” de representatividad.

 

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