EDITORIAL

Medallas

| 04 Abril 2019 - 15:04 h.

Galicia le debe a la emigración mucho más de lo que piensa y siente. Galicia está en permanente deuda con los que se fueron y lo estará mientras el recuerdo de lo vivido se deje notar en cualquier rincón de su geografía. Galicia llora dentro y llora fuera y sus lágrimas recorren los cinco continentes con llanto filial: dolor intenso, sereno, de añoranza. Galicia nunca se va de los que se alejan. Ni siquiera el tiempo consigue distanciar a los gallegos del exterior de la tierra que los vio nacer ni los que se quedaron los borran de su memoria. Como amor filial que es, es correspondido y para siempre, y no necesita medallas para ser recordado ni para perpetuarse.

Pero es el detalle que llega de sorpresa, el regalo que alegra el sentimiento el que pone en valor lo que se quiere resaltar: la contribución de los gallegos de la diáspora al desarrollo de la Galicia territorial y el reconocimiento hacia un colectivo que sufrió en carne propia el desarraigo de una tierra amorosa como pocas.

“La historia contemporánea de Galicia no se entiende sin la emigración, que dejó huellas en prácticamente todos los ámbitos: en la economía, en las artes plásticas y en las letras, en la educación o en tantos otros”, reza el acuerdo con el que la Mesa del Parlamento de Galicia quiere dejar constancia este sábado de su sincero reconocimiento a la emigración gallega, a toda la emigración gallega; a ese sinfín de paisanos nuestros que, más allá del dolor y la ‘morriña’, han sido capaces de despertar también en nosotros sentimientos de orgullo y satisfacción por lo que han sido capaces de lograr lejos de su patria con el transcurrir de los años. Suyos son los méritos.

En representación de todos ellos, serán 14 dirigentes de la colectividad (integrantes de la Comisión Delegada del Consello de Comunidades Galegas) los que recojan en el Parlamento de Galicia la Medalla que esta institución decidió concederles en memoria de su sacrificio y como señal de agradecimiento por su aportación de años. Una aportación que, en muchos casos, se ve ahora correspondida por la necesidad que despierta de las condiciones adversas de algunos de los tradicionalmente reconocidos como países de acogida. Nadie en Galicia reprocha esa ayuda, nadie cuestiona el auxilio, porque Galicia, siempre amorosa, llora la ausencia y socorre en la necesidad. Ese sentimiento es el que llevan en sus venas nuestros emigrantes, del que han dejado constancia durante años y por el que este sábado lucirán de postín en el más grande escenario de la política gallega.

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