LA EXISTENCIA DE UN FLUJO MIGRATORIO DE GALLEGOS DESDE MEDIADOS DEL SIGLO XIX

La masiva emigración impulsó la creación del Centro Gallego

| 18 Diciembre 2018 - 12:50 h.
La masiva emigración gallega a América permitió la creación de centros sociales.
La masiva emigración gallega a América permitió la creación de centros sociales.

“Promediaba el año 1879, y en aquel Montevideo aún aldeano, en los albores de la vida independiente del Uruguay”, un grupo de gallegos creaba un lugar, un verdadero espacio propio donde recordar, practicar, compartir y difundir sus más entrañables costumbres y tradiciones. Un lugar a través del cual mantener su identidad y desde el cual se hiciera más fácil la adaptación al nuevo medio. Más precisamente, el 30 de agosto de ese año se fundaba el Centro Gallego de Montevideo, la institución gallega más antigua del mundo, la cual a través de sus 120 años de trayectoria ha llevado a cabo un vasto programa cultural y social en el que se podrían incluir multiplicidad de cursos, conferencias, obras teatrales, exposiciones, romerías y festivales de danza clásica y folclórica.

Una institución que acompañó la historia de este joven país, cumpliendo por otra parte, desde el punto de vista cultural y social, un rol preponderante en la sociedad de principios del presente siglo. Asimismo, en la actualidad, cuando el colectivo español y en especial el gallego, ha ido evolucionando a través de la creación de múltiples centros, el Centro Gallego sigue teniendo una activa vida institucional, manteniéndose como uno de los símbolos de la Galicia inmigrante, pero acompañando también a los nuevos tiempos a través de propuestas cada vez más dinámicas y que incentivan a la participación de las nuevas generaciones.

El Centro Gallego nace a fines del siglo XIX, época de migraciones masivas, y ha ido recibiendo los distintos flujos de inmigración operados en el país hasta mediados de esta centuria. En cada época ha sido una combinación distinta de factores las que llevaron a los españoles y especialmente a los gallegos a emigrar a América y en especial al Río de la Plata.

Cabe decir que, tal como señala Alejandro Vázquez González en la revista de la Comisión Galega do Quinto Centenario (nº 4), existieron sobre mediados del siglo XIX, al igual que en todas las épocas, un conjunto de variables que actuaron como ”factores de empuje” (necesidad económica absoluta o relativa, bajo nivel de vida, problemas derivados de la llamada a filas, escasez de trabajo, baja movilidad social ascendente, etc.), que explican los elementos que llevaron a aquella sociedad a emigrar, y por otra parte y de forma simultánea, se dieron en las sociedades receptoras unos determinados “factores de atracción” que hicieron posible, en cada época, el asentamiento de inmigrantes en ellas.

La extensión del mercado capitalista, indica Alejandro Vázquez, creó más allá del Atlántico los factores de atracción de la mano de obra. Países con grandes recursos naturales que producían para el ámbito mundial, necesitaban imperiosamente incrementar su población, para lo cual se abrieron a la inmigración europea, favoreciendo y potenciando el desplazamiento de la población excedente europea.

La emigración gallega responde principalmente a un desplazamiento espacial de la mano de obra propiciado por el establecimiento de relaciones económicas y laborales entre áreas en creciente expansión capitalista y áreas precapitalistas. Por su parte, la llegada al Río de la Plata estuvo dada en gran medida por el desarrollo de Argentina y Uruguay como grandes productores de cereales y ganado, que se insertaba en el mercado mundial y requerían por tanto, abundante mano de obra.

La pequeña propiedad característica de la estructura agraria de Galicia y las cadenas emigratorias facilitaron la financiación propia de la emigración de la generalidad de los pequeños campesinos y artesanos gallegos. Entre 1850-1914 (“Gallegos”), se registran en su transcurso los mayores volúmenes de salidas con destino a algunos países de Latinoamérica: Cuba, Argentina y Uruguay. En Galicia comienzan a actuar los agentes de emigración oficiales y particulares de países americanos -‘ganchos’ en el lenguaje popular de la época- que someten al futuro emigrante a toda clase de engaños y abusos.

Desde la revista da Comisión Galega do Quinto Centenario (nº 7) se señala también que la evasión del servicio militar es la principal razón del adelanto a la adolescencia de una importante fracción de la emigración del XIX, para esquivar la entrada en edad militar, fijada por la ley en 17 años. Existe un paralelismo perfecto, señala Antonio Eiras Roel, haciendo referencia a los estudios realizados por Alejandro Vázquez, entre emigración temprana y número de prófugos.

Por parte del Estado español se reconoció el hecho emigratorio culminando con la Real Orden del 30 de enero de 1873, permitiendo la salida de emigrantes sin restricciones y la paulatina sanción de leyes de fomento de la inmigración por parte de casi todos los Estados latinoamericanos. Por su parte, el Río de la Plata es una de las tradicionales regiones de inmigración gallega en especial a partir del siglo XVIII.

Uruguay nace a la vida independiente en el año 1825 y jura su primera Constitución en julio de1830. Unos meses antes de este acontecimiento, tal como señala Manuel Suárez en su exposición ‘Los gallegos y el Tango’, “el General Rondeau como jefe provisional gubernativo envía un mensaje a la Asamblea General Constituyente pidiendo autorización para invertir 6.000 pesos en el fomento de la inmigración. En el año 1833 los registros policiales de Montevideo, en los que sólo se registraba a los varones, indicaban que habían desembarcado en el puerto, 130 españoles. En agosto de 1834 el ministro de Gobierno libra un Decreto mediante el cual el tesoro público destina una partida presupuestaria de 10.000 pesos para pasajes, alojamiento y comida de los inmigrantes que llegan (“en calidad de anticipo y bajo obligación de reembolso al Gobierno”)”.

El fomento de la inmigración de mediados del siglo XIX continúa con los cambios que anticipan una nueva era para el país hacia el fin de siglo. Precisamente, en el paso del siglo XIX al XX, Uruguay registra una serie de cambios, dados fundamentalmente por un proceso de modernización, industrialización, multiplicación del comercio y urbanización marcados. En esta época de cambios es cuando nace y vive una de sus etapas de mayor apogeo el Centro Gallego. Cabe decir que Montevideo experimentó un aumento en el número de habitantes por la influencia del éxodo desde el campo y de la inmigración exterior, pasando de 57.861 habitantes en 1860 a 309.231 en 1908.

Si bien la procedencia de los inmigrantes gallegos fue en su gran mayoría rural, la estructura minifundista de su medio de origen dificultó, según expresiones de Pilar Cagiao Vila, el que se adaptaran al tipo de agricultura extensiva que se practicaba mayoritariamente en el país. Ello sumado al gran desarrollo urbano que experimentaba la capital, y a la existencia de algún familiar o amigo ya radicado en la ciudad-puerto, hizo que el gallego se radicara en su mayoría en Montevideo (Pilar Cagiao Vila).

En su promoción social, el gallego ha de depender de los servicios urbanos y no de la actividad rural. Tal como indicara el antropólogo uruguayo Daniel D. Vidart: “El gallego inauguró nuevas escalas estimativas en un país de aristócratas venidos a menos, en una ciudad acompasada aún por las largas siestas del coloniaje. Contribuyó a formar el espíritu urbano merced a su extraño salto de la aldea europea al mostrador de América”.

“Llegaban conducidos por cadenas de parentesco de paisanaje, dice Antonio Eiras Roel, establecidas décadas antes.Trabajan como empleados en el pequeño comercio de “almacén” o de “barraca”-pensando siempre en llegar a “establecerse”, en la pequeña industria (panificación, vestido, fidelerías, camiserías), o en los servicios (“changadores” portuarios, transportes, porterías, pequeña hostelería de “boliches”, carnicerías, mozos de café, o servicio doméstico en el caso de las mujeres – Pilar Cagiao)”.

Por otra parte, la existencia de un flujo inmigratorio constante de gallegos desde mediados del siglo XIX, propició variadas iniciativas institucionales. Se crean así diversidad de centros que apuntaron a la satisfacción de variadas necesidades: representatividad étnica y social, recreación, asistencia médica, educación primaria y comercial, difusión de la cultura y tradiciones propias.

Las funciones de este asociacionismo inmigratorio fueron múltiples, aunque en algunos casos quedaran reducidas a una o dos, y estuvieron referidas a la representatividad, la asistencia, la defensa, la recreación, la educación, la incidencia en la sociedad de origen, la afirmación de identidad cultural y la difusión de valores e informaciones. A través de esta última convirtiendo el ámbito institucional en reproducción del “terruño ausente” y haciendo explícito el significado cultural de conductas y tradiciones mantenidas como peculiaridades diferenciadoras en la sociedad de arribada.

En el periodo 1880-1885 el número de inmigrantes gallegos en Uruguay ascendía a 7.092, una cifra que ascendió a 10.220 personas durante 1886-1890 y que descendió a 5.864 entre 1891-1895. Por último, entre 1896-1900 los gallegos afincados en Uruguay sumaban un total de 8. 590.

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