“LLEVÉ A BORGES A SANTIAGO DE COMPOSTELA PORQUE NO ÉL PODÍA MORIRSE SIN CONOCER ESE LUGAR”

María Esther Vázquez, una escritora argentina de raíces gallegas

| 18 de enero de 2013, 13:47
María Esther Vázquez, recibiendo la Medalla de la Hispanidad 2012, en el Centro Galicia de Buenos Aires.

María Esther Vázquez nació en Buenos Aires, en 1937, pero su padre y siete de sus ocho bisabuelos eran gallegos. A los 16 años ingresó en la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y en 1957 comenzó a trabajar en el Departamento de Extensión Cultural de la Biblioteca Nacional de la calle México, donde conoció al escritor Jorge Luis Borges, con quien entabló una amistad que le abrió las puertas al mundo, cuenta Vázquez.

Es autora de los libros de cuentos ‘Los nombres de la muerte’ y ‘Desde la niebla’, entre otros; de los ensayos ‘Introducción a la literatura inglesa’ y ‘Literaturas germánicas mediavales’, escritos en colaboración con Jorge Luis Borges; y las biografías ‘Victoria Ocampo’ y ‘Borges. Esplendor y derrota’. Participó en numerosos congresos internacionales de literatura y, en 1988, fue condecorada por la República Italiana con el grado de Caballero Oficial. Es columnista del diario ‘La Nación’ y colabora con otras publicaciones argentinas y extranjeras. En la actualidad dirige la Fundación Victoria Ocampo.

Recibió el Premio Konez, en 1987 y 2004; el Premio Comillas de la Editorial Tusquets en España, en 1995, y el Premio de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en 1997. Recientemente, fue galardonada con el premio Rosalía de Castro que entrega el PEN Club de Galicia. El acto, que tuvo lugar en el Pazo de Fonseca, en Santiago, fue presidido por el conselleiro de Educación, Jesús Vázquez; el rector de la Universidad de Santiago, Juan Casares Long; el presidente del PEN-Galicia, Luís González Tosar; y el alcalde de Santiago, Ángel Currás Fernández, entre otras autoridades.

También le homenajeó la Federación de Sociedades Españolas de Argentina con su Medalla de la Emigración 2012, en el marco de los festejos por el Día de la Hispanidad, que se realizaron en el campo de deportes del Centro Galicia de Buenos Aires. “Me asombró la cantidad de gente que había allí y la cantidad de premios soberbios que se dieron”, dijo a ‘Galicia en el Mundo’, rememorando aquella oportunidad, y añadió: “Creo que han exagerado dándome todos estos premios pero siempre es un aliciente, un premio te ayuda a vivir”.

En diálogo exclusivo con ‘Galicia en el Mundo’, la escritora recordó que cuando era chica en su casa se hablaba gallego. “Sobre todo mi padrino, que era un hombre muy viejo, muy instruido, que hizo una fortuna en la Argentina, pero que fue una excelentísima persona que ayudó a todo el mundo”, dijo, y añadió: “Me hablaba muchísimo de una Galicia mítica, casi te diría de una Galicia medieval”.

A ella nombres como el Monte de Lobeira o la Ría de Arousa, siempre le resultaron familiares.

Siendo todavía una niña, leyó a Álvaro Cunqueiro y a la magia de Merlín y familia y al Marqués de Bradomín, de don Ramón María del Valle Inclán, en quien encontró la definición de lo que para ella es la raíz de la galleguidad. “En la sonata de otoño –contó– hay un momento en el que el Marqués de Bradomín le pregunta a uno de los chicos que  trabaja en el paso si le va bien en su oficio –su oficio es enseñarle a silbar a los mirlos– y el chico contesta: al que es humilde en todas partes le va bien, algo que es para mí la raíz de la galleguidad”, matizó.

En esta dirección, Vázquez recordó que siendo muy joven conoció muchos gallegos que, como su padre, eligieron a la Argentina como nuevo hogar. “Muchísimos que eran personas muy humildes, que siempre hacían muy buena letra, que trabajaban muchísimo, que eran personas de noble corazón”, apuntó.

Todo eso, confiesa fue creando en ella una atmósfera mítica de Galicia, que enriqueció estudiando la historia de la Galicia feudal. “Siempre me resultaron muy interesantes los altercados que había entre la región portuguesa y Santiago de Compostela por llevar adelante la cristiandad”, apuntó por destacar algo de todo aquello que desde entonces y hasta ahora la deslumbra.

A los 22 años ganó una beca para estudiar en París, y le pidió a su madre que le pagara un pasaje a España. “Mi padre ya había muerto hacía bastante ya y yo entré a Galicia por Tui, cruzando el río Miño y recorrí toda Galicia. Cuando llegué al Obradoiro en Santiago de Compostela, donde había ido a la facultad mi padre y uno de mis abuelos –que tiene allí una gran placa que le resalta como gran educador– yo me sentí como en mi casa”. “Sentí –ahondó– que los ojos se me llenaban de lágrimas”.

Años después, regresó a Galicia durante un viaje por Europa que hizo con Jorge Luis Borges. “Lo llevé a Borges a Santiago de Compostela porque no él podía morirse sin conocer ese lugar”, dijo, y detalló que en esa oportunidad visitaron la casa de Ramón Piñeiro. “La discusión que tuvieron con Borges fue sobre unas inscripciones en griego y no estaban demasiado de acuerdo entre sí, imagínate dos eruditos monstruosos”, valoró.

La reconocida escritora argentina confiesa que Galicia fue de “gran peso” en su vida. “Yo tengo cinco libros de cuentos de raíz hispana, y me he dado cuenta que casi todos son gallegos”, apunta.

Finalmente, la escritora indicó que en su último viaje (en octubre de 2012) encontró a Galicia “divina”, “espléndida”. “Hay muchos escritores gallegos, hay muchos poetas, que además hacen como un culto de la poesía, lo cual comparado con el momento que vive la Argentina es admirable y al mismo tiempo estremecedor”, aseveró, y ahondó: “Verdaderamente me halagó mucho ver ese incentivo por las humanidades, que acá en la Argentina se ha perdido mucho”.

En Argentina, lamentó Vázquez, se privilegian las artes plásticas. “Todos los días se abre un museo, pero ya no hay ese fuego que hubo en la primera y segunda mitad del siglo XX que nos dio a un Borges, Mujica Lainez, Marechal, Alfonsina Storni, Silvina Bullrich, Marta Linch o una Beatriz Guido”. Finalmente, reflexionó que eso es algo que ocurre en todo el mundo. “Son como ondas, hay momentos en que todo cae, pero siempre todo vuelve a resurgir”, concluyó la escritora.

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