TRIBUNA ABIERTA DE MIGUEL ANGEL ALVELO CÉSPEDES

‘Eusebio Leal y Galicia’

| 01 Agosto 2020 - 13:12 h.
Eusebio Leal, en la Diputación de Pontevedra, en agosto de 1999. A su derecha, se encuentra la profesora de la Universidad de Santiago de Compostela Concha Fontenla.
Eusebio Leal, en la Diputación de Pontevedra, en agosto de 1999. A su derecha, se encuentra la profesora de la Universidad de Santiago de Compostela Concha Fontenla.

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¡Ay Eusebio! Dejas una huella inigualable, un listón bien alto muy difícil de alcanzar.

Sin lugar a dudas se ha marchado uno de los más lúcidos intelectuales cubanos, pero hoy, no seré la persona que escriba todo ese recorrido ya conocido y escrito por tantos. Hoy sólo pondré un granito de arena como buen cubano agradecido. Estoy seguro, mi querido Eusebio, que todos los cubanos escribirán una pequeña reseña en su corazón, por haber sido una persona que abriste tu visión desde tu pequeña oficina, sin miedo, sin complejos, porque estabas seguro de ti mismo y de tu labor que realizabas con amor.

La relación del Dr. Leal con Galicia se remonta a agosto del año 1999, año en el que, por primera vez, aterrizaba en el aeropuerto de Santiago de Compostela. Venía con una agenda apretada, entre otras citas, iba a tener un encuentro con empresarios en la capital gallega, donde haría una exposición sobre el trabajo que venían realizando en La Habana (recordemos que en el año 1981 La Habana es declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco) Durante su visita le acompañaba como anfitrión gallego, un viejo amigo, Víctor Moro.

Esta visita estaba coordinada por el presidente Manuel Fraga Iribarne, junto a Fernando Amarelo de Castro, este último uno de los fundadores de la Orden de la Vieira, la misma que nombraría al Dr. Eusebio Leal Spengler, Caballero de dicha orden. Le acompañarían destacadas figuras como el empresario mexicano-gallego Olegario Vázquez Raña, el político José Manuel Romay Beccaría y el actor Sancho Gracia. 

En su breve estancia en Galicia, tendría también un encuentro en la residencia del presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, en Perbes (A Coruña), el día 12 de agosto de 1999. Allí Fraga le hablaría de sus raíces cubanas, de Manatí (provincia de las Tunas), y hasta le mostraría su habitación donde conservaba la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, traída de la isla y que perteneció a su madre.

En esta visita a Galicia, sentarían también las bases para la colocación de un cruceiro conmemorativo en la ciudad de la Habana. 

Posteriormente, Manuel Fraga, en su visita a Cuba en el año 1998, le propone a Fidel Castro, junto al Dr. Eusebio Leal Spengler, definir el lugar exacto donde descansaría esta tipología religiosa gallega, y se acordó que sería en la Plaza San Francisco de Asís, porque, según el mismo explicaba, fue el lugar por donde los emigrantes gallegos, y españoles, transitaban al arribar a puerto.

Gracias al escultor Enrique Velasco y a la Escola de Canteiros de Poio (Pontevedra) se erigió tal monumento. 

El cruceiro incorpora imágenes de San Cristóbal y el apóstol Santiago, los patrones de la capital de Cuba, además de San Antonio, San Francisco, y la Inmaculada Concepción, patrona de la Catedral de la Habana.

En la base del cruceiro hay un recuerdo a la Catedral de Santiago de Cuba, de forma octogonal. Llama especialmente la atención el diseño de una de las caras, en la que aparecen cinco siluetas en relieve que el escultor quiso dibujar, rompiendo así el estilo realista del resto de la obra. Al parecer, las cinco siluetas del misterio pretenden representar a los promotores: Fidel Castro Ruz, Manuel Fraga Iribarne, Eusebio Leal Spengler, Fernando Amarelo de Castro y Enrique Velasco.

Hay que mencionar a los profesores y alumnos de la Escuela de Oficios Gaspar Melchor de Jovellanos, que fueron los que asentaron el cruceiro, sin pasar por alto la profesora de la Universidad de Santiago de Compostela Concha Fontenla, que impartió un curso monográfico sobre cruceiros.

Al acto de asentamiento e inauguración del cruceiro, asistieron el historiador de La Habana Vieja, Dr. Leal; el embajador de España en La Habana, Eduardo Junco Bonet; y Fernando Amarelo de Castro, secretario xeral de Emigración de la Xunta de Galicia. Fue en noviembre de 2000. 

Recuerdo con cariño que siempre que escribía al Dr. Leal tenía respuesta, su capacidad de trabajo era indestructible, siempre se lo dije ya con una amistad cimentada con el tiempo que se iniciaría con un correo que yo mismo le cursé, comentándole mi viaje desde Madrid a Cuba en diciembre de 2013 en la comitiva de acompañamiento al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. 

Le expliqué que llevaba varias emociones en la maleta, y una de ellas era conocerle, por mi admiración al trabajo titánico que llevaba a cabo al frente de la restauración de La Habana Vieja. 

Su respuesta en forma de pregunta fue inmediata ¿Hora de llegada?, sin rodeos. Envió un carro a recogerme en el aeropuerto de La Habana.

Con los nervios a flor de piel, después que el día cinco fuera el acto del presidente Feijóo en el antiguo Centro Gallego, hoy Gran Teatro Alicia Alonso, me desperté el día seis muy temprano para acudir en la Avenida del Puerto a la Oficina del Historiador, muy bien conservada, se respiraba paz, sosiego, buena energía. Fue a las 11:30 am, cuando nos abrazamos, parecía que nos conocíamos de años, recuerdo que me obsequió su libro ‘Hijo de mi tiempo’. 

Tantas cosas pudimos hablar, que me dijo: “Si necesitas la computadora para enviar un correo electrónico aquí tienes a tu disposición”. Encontré ante mí a un hombre modesto, me enseñó con naturalidad su despacho, del que recuerdo colgado un retrato de José Martí. Me habló de España, de Galicia y de su predilección por las calles compostelanas.

Quisiera hacer alusión a mi última conversación con Eusebio, en el 2019, cuando me llamó en su visita a Andalucía. Para ese entonces yo ya residía en Galicia, se lo dije y le llenó de alegría, tenía predilección por esta tierra, como antes ya indiqué. 

Querido Eusebio, sé, como hombre de Fe que soy y me consta que tú eras, nos reencontraremos en otra dimensión.

Cierras tu estancia en la tierra dejándonos valiosas enseñanzas y obras que permanecen en pie, como permanecerá siempre mi recuerdo hacia ti.

 

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