TRIBUNA ABIERTA DE DAVID CASAREJOS

El voto rogado es el comienzo del camino

| 1 de marzo de 2021, 12:22
Casarejos
David Casarejos.

La emigración, esa gran desconocida, aparece esta semana en los informativos, en la radio, en los periódicos.

…y los emigrantes tan contentos de ver que es la semana de la suerte y se acuerdan de todos nosotros por unos días, pero esta noticia llega tarde, muy tarde, y demasiadas elecciones en las que se han sacrificado cientos de miles de votos de españoles, no pudiendo afectar la dirección de gobiernos regionales o centrales.

Desde 2011, y por la acción del PSOE, PP, CIU y PNV, se nos cercenó la posibilidad de votar como lo habíamos hecho hasta entonces, y, así, la voluntad de más de 2 millones de personas se convirtió por la voluntad de unos cuantos políticos, reducidos a poco más de 100 mil votos.

La nueva situación nos devuelve el derecho de poder participar en la democracia e influir en las decisiones que afectan a todos los ciudadanos y sin ninguna duda debemos recuperar este derecho con más ganas que nunca haciendo saber que no se puede ningunear a la tercera provincia de España en número de habitantes, la provincia exterior.

El poder votar de nuevo es un avance que sería completo si aprendiéramos algo de cómo actúan Francia, Portugal e Italia con sus emigrantes, ofreciendo una circunscripción exterior que de verdad nos representara, ya que los actuales partidos no nos dan representación alguna en sus listas.

Y ante la negativa a ni siquiera contemplarlo como opción hay más planes que podrían forzar un reconocimiento como es debido, como podría ser la creación de un partido político que pudiera aglutinar el voto de los emigrantes. Quizás pudiera forzar la mano con un cambio masivo del registro de emigrantes a alguna delegación provincial electoral que pudiera ofrecer la posibilidad de sacar representación en nuestro Parlamento, y así tenernos en cuenta en las decisiones que nos afectan.

Todo cambio positivo es recibido con gran alegría aunque no olvidamos que en los dos últimos años no solo nos han seguido forzando a rogar el voto en varias elecciones autonómicas sino que a los ciudadanos en el exterior que estamos representados en un foro dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones llamado Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, nos han invisibilizado aún más con la negación a organizar los Plenos de 2019 (sin razón aparente) y 2020 (por la Covid).

Se ofrecieron opciones para organizarse de manera telemática pero aun así se prefirió que no se llevara a cabo y diga lo que diga la ley sobre la periodicidad anual de este evento en el que trabajamos propuestas y peticiones, se prefirió meternos en el congelador durante 2 largos años.

¿Se imaginan si a la provincia de Valencia, Sevilla o Bilbao se les dijera que no interesa escucharlos durante la mitad de una legislatura?

Pues esto nos sucede a la emigración, pero no hay ningún personaje público, ni futbolistas, ni político en el Congreso de los Diputados que haya cuestionado en sede parlamentaria que es lo que pasa con nosotros.

Pero hay más en esta historia.

Estamos en periodo de creación de Consejos de Residentes en todos los consulados del mundo con más de 1.200 ciudadanos españoles registrados en el CERA, y los emigrantes lo desconocen.

Elecciones a una institución reconocida y regulada por las leyes españolas pero que difícilmente se puede articular ante el desconocimiento masivo de la mayor parte de la diáspora por una falta de información y de interés por dar a conocer el trabajo voluntario que se hace desde las demarcaciones que tienen la suerte de poder contar con un Consejo de Residentes.

Menos del 10% de emigrantes conocen el cauce para llevar propuestas, quejas, y ayudar a los consulados a entender nuestras necesidades o escuchar nuestra voz institucional para sugerir cambios y mejoras.

Alemania ha sido la válvula de escape de muchos, que ha ayudado a mitigar el problema del paro en nuestro país ofreciendo un destino y lugar de trabajo para muchos de nuestros jóvenes, que en los últimos cuatro años no han sido escuchados en el foro de la emigración ya que no hubo representación de este país al no conseguir organizar ninguno de los Consejos de Residentes en ninguna de las seis demarcaciones.

No, ni Ferreras, ni Pepa Bueno, ni Carlos Alsina, ni Carlos Herrera, ni Javier del Pino, Manel Fuentes ni ningún ‘influencer’ habla de nosotros. No leerán nada de estas elecciones en la mayoría de los medios nacionales y ni siquiera el ente público de Radio Televisión Española, si, ese que es servicio público, gastará ni un minuto de telediario ni de radio para explicar que estamos emplazados a presentar listas hasta el 1 de abril y votar a mediados de mayo.

Tras la derogación del voto rogado tenemos más leyes en trámite que solicitamos se aprueben como es la proposición de ley de descendientes presentada por la senadora Sara Vilà Galan de En Comú Podem, y si esta ley no llega a ser discutida necesitamos una ley de memoria democrática lo más amplia posible.

Los españoles en el exterior esperamos que retirar el trámite del voto rogado nos ayude a poner el foco en algunos de nuestros problemas y los partidos políticos piensen en la cantidad de escaños que se pueden decantar de uno u otro lado según logren que los votantes en el exterior volvamos a interesarnos en las urnas que han estado tan inaccesibles y alejadas durante casi una década.

El miedo de algunas organizaciones políticas a retirar el voto rogado es fundado y es cierto que quizás no vaya a ayudar a algunos de estos partidos en su interés por incrementar los escaños, pero en una democracia del primer mundo no podemos permitir que se niegue la voz a millones de españoles que desde la distancia quieren seguir aportando, o quizás aportar por primera vez un granito de arena en el sistema político de su país.

 


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TRIBUNA ABIERTA DE DAVID CASAREJOS

El capitán Tom, los aplausos vacíos y la (des)información para ocultar la realidad 

| 5 de febrero de 2021, 14:38

Casarejos

David Casarejos.

Se nos ha muerto el Capitán Sir Tom Moore.

El veterano de la segunda Guerra Mundial, gran aliado para el gobierno de Boris Johnson durante la pandemia, ha muerto, y seguramente podría decirse que la fama sobrevenida, la utilización de su figura y la sobreexposición han sido los principales factores para que se contagiara de Covid y tras pocos días en el hospital haya fallecido.

Hay que aplaudir sin duda alguna su energía, sus ganas y sus incansables últimos meses en los que ha pasado a ser un héroe y un ejemplo de compromiso con la sociedad.

Sus paseos arriba y abajo por su jardín la primavera pasada contribuyeron a la recogida de 39 millones de libras esterlinas para hospitales y organizaciones que colaboran con el NHS. Y 39 millones son muchos para unos hospitales y un sistema sanitario que lleva demasiado tiempo en manos de gobiernos que han desinvertido en sector público para regalar contratitos a empresas amigas.

El efecto de las donaciones al NHS, siendo positivo, puede ser pernicioso si en las mentes privilegiadas de gran parte del electorado entra la idea de que es mejor la caridad y las limosnitas para el sector público en vez de unos impuestos y unos presupuestos acordes a las necesidades de un sistema sanitario del que dependen más de 65 millones de personas.

Los 39 millones de libras son como los aplausos a los sanitarios. Un reconocimiento baldío, inútil, y no lo que necesitan en realidad el sector de la sanidad en España o en Reino Unido.  Una donación no saca de pobre a los hospitales, y un aplauso no da seguridad laboral ni reconocimiento salarial al sector que nos mantiene vivos y nos cuida. Un aplauso cuando luego votas por recortar servicios sociales y sector público es una muestra de hipocresía. Una más.

Pero el legado del capitán Tom para el gobierno de Boris es mucho mayor que las donaciones recogidas, no nos engañemos.

Sir Tom fue sin duda alguna ese entretenimiento que llenó periódicos y horas de programas informativos, y que así no tenían que preocuparse de informarnos de lo que en realidad debería haber estado preocupándonos en Reino Unido.

Una hora del paseo por el jardín, era una hora menos de debatir el Brexit que se acercaba, o una hora menos para explicar lo que sucedía en la peor tragedia que hemos experimentado tras las 2 guerras mundiales.

La Covid crecía por aquel abril y mayo y la televisión británica nos mostraba con aspavientos y cámaras ocultas las habitaciones abarrotadas en hospitales de España o Italia…”. “Qué barbaridad” nos decían en los diferentes canales, mientras no nos ofrecían con el mismo ahínco los números nacionales de esa pandemia. Reino Unido actuaba como el que nos enfoca con el móvil cómo se quema la mesa del jardín del vecino, sin darse cuenta de que tras de ellos, su cocina y salita de estar se están también incendiando.

Dominic Cummings, el asesor maquiavélico del gobierno, se iba de excursión a 500 kilómetros de su casa, infectado por la Covid en pleno encierro de toda la población, y la televisión nos hablaba de nuevo de Tom y sus paseos.

Se superaba a Italia y a España en número de muertos, pues nos informaban de que Tom y su versión del himno del Liverpool y canción que hicieran popular Gerry and the Pacemakers, ‘You’ll never walk alone’, llegaba al número 1 en las listas musicales, y además conseguía el récord Guinness como “artista” con mayor edad en llegar a esa posición, por encima del tigre de Gales, Tom Jones que lo consiguió a los 68 años.

Que el Brexit estaba a la vuelta de la esquina y no se llegaba a firmar nada con la Unión Europea y no se cumplían objetivos ni plazos, pues nada, nos entretenían con Tom siendo nombrado caballero por la Reina de Inglaterra.

Su servicio a la patria no acabará aquí, no me cabe duda, y seguirá echando un capote a la gestión del gobierno conservador que en las últimas semanas no hacen más que entrar en un fregado tras otro.

Tras la crisis de las vacunas con la Unión Europea, seguimos descubriendo que el Brexit que nos vendieron no era lo que esperaban, con más sectores uniéndose a las quejas. Se sigue doblando o triplicando a países vecinos en muertos diarios, pero nos hablan de vacaciones veraniegas y de un verano feliz. Estamos en una crisis de la que no salimos, sin endurecer las medidas y tenemos a líderes políticos hablándonos de vuelta a la normalidad.

Esta semana el fallecimiento de Tom Moore ha ayudado a no hablar de otros problemas. No es culpa de Tom Moore, sin duda alguna, que eligieran hablar de él en vez de las urgencias reales del país, y sí hay que apuntar a los medios que lo han utilizado para ocultarnos la realidad.

El capitán Tom era un señor entrañable y que no olvidaremos, pero a mí me queda la duda de si hubiera sido mejor que no le hubiéramos conocido tanto y hubiera vivido unos cuantos años más sin tener que utilizarlo como si fuera un elemento de circo, al que se le hacía pasear por el jardín, invitando a decenas de reporteros y haciéndole estar en contacto con la cantidad de gente que invitaron a reunirse con un señor de más de 100 años… aunque seguramente, dado su carácter afable, él lo hizo encantado.

Su esfuerzo no ha sido en vano y se le va a reconocer como se ha de reconocer el trabajo por la comunidad y el altruismo, pero me queda la duda de si los medios que trataban de esconder el desastre de país en el que Reino Unido se ha estado convirtiendo en los últimos meses, tapando miserias, errores del gobierno, y la incompetencia de quien gobierna, hicieron un uso quizás exagerado e interesado de los que fueron los últimos pasos de un anciano. ¿Pan y circo?

  

David Casarejos Moya

Presidente del Consejo de Residentes Españoles del norte del Reino Unido, representante por este país en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.

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