13/jul/2026
Llegar a los sesenta y cuatro años es alcanzar un mirador sereno desde el cual se contempla el paisaje vivido sin el vértigo de las primeras cumbres. Me presento a esta nueva vuelta al sol con la misma curiosidad que me ha guiado siempre, aprudentado pero jamás claudicante, entendiendo que el calendario no es más que un inventario de asombros y que cada jornada sigue despuntando con sus afanes intactos. Me modero, o al menos lo intento, ante una realidad confusa, consumista, globalizada, y procuro que mis pretensiones sean abarcables, comprensibles, próximas, asumibles. El tiempo, ese escultor incansable, nos va cincelando el alma con la precisión de un artesano, despojándonos de lo superfluo para dejarnos en la esencia.