Opinión

Consalvi y el exilio gallego

Xurxo Martiz | 14 de octubre de 2013

Hace pocos meses falleció Simón Alberto Consalvi Bottaro. Su larga hoja de vida con el Estado venezolano iba desde embajador en la Yugoslavia de Tito hasta ministro de Relaciones Exteriores, pasando por embajador en Washington DC, etc.
Tuve oportunidad de conocerlo y tratarlo debido a su especial relación con el exiliado ourensano Alberto Fernández Mezquita (pareja de la pintora surrealista gallega Maruja Mallo –pseudónimo de Ana María Gómez González– antes de la guerra civil) y la protección que concedió a decenas de exiliados republicanos en Venezuela.
Desde la dirección de la revista ‘Momento’, Consalvi Bottaro protegió, dando trabajo a correctores, diagramadores y periodistas exiliados, principalmente catalanes, gallegos y vascos. Fue el propio Simón Alberto Consalvi quien tapó a los exiliados vascos cuando la casamata de La Guaira desde la que emitían clandestinamente (bajo el nombre de ‘Radio Txalupa’) fue descubierta por la Guardia Nacional (GN). Él se encargó de poner un cartel semioficial para que la Guardia Nacional no siguiese molestando.
Pero tal vez la historia más interesante de Consalvi Bottaro con el exilio gallego fue la que tuvo con Fernández Mezquita, a quien llevó como secretario de la Embajada de Venezuela en Belgrado cuando fue nombrado embajador en 1959 hasta bien entrados los años sesenta.
Alberto Fernández Mezquita, que había sido el primer detenido por los militares durante el golpe al presidente Rómulo Gallegos Freire en 1948, también tuvo que exiliarse en Cuba, lugar en el que conocería a Simón Alberto Consalvi y del cual sólo los separaría la muerte.
Aunque nos distanciaba un abismo político en la actualidad, no quiero dejar de recordar a este hombre bueno y solidario, culto y sencillo. Su visión de Venezuela tal vez estaba muy anclada en los anaqueles de los libros de su extensa biblioteca, pero no puedo sentir más que admiración y respeto por Simón Alberto Consalvi Bottaro, quien en vida dio la mano a muchos que hoy duermen el sueño del olvido.

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