Opinión

La libertad y la sabiduría de la mujer anciana

He ahí a Rita Levi Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986, quien nació en Italia en 1909 y tiene poco más de 100 años. “Estoy estupenda, oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando hoy mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve –nos confiesa–. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído mi capacidad de pensar ni de vivir”.
La libertad y la sabiduría de la mujer anciana
He ahí a Rita Levi Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986, quien nació en Italia en 1909 y tiene poco más de 100 años. “Estoy estupenda, oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando hoy mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve –nos confiesa–. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído mi capacidad de pensar ni de vivir”. Remembramos sus investigaciones y descubrimientos en el sector de la Genética, los cuales fueron de los más sobresalientes del pasado siglo XX. “El secreto reside en mantener activo el cerebro, si no están presentes patologías particulares –agrega–. La vejez debe ser proyecto de futuro, entrar en el programa de la propia vida desde la juventud, en previsión del mañana”.
La española Margarita Salas, nacida en 1938, comenzó a ser investigadora en 1961 y continúa siéndolo. Cincuenta años después es profesora “ad honorem” en el Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa”, donde trabaja. “Lo importante”, señala, “no es tener arrugas en la cara sino en el cerebro”. Georgia O’Keeffe, norteamericana e hija de colonos irlandeses y húngaros, nació en Wisconsin en 1887. En su infancia y juventud estuvo arropada por mujeres fuertes que le enseñaron con ejemplo que las mujeres son personas eficaces y capaces; y que, como solteras o casadas, pueden llevar una vida gozosa y satisfactoria. Fue amiga de Frida Kahlo en la época en que la artista mexicana vivió en Nueva York. Las pinturas de Georgia –admiradora de Goya y Picasso– se hizo célebre por su flores cálidas y sensuales al igual que por sus paisajes desérticos y atmósferas entrevistas con la mirada de un pájaro en libertad. Con la ayuda de su amigo y compañero Juan Hamilton –por entonces completamente ciega– experimentó con la escultura y la cerámica. A sus 88 años recibió la Medalla Presidencial de la Libertad y a los 97 la Medalla Nacional de las Artes.
“El tiempo y los problemas amansarán a una joven avanzada, pero ninguna fuerza terrenal podrá controlar a una anciana avanzada”, afirmó Dorothy L. Sayers, la escritora británica de novela policíaca. Evoquemos ahora a Käthe Kollwitz, quien nació en 1867 y falleció en 1945, una de las artistas más señaladas del “realismo crítico”: denunciadora de guerras y pobrezas. Durante su ancianidad anotó en su diario que los lazos de lo obligatorio se aflojaban: “Para el último tercio de la vida queda el trabajo. Sólo eso resulta siempre estimulante, rejuvenecedor, excitante y satisfactorio”.
“A Alice Neel, nacida en EE.UU. en 1900 y fallecida en 1984, la conocimos a través de la ‘Agenda de las Mujeres Pintoras’ del año 1999. Su biografía la ilustramos como hoy, con el autorretrato que pintó cuando tenía 80 años. No oculta nada, ni disfraza sus arrugas, su mano sujeta el pincel para indicarnos qué pasión primera continúa en ella. Los dedos de su pie, bailones, tamborilean sobre el suelo. Y nos mira de frente, a los ojos, retadora y firme”, escribe Elena Lasheras Pérez en La Agenda de las Mujeres. Viejas y libres del año 2012, Editorial “horas y Horas”, San Cristóbal, 17, Madrid, 2011. Alice vivió en el Harlem latino y retrató a la gentes de su barrio y a sus amistades en cuadros de vívida expresividad. Sus retratos reflejan la fragilidad y las miserias del ser humano.

La libertad y la sabiduría de la mujer anciana