Opinión

Erectus

| 02 de noviembre de 2009
Hace unos 60 años, Alfred Kinsey publicó su célebre informe sobre la conducta sexual, que acabaría revolucionando la idea misma de la sexualidad tras desvelar que muchos aspectos considerados entonces casi aberrantes eran moneda de uso común en la intimidad pero nadie lo decía. La gente, torturada por la incomunicación sobre estos temas tan censurados por la religión, se tenía por degenerada hasta que descubrió su normalidad. Esto es un reflejo de la hipocresía en la que vivimos, con unos códigos para el público y otros de espaldas a él. Lo grave de todo esto, en mi opinión, es observar que el silencio y la falta de naturalidad hacen un daño terrible. Hace sólo unos días se hizo público en España un exhaustivo estudio sobre la disfunción eréctil, y revela que seis de cada diez hombres tienen –tenemos– algún tipo de problema de esta índole. “Habelos haylos”, dicen en Galicia de las meigas que nadie ha visto. Con este alucinante dato de disfunción eréctil en los hombres sucede lo mismo. Lo asombroso es que tengo muchos y buenos amigos y todos ejercen, a su modo, de machotes insaciables e imparables de eternas erecciones y, sin embargo, algunos de ellos nos tienen que estar mintiendo, a nosotros y sobre todo a sí mismos. Esto pone de manifiesto que no sólo son las mujeres las que están sometidas a una gran presión social para mantener un estereotipo irreal de ‘lo femenino’; también los varones se sienten empujados a disfrazarse de ‘lo masculino’ aun a riesgo de que al final no los conozca ni su madre.
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