“Establecerme en Suiza me ha ofrecido más ventajas que desventajas”, confiesa

Estefanía González Suárez, la carballesa que se dio una segunda oportunidad en Suiza

La bergantiñana Estefanía González Suárez nació hace 32 años en Menziken (Suiza) en el seno de una familia de emigrantes que regresaron a Galicia cuando ella contaba con 6 meses de edad. Allí residió hasta los 22 años, donde estudió un ciclo medio de auxiliar de farmacia y, aunque nunca ejerció como técnico, sí sabe lo que es trabajar 18 horas semanales en la cadena textil H&M en A Coruña y llegar muy justa a final de mes.

Estefanía González Suárez, la carballesa que se dio una segunda oportunidad en Suiza
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Estefanía González, en el puente de Brooklyn.

“Lo que ganaba, prácticamente, era para poder subsistir y la idea de conseguir algo mejor empezó a dar vueltas en mi cabeza. No me gusta vivir pensando si voy a llegar a final de mes con soltura económica. Por otro lado, me gusta mucho viajar y en España, económicamente, era un sueño difícil de conseguir”, recordó.

Así, en febrero de 2012 decidió embarcarse en una nueva aventura en busca de un bienestar social, laboral y económico más saludable y seguro. Suiza, el país que la vio nacer, fue el lugar escogido. Isabel, su tía, le abrió las puertas de su casa en la localidad de Gonteschwill. Con ella residió hasta que obtuvo el permiso de residencia, que le permitió alquilar un apartamento cerca del trabajo. Durante sus primeros 6 años en Menziken, la joven carballesa estuvo trabajando en la limpieza en el hospital del lugar ASANA.

“Llegué en febrero y en mayo, tras no encontrar trabajo, decidí volver a Galicia. En Ginebra tenía un primo y me compré el billete para regresar a Galicia desde allí y, aprovechando mi paso por Suiza, visitarlo y conocer la ciudad. Era un viernes. Hablé con mi tía y bajé la maleta para comenzar a empaquetar mis cosas. Llevaba un par de jerseys guardados cuando sonó el teléfono al que respondió mi tía. Me dijo que deshiciese la maleta que tenía trabajo y que el lunes tenía que presentarme. Por un lado, me alegré mucho, pero, por otro, ya me veía con un pie “na terriña”. Los gallegos somos morriñentos”, añadió.

La maleta subió de nuevo al desván y, a partir de ese mismo lunes de mayo de 2012, Estefanía comenzó una nueva etapa de su vida marcada por los sueños.

“La primera semana fue muy dura. Desde la casa de mi tía al hospital había un trayecto corto pero muy empinado que realizaba con la bicicleta de tres marchas de mis primos. Las cuestas eran duras, el horario partido, el idioma dificilísimo, trabajar al 100%, que no estaba acostumbrada, era otro inconveniente, al igual que andar en bicicleta”.

Todos estos factores, además del cansancio acumulado durante toda la semana desanimaron a la joven gallega que regresó a casa de su tía un viernes al finalizar su jornada de trabajo, tiró la mochila en la entrada y reventó a llorar. La impotencia, el agotamiento, los cambios, todo le pasó factura hasta el punto de querer tirar la toalla y volverse a España.

“Mi tía tenía las maletas preparadas en el recibidor para salir de vacaciones a París con sus amigas y yo, soltándole mi drama”, explicó con nostalgia y una tímida sonrisa.

Diez años han pasado ya desde ese anecdótico día en el que Estefanía decidió brindarse una segunda oportunidad en el país helvético. Reconoce haber pasado duros momentos y con alguna que otra llorera en un país donde el idioma y la comunicación es la primera gran barrera a la que hay que enfrentarse. No ha sido fácil alejarse con 22 años de la familia, de los amigos, de su estado de confort en Galicia y enfrentarse a una vida distinta en otro lugar, otra cultura, otra lengua… Hoy por hoy, la carballesa se siente feliz por la decisión tomada, se fue haciendo con el idioma, se emancipó y, aunque no ha viajado todo lo que quería todavía, sí lo ha hecho mucho.

“Al vivir sola me he dado cuenta de que este país me estaba ofreciendo una serie de cosas que en España no podía conseguir o, por lo menos, a corto plazo. Establecerme en Suiza me ha ofrecido más ventajas que desventajas. Por otro lado, tengo que reconocer que desde que me encontré más estable, más afloró la morriña y las ganas de volver a Galicia, pero, por otro lado, el sentido común y un golpe de realidad me volvió a recordar que había tomado la mejor decisión”.

Estefanía González echa de menos a la familia, a los amigos, la comida e incluso algo que no practicaba mucho mientras vivía en Galicia, la playa. En el exterior ha aprendido a apreciar y valorar todas estas cosas a las que, por la distancia, no tiene acceso, pero también ha descubierto un sentimiento nuevo y fuerte arraigado a su identidad. Se siente orgullosa de ser de Carballo y de expandirlo a los cuatro vientos.

“Cuando vivía en Carballo no me gustaba nada, sin embargo, desde que vivo en Suiza me siento tan feliz de ser carballesa que es un sentimiento que necesito gritar a voces”.

En el año 2014 se fue de vacaciones a Galicia y conoció al amor de su vida, su pareja y compañero de viajes, José Luís Longueira Barbeito. Fue, sin duda, amor a primera vista. Una relación telefónica y a distancia hasta el año 2015 en el que Luis lo dejó todo por su amor en Suiza; su trabajo fijo, su familia, sus amigos, su vida hasta ese momento y sus tesoros más preciados, su ahijado en camino y un sobrino.

“Me ofrecí a dejarlo todo y regresar yo, pero él fue el que me dijo que todo el esfuerzo y por lo que había pasado merecía su sacrificio. En caso de que no funcionara, él siempre podía volver a casa y yo, sin embargo, tendría que empezar de nuevo”.

Recientemente, Estefanía y Luis se han comprado una pequeña casa en Carballo que están arreglando con cariño, esmero y esfuerzo. Los dos tienen la intención de regresar en algún momento a Galicia. Luis, desde su llegada a Suiza en 2015, mantiene la ilusión de hacerlo después de 10 años. Estefanía, sin embargo, prefiere hacerlo cuando tenga hijos y estén en edad escolar. No está segura de querer que su familia crezca en el país helvético, lejos de la figura de los abuelos y de la familia.

“Siempre me planteo retornar cuando tenga familia. Estamos ilusionados con nuestra casa en Carballo. Quiero regresar con una vivienda digna y sin gastos de hipoteca o de un alquiler”.

Esta joven bergantiñana lleva tres años trabajando en la fábrica de metales H.R.Mauer Werkzeugbau AG de Leimbach, especializada en producir piezas para aviones y hospitales. Se encuentra en el último eslabón de la cadena, en el control de calidad. Revisan las piezas que llegan de producción para darles continuidad o no a su destino final. Una mirada dulce y una sonrisa tímida, pero cercana, es la imagen perfecta que esta orgullosa carballesa de 32 años transmite desde su residencia en la localidad suiza de Menziken, donde seguirá dando lo mejor de sí para alcanzar sus sueños junto a Luis, su maravilloso compañero de viajes.

Estefanía González Suárez, la carballesa que se dio una segunda oportunidad en Suiza