DIRIGIÓ EMIGRACIÓN EN LAS TRES PRIMERAS LEGISLATURAS DEL GOBIERNO DE FRAGA
Amarelo de Castro: “Fraga fue un modelo en trabajo, dedicación, austeridad y honestidad”
Los gallegos en el exterior fueron motivo de preocupación constante para Manuel Fraga durante los años que permaneció al frente de la Xunta y así lo pudo constatar Fernando Amarelo de Castro, quien ocupó el cargo de secretario xeral para as Ralacións coas Comunidades Galegas en las tres primeras legislaturas de su mandato.
Los gallegos en el exterior fueron motivo de preocupación constante para Manuel Fraga durante los años que permaneció al frente de la Xunta y así lo pudo constatar Fernando Amarelo de Castro, quien ocupó el cargo de secretario xeral para as Ralacións coas Comunidades Galegas en las tres primeras legislaturas de su mandato. Natural, como él, de la Terra Cha –tierra de emigrantes a Cuba–, Amarelo recuerda a Fraga como “un gobernante de primera magnitud, con gran capacidad de liderazgo y dotes de estadista”, a quien los años vividos en la emigración marcarían para siempre.
“Yo estuve con toda aquella gente donde él tenía un nombre y donde dejó un sello importante”, comenta, sobre los años de Fraga en Manatí (Cuba), donde vivió de niño con sus padres.
Fraga y Amarelo de Castro se conocieron siendo jóvenes, cuando el político gallego recientemente fallecido era director del Instituto de Estudios Políticos, pero no sería hasta su etapa como presidente de la Xunta cuando comenzó la “plena colaboración” entre ambos en política de emigración.
“Fue una etapa de mucha actividad, guiada por esa vocación que él tenía, porque había sido emigrante” y se sentía “muy identificado con Hispanoamérica”. También porque, “cuando era secretario general del Instituto de Cultural Hispánica, se dedicó a recorrer toda Hispanoamérica”, recuerda Amarelo.
El interés de Fraga por la emigración era tal que cuando le llamó para ocuparse del departamento de emigración de la Xunta le comentó que no se podía empezar la labor en el exterior sin pisar Cuba y Argentina, y, en Europa, Suiza.
Su idea, recuerda Amarelo, era partir de la base de un tratamiento igualitario para los residentes en el exterior. “No debían existir diferencias. Había que integrar a la gente que llevaba años fuera”. Porque, para él, “más que emigrantes, eran residentes en el exterior y eso llevaba consigo un trato similar en todo: ayudas, cultura, idioma…”.
De sus emociones con la diáspora también fue testigo Amarelo. “Se emocionaba con los temas de la emigración”, asegura, y alude al viaje a Cuba en el que visitaron el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre. “Le pidieron que dijera unas palabras y él se las dedicó a su madre. Fue tremendamente emocionante”, recuerda.
Amarelo recuerda a Fraga y asegura que “en la intimidad” era un hombre de “carácter afable”. Es por eso que su muerte “la sentí, y me emocioné en la despedida”, revela, y asegura: “Se nos ha muerto un hombre que representa muchísimo para Galicia y para España. No sólo por lo que hizo con el turismo, sino por su participación en la configuración de una forma de gobernar a través de la Constitución”.
Su admiración por Fraga como político, pero también como persona, le lleva a confesar: “Yo aprendí mucho de él. Aprendí de un hombre que era un superdotado, y todo lo que se pueda decir de él, es poco”, porque Fraga ha sido “un modelo en trabajo, dedicación, austeridad, honestidad…”, puntualiza Amarelo.
El que fuera secretario xeral para as Relacións coas Comunidades Galegas durante doce años desmitifica la figura del Fraga intransigente y asegura que se exagera al afirmar que cargaba de obligaciones a sus colaboradores. “Nos marcaba trabajo, comentaba sus ideas, pero nos daba plena libertad para ejecutar la labor. Luego hacía el seguimiento, pero no se producía ese atosigamiento que se le ha atribuido”, comenta Amarelo, para quien Fraga ha sabido proyectar en el exterior “una imagen nueva de Galicia”. Tanto es así que en otras autonomías “admiraban las políticas que promovía y el prestigio que su nombre daba a los gallegos y a Galicia”.
“Yo estuve con toda aquella gente donde él tenía un nombre y donde dejó un sello importante”, comenta, sobre los años de Fraga en Manatí (Cuba), donde vivió de niño con sus padres.
Fraga y Amarelo de Castro se conocieron siendo jóvenes, cuando el político gallego recientemente fallecido era director del Instituto de Estudios Políticos, pero no sería hasta su etapa como presidente de la Xunta cuando comenzó la “plena colaboración” entre ambos en política de emigración.
“Fue una etapa de mucha actividad, guiada por esa vocación que él tenía, porque había sido emigrante” y se sentía “muy identificado con Hispanoamérica”. También porque, “cuando era secretario general del Instituto de Cultural Hispánica, se dedicó a recorrer toda Hispanoamérica”, recuerda Amarelo.
El interés de Fraga por la emigración era tal que cuando le llamó para ocuparse del departamento de emigración de la Xunta le comentó que no se podía empezar la labor en el exterior sin pisar Cuba y Argentina, y, en Europa, Suiza.
Su idea, recuerda Amarelo, era partir de la base de un tratamiento igualitario para los residentes en el exterior. “No debían existir diferencias. Había que integrar a la gente que llevaba años fuera”. Porque, para él, “más que emigrantes, eran residentes en el exterior y eso llevaba consigo un trato similar en todo: ayudas, cultura, idioma…”.
De sus emociones con la diáspora también fue testigo Amarelo. “Se emocionaba con los temas de la emigración”, asegura, y alude al viaje a Cuba en el que visitaron el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre. “Le pidieron que dijera unas palabras y él se las dedicó a su madre. Fue tremendamente emocionante”, recuerda.
Amarelo recuerda a Fraga y asegura que “en la intimidad” era un hombre de “carácter afable”. Es por eso que su muerte “la sentí, y me emocioné en la despedida”, revela, y asegura: “Se nos ha muerto un hombre que representa muchísimo para Galicia y para España. No sólo por lo que hizo con el turismo, sino por su participación en la configuración de una forma de gobernar a través de la Constitución”.
Su admiración por Fraga como político, pero también como persona, le lleva a confesar: “Yo aprendí mucho de él. Aprendí de un hombre que era un superdotado, y todo lo que se pueda decir de él, es poco”, porque Fraga ha sido “un modelo en trabajo, dedicación, austeridad, honestidad…”, puntualiza Amarelo.
El que fuera secretario xeral para as Relacións coas Comunidades Galegas durante doce años desmitifica la figura del Fraga intransigente y asegura que se exagera al afirmar que cargaba de obligaciones a sus colaboradores. “Nos marcaba trabajo, comentaba sus ideas, pero nos daba plena libertad para ejecutar la labor. Luego hacía el seguimiento, pero no se producía ese atosigamiento que se le ha atribuido”, comenta Amarelo, para quien Fraga ha sabido proyectar en el exterior “una imagen nueva de Galicia”. Tanto es así que en otras autonomías “admiraban las políticas que promovía y el prestigio que su nombre daba a los gallegos y a Galicia”.