MOSTRÓ “LOS ROSTROS DE LAS VÍCTIMAS Y LOS VERDUGOS” DEL INFIERNO NAZI, DIJO HIDALGO

Homenaje en París al fotógrafo español Francesc Boix, testigo crucial de la barbarie nazi en Mauthausen

| 23 de junio de 2017, 12:16

Sesenta y seis años después de su muerte, los restos del fotógrafo español Francesc Boix, testigo crucial de la barbarie del campo nazi de Mauthausen, fueron trasladados el pasado viernes 16 al célebre cementerio parisino de Père Lachaise, a modo de homenaje póstumo.

Boix estaba enterrado en un camposanto del extrarradio de la capital francesa y fueron necesarios largos años para posibilitar este traslado, que se hizo al fin en un solemne acto en el que ondearon banderas republicanas españolas y en el que participó la alcaldesa de París, Anne Hidalgo; el alcalde de Barcelona en funciones, Gerardo Pisarello; y la sobrina del fotógrafo, Anna María Salomo.

Anne Hidalgo, hija de republicanos españoles, inscribió este homenaje en los esfuerzos de París porque “se reconozca la historia” de estos militantes que huyeron del franquismo y su contribución en la liberación de la capital francesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Francesc Boix nació en Barcelona en 1920, en el seno de una familia de republicanos. A los 16 años se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas y desde los primeros días de la guerra civil participó en los combates, en el frente aragonés. Se exilió en Francia y en 1940 fue capturado por los nazis y, considerado un preso político, fue deportado al campo de concentración de Mauthausen, en Austria.

Destinado al servicio de identificación del campo, Boix sustrajo y escondió 2.000 negativos que permitieron luego enjuiciar a los nazis en los procesos de Nuremberg y del tribunal militar de Dachau, adonde fue llamado como testigo.

Boix mostró “los rostros de las víctimas y los verdugos” del infierno nazi, afirmó Hidalgo en un discurso parcialmente en español.

En 1945 salió con vida junto a otros 2.000 republicanos españoles del campo de concentración, de los 7.000 que habían ingresado. Regresó a Francia, aunque nunca obtuvo la nacionalidad francesa, y trabajó como fotógrafo de prensa en publicaciones comunistas como el diario ‘Humanité’.

Con solo 31 años, falleció debido a una tuberculosis contraída durante su deportación.

Boix no era una figura pública, “su importancia histórica se debe a su actitud que adoptó frente a la barbarie”, dijo por su parte el alcalde en funciones de Barcelona.

“Barcelona y París se dan la mano para recordar a un ciudadano que nos hace ser mejores (…) y se comprometen a mantener la memoria viva para las próximas generaciones”, añadió Pisarello, que reemplazó a la alcaldesa Ada Colau, de baja por maternidad.

“Vivimos en una época diferente de la de Boix, pero observamos con preocupación cómo la intolerancia y las desigualdades ganan terreno en Europa. Tenemos que trabajar juntos para construir ciudades solidarias, espacios de esperanza, sin miedo”, concluyó.

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