Dice con orgullo que sus padres “hicieron mucho por los emigrados” en La Habana

Alejandro Pérez Rodríguez: “La diplomacia y la política son dos pasiones profesionales que siempre he tenido y tengo”

‘Crónicas de la emigración’ entrevista en esta ocasión a Alejandro Pérez Rodríguez, un hombre relacionado desde su nacimiento con el mundo diplomático español. Yo diría que nació en el Consulado General de España en La Habana, por eso hoy está aquí en mi sección diplomática.  
Alejandro Pérez Rodríguez: “La diplomacia y la política son dos pasiones profesionales que siempre he tenido y tengo”

Pregunta. ¿Cuéntenos sobre sus raíces españolas?

Respuesta. Miguel Ángel, quiero comenzar agradeciendo tu interés, tu tiempo y, sobre todas las cosas, comenzar reconociendo el trabajo que realizas casi como historiador de la diplomacia y la emigración española.

Mis raíces españolas provienen casi en su totalidad del norte de España, una pequeña parte de León, por mi abuelo, y todos los demás concretamente de A Estrada y el Concello de Padrón, hogar de Rosalía de Castro, gallega universal.  

P. ¿Cómo recuerda el Consulado de España en La Habana?

R. Mis recuerdos comienzan en el anterior edificio que ocupaba la Embajada y Consulado en la esquina de Oficios y Acosta frente a la Alameda de Paula, hasta que posteriormente, en 1984, viene la mudanza al Palacio Velasco-Sarrá del que conservo innumerables recuerdos de niño. 

Te parecía muy interesante en nuestras conversaciones el porqué te decía que recordaba este palacio cuando era aún una bella casona, oscura pero llena de anécdotas. Te cuento. 

Mi padre había trabajado varios años como administrador de la casa y asistente de don Álvaro González Gordon, jerezano de pura cepa y su esposa, María Teresa Velasco-Sarrá, conocida por todos como doña Nena. 

Haciendo un poco de historia, don Álvaro había llegado a la isla en los años 20 desde su Jerez natal intentando fortalecer los negocios de González Byass, del que era uno de los dueños y director. Creo que cualquiera sabe lo que es una copa de Tío Pepe. 

Don Álvaro se casó por los años 30 con Nena y llegó a ser incluso agregado de la Embajada de España, años en que mi padre ya trabajaba junto a él. 

Finalmente, con las complicaciones de la época el matrimonio emigró a España, a su finca Zum Zum. En el Palacio quedaban viviendo Margarita Doblado, también jerezana y ama de llaves de doña Nena y su esposo, Serafín, que era mayordomo. Entre historias y anécdotas de las fiestas y eventos en ‘Cárcel 51’ por años, recuerdo las visitas, a veces semanales de mis padres para llevar alimentos y la bolsa de la compra a este entrañable matrimonio. Margarita, alta, nariz muy fina, de ojos claros y muy canosa, y Serafín (creo que era gallego) más bajo que ella, más moreno, ambos extremadamente cariñosos con mis padres y conmigo. Esto me posibilitó conocer los salones y cada piso del Palacio que hoy es sede de la Embajada de España en La Habana.

P. Pude conocer a su padre, Celestino Pérez, oficial de la sección notarial del Consulado General de España en La Habana, recuerdo que le conocí estando como cónsul general mi buen amigo Eduardo de Quesada. ¿Cómo recuerda a su padre?

R. Mi padre, siempre con su sonrisa y buen trato. Era realmente serio y muy estricto, pero hacía amigos con facilidad precisamente por su forma, sus deseos de ayudar desinteresadamente, cosa que tanto se pone en falta en la actualidad. 

Mi padre fue como una institución en la Notaría del Consulado. Una pena no haya escrito un libro con las vivencias diarias. Realmente podríamos estar un día entero haciendo historias para reír y para llorar sin dudas. Los matrimonios ‘dispares’, las quejas, las herencias en España, la colonia y sus añoranzas, las sociedades españolas, en fin, un amplio diapasón realmente para no aburrirse.

Recuerdo el shock de mi padre cuando comenzaron a instalar las primeras máquinas de escribir eléctricas con un pequeño monitor, creía que el mundo se le venía encima, pero se sobrepuso a la tecnología. Es interesante recordar cuántas personas llegaban preguntando por don Celestino ‘el notario’ y podían preguntarle de cualquier cosa, ahí estaba él, siempre dispuesto, diligente y convencido de su altísimo compromiso con el servicio público. Un ejemplo de esto, el empresario y gallego ilustre don Eduardo Barreiros (epd) que no movía un pie o gestión en el Consulado que no consultara o se apoyara en mi padre. Creo que, en algún momento, máxime en la actualidad que tanto escasea el buen trato, la buena educación, las buenas formas y la disciplina en el trabajo, mi padre sería merecedor de un reconocimiento oficial, y te aclaro oficial pues el de las personas que le conocieron ya lo tiene y lo recibió hasta el último día de su vida. No puedo hablar de mi padre sin mencionar a mi madre, pero a ella le dedicamos una respuesta aparte.

P. El 4 de noviembre de 2021 fue publicada la despedida de doña Consuelo Anido, histórica secretaria, en colaboración con varios cónsules generales que estuvieron destinados en La Habana, sin lugar a duda me faltó otro eslabón por mencionar, doña Andrea Rodríguez, quien formaba parte del equipo de secretaria, pero la vida es una noria, hoy tenemos la oportunidad de conocer más de ella, y de su trabajo. ¿Quisiera que nos contara esas anécdotas bien guardadas de su madre en el Consulado?

R. Mi madre Andrea, siempre brillante, con una tremenda chispa y el complemento perfecto y necesario de un matrimonio donde ella era como un motor. Actualmente con 86 años conserva una excelente memoria, es muy locuaz y no pierde para nada la genética gallega con el impulso del ‘ordeno y mando’ y no lo digo por varios gallegos históricamente conocidos, lo menciono por el ímpetu y la fortaleza de la mujer gallega. Así era mi abuela Aurora, diferente a mi abuelo Domingo, más conocido por Mingo, quien también trabajó unos diez años como ordenanza en el Consulado de España en La Habana. Mi madre estuvo un tiempo trabajando en Registro Civil hasta que pasó a la Secretaría junto a Consuelo y Aurelia (epd). Allí permaneció hasta su jubilación. Por supuesto vieron pasar esos años un sin número de cónsules generales, después además los adjuntos y los cancilleres.

No recuerdo realmente que mi madre o mi padre algún día dejaran de ir a trabajar por alguna dolencia. Ellos inculcaron siempre en mí, disciplina, sacrificio, entrega y la colaboración y ayuda a cualquier persona sin miramientos de estatus o importancia.

No imaginas las emociones y alegrías que he recibido no solo en Cuba, también en España, Panamá, México y Estados Unidos de personas que me abrazan emocionados solo por saber que soy el hijo de Andrea y Celestino. 

Era lindo ver cómo las personas llamaban para una consulta, para una gestión, para una simple pregunta y cómo se implicaban, sin maltrato y, sobre todas las cosas, sin pedir nada a cambio. 

Una anécdota que te ilustra perfectamente esto es cómo conocí a la que hoy consideramos nuestra familia en Oviedo, no de sangre, pero sí de corazón. Fermín, padrino de mi boda y de mi hija Adriana llamaba al Consulado desde España preguntando por un trámite para una prima suya que residía en tu natal Camagüey. Quiso el destino que la primera llamada desde Asturias la atendiera mi madre. Cada semana Fermín llamaba y en una ocasión ya teniendo mi beca del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) para mis estudios de Doctorado en Oviedo mi madre le comenta que en los próximos meses (Julio de 1992) marchaba yo hacia España, pues este buen señor, a quien hoy considero también como un padre, eternamente agradecido de la simple buena atención y diligencias de mi madre me acogió en el seno de su familia. De ahí, una madre, Isabel, y mis hermanos Julito y Amado. De hecho, la primera vez que Fermín e Isabel ‘saltaron el Océano’ fue para mi boda y posteriormente para el bautizo de nuestra hija Adriana.

Mi madre, con muchas virtudes, defectos como todos, por ejemplo, ahora ríe menos, pero es una persona que inspira por su fortaleza, por su entereza y hasta su claridad mental. Siempre hemos dicho que le llegó la jubilación cuando aún le quedaba bastante por dar y por hacer. 

Ella a lo largo de los años trabajó con muchos cónsules. Me pedías te enumerara nombres y lo intento sin orden cronológico. Menciono primero a Juan Sebastián de Erice, quien al término de misión quiso que mi madre y padre marcharan con él. Su próximo destino sería Guinea Ecuatorial. Comenzó a tramitar la salida de ellos, pero, con las complicaciones propias de la época, mi próximo nacimiento y mis abuelos, decidieron permanecer en la Isla. Recuerdo a Aníbal Jiménez Abascal, Alfonso Manuel Portabales, Eduardo de Quesada, Antonio García Abad (epd), Gómez Jordana, García Durán, Manuel Fairén Sanz, Mariano Uriarte, Melitón Cardona, Eduardo Cerro, entre otros. Los Cancilleres, Roberto Pérez López, José Antonio Moruno.

Hago dos menciones aparte. 

La primera, mi padrino de bautizo, un destacado diplomático español, ministro plenipotenciario don Joaquín Eduardo de Thomas, cónsul general en esos años con quien me reencontré en agosto o septiembre de 1992 ya jubilado en su casa de Barcelona.

La segunda, Juan José Santos Aguado, diplomático extremadamente activo que trabajó estrechamente con mi madre y, sobre todo, mi padre en la organización del Primer Festival de La Huella de España. Santos Aguado movió cielo y tierra para conseguir que se llevara a cabo junto a la prima bailarina Alicia Alonso. Fíjate el éxito de la encomienda que muchos años después se sigue celebrando. Juan José siempre quedó unido por una linda amistad con mis padres y tomando un vino con él en Madrid hace poco tiempo me decía que parte de este éxito fue el apoyo invaluable que brindó mi padre con todo. No por gusto en el catálogo-libro editado con motivo de la primera edición del Festival se concluía diciendo y cito textual: “Pero sobre todo La Huella de España agradece a su coordinador institucional Celestino Pérez (del Consulado de España) quien fue el alma del Festival”. 

Durante los años de trabajo, mis padres estuvieron presentes en la visita del presidente Felipe González, del ministro Fernando Morán, de sus Majestades los Reyes durante la Cumbre Iberoamericana de La Habana, junto al presidente José María Aznar.

Los años vividos por ellos en el Consulado estuvieron realmente lleno de hechos históricos relevantes. Recuerdo las largas jornadas de trabajo de mis padres y mi abuelo con las entrevistas a las familias acogidas por España a raíz de los sucesos de la Embajada de Perú, la llamada en la tarde para preparar los documentos necesarios y que pudiera viajar Eloy Gutiérrez Menoyo que había sido liberado por gestiones del gobierno español, el accidente aéreo en Santiago de Cuba de un pequeño avión en el que fallecieron 7 turistas españoles y mis padres a Medicina Legal, los difíciles días cuando la Crisis de las Embajadas y un grupo de personas saltó la verja pidiendo asilo, esas largas jornadas atendían público en el parque frente a la sede diplomática, en fin Miguel Ángel, vivieron una época intensa. 

P. ¿Trabajó en su día en el Consulado? ¿Algunas otras anécdotas que recuerde?

R. Profesionalmente no trabajé nunca en el Consulado, pero de “pasantía” siendo casi un niño, sí. 

P. ¿Cómo así, a que se refiere?

R. Bueno, con 11 o 12 años, años 1981, 1982, a veces salía temprano de la escuela e iba al Consulado. Al llegar me sentaba en la Secretaría y me daban la correspondencia, que no era poca. Mi trabajo consistía en abrir las cartas, graparlas a su sobre, ponerle un sello de recepción y se las entregaba ya organizadas a mi madre, Aurelia o Consuelo. Por esas épocas estaba de cónsul general Aníbal Jiménez Abascal, quien un día entra a la oficina, me saluda y pregunta que cuánto me estaban pagando por mi trabajo, me reí y le dije que nada, que estaba ayudando. Automáticamente llamó a Pedro, esposo de Consuelo y responsable de Caja, y le dijo que preparara un pago por mi trabajo. Recuerdo me llevó a su oficina, me lo entregó y me dijo aprendiera que el trabajo y la responsabilidad debían ser siempre remunerados. Fue ese el primer ‘salario’ que recibí en mi vida. 

De esa época recuerdo también haber estado en una actividad escolar donde tuve a mi cargo una alocución, unas palabras. En esa importante actividad estaba presente el Cuerpo Diplomático y entre ellos por supuesto el embajador de España don Enrique Larroque de la Cruz, de quien leí hace pocos días una crónica tuya superinteresante. Pues estando en el Consulado entra a la oficina de Secretaría, todos nos levantamos como gesto de respeto a saludar y de inmediato se dirige a mí y me dice: “¿Acaso serás tú el joven que en días pasados dijo unas palabras y se adueñó momentáneamente de aquella situación?” Le respondí que sí era yo. Entonces se dirigió a mi madre y a mí comentando que deseaba invitarme a la Residencia para un almuerzo y que sus hijos me conocieran, respondimos que con todo gusto y honor. Le indicó a mi madre a qué hora me debían llevar ese sábado. Fue mi primera comida solo con un embajador y su familia.

P. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, y realizó Estudios de Doctorado en la Universidad de Oviedo, Asturias, en Cuestiones Históricas y Actuales de Derecho. ¿Nos gustaría conocer cuando sale de Cuba? 

R. Estudié guitarra en la Escuela Manuel Saumell, pero siempre supe que la música no sería mi profesión. Me gustaba la guitarra y el piano, cantaba por afición y de hecho creo que muero con el deseo de poder llegar a un lugar donde haya un piano, sentarme y poder tocar melodías, nada, queda como tarea junto a la de aviador anotadas para la próxima vida. 

Al terminar el Preuniversitario mi idea era la carrera de Relaciones Internacionales. La diplomacia y la política son dos pasiones profesionales que siempre he tenido y tengo, influenciado sin lugar a duda por mis padres y el ambiente en el que crecí, la avidez de lectura, noticias, crónicas. Hice mis exámenes de ingreso al Instituto de Relaciones Internacionales y de casi 200 aspirantes pasé las pruebas de ingreso. Quedamos 20 para la carrera política y 20 para la económica. Por razones en las que no voy a profundizar ahora, terminé estudiando Derecho, siendo esta una enseñanza que me acompaña hasta la actualidad: “(generalmente) todo lo que sucede conviene”.

El tiempo en la Universidad estudiando leyes, aprovechado al máximo, con una excelente graduación y años disfrutados a tope dieron paso a una muy interesante profesión que tiene un amplio campo en todos los sectores y quehaceres de la vida. Siendo abogado he podido llevar a cabo desde una labor diplomática a una empresarial. He publicado algunos artículos de opinión en la prensa panameña, otra de mis pasiones, escribir. En fin, estudiando Derecho fui más feliz que con la idea inicial que tenía. 

En el año 1992 después de graduado salí a España, mi primer encuentro con mi otra tierra, siempre digo orgullosamente que soy cubano español o español cubano sin distinción alguna. Había aspirado y obtenido una beca del Instituto de Cooperación Iberoamericano y marché a Oviedo, Asturias. Estudios de Doctorado muy interesantes sobre Cuestiones Históricas y Actuales del Derecho, un análisis entre otros, de las instituciones del Derecho Romano que siguen vigentes en la actualidad. Estando en la bella capital del Principado de Asturias hice mis trabajos en el Ayuntamiento, colaborando con la Concejalía de Festejos, igualmente ayudaba muchas veces en la Sastrería de Fermín, de quien hablé anteriormente. Conocí personas excelentes, y eminentes abogados como César Álvarez, Juan Montes, Santiago Cid, Jaime San Juan, Álvaro San Román y otros, quienes además de transmitirme sus conocimientos y vasta experiencia se convirtieron también en amigos y familia para toda la vida. 

Mis años en Oviedo fueron la formación necesaria para el trabajo y la disciplina de forma adulta y profesional. Es una etapa de mi vida que no puedo olvidar jamás. 

P. Siguiendo su trayectoria como hombre de empresa, cubano español, trabajador incansable, me asombra que lograra ser presidente de la Cámara Oficial de Comercio de España en Panamá por dos períodos consecutivos 2014-2018 ¿Díganos la fórmula en lograr esa responsabilidad, siendo realmente una persona prácticamente recién llegada al Istmo y qué trabajo desempeñó?

R. Mi primer viaje a Panamá fue en el año 1995. Venía a reuniones de trabajo y se barajaba ya la idea de la apertura de una oficina comercial en este país. Aquí fui cariñosamente recibido por un excelente abogado, Joaquín Díaz Strunz de la firma Icaza González Ruíz y Alemán. Desde esa época y hasta la actualidad nos une una relación de hermandad entrañable, no solo con el sino con toda su familia. Por esas fechas visitaba Panamá cada 45 días más o menos y alternaba con viajes de trabajo a España. En el año 2008 comencé a residir en Panamá y ya en 2009 vinieron mi esposa e hijos. 

La actividad comercial y empresarial nunca se detuvo. Incursionamos por varios años también en la gastronomía y a partir de ahí la importación y distribución de vinos y productos gourmet españoles. Eso me posibilitó estar muy vinculado hasta nuestros días con el mundo vitivinícola español, realmente apasionante. 

En el año 2013 un directivo de BBVA que se marchaba de Panamá deja vacante una vocalía en la Junta Directiva de la Cámara Oficial de Comercio de España en Panamá. El siguiente año había elecciones. Es cuando un amigo abogado muy ligado a la actividad cameral me propone la idea que me presentara a elecciones. Lo medité unos días y decidí visitar al embajador, Jesús Silva. En su oficina le comenté mis intenciones y solo puse una condición (por llamarle de algún modo), me presentaba si tenía el apoyo para la Cámara y para mí gestión del embajador. Allí me dio un impulso, me dijo que podía contar con eso. Posterior a las elecciones de ese año, donde salí electo solo con un voto en contra, comenzamos el primer y segundo períodos cuatro intensos años donde me esforcé y dediqué mucho tiempo a la actividad cameral. 

Eran días difíciles pues las Cámaras no recibían ya las subvenciones de Madrid y teníamos que aprender a vivir diferente, reinventarnos como Cámaras y se lograron resultados. El camino no fue de algodón, más bien de rosas con sus espinas incluidas, pero ahí quedó el resultado. Tuve personas en la Junta que siempre apoyaron el trabajo y colaboraron sin descanso. Las cuentas mejoraron, se logró después de varios años una incorporación récord de socios, se comenzaron nuevas y variadas actividades, la Cámara comenzó a tener visibilidad en muchos eventos y foros. No descansé un minuto y participé en cuantas actividades, reuniones o eventos hubo. Con especial orgullo recuerdo mi intervención en la Ciudad de Guatemala junto a mi homólogo en la Cámara guatemalteca donde hablamos en representación de la Federación de Cámaras Españolas en América (FECECA). Era el evento SICA-España con la presencia del presidente Mariano Rajoy.

Como sabes, fui reelecto por un segundo período como presidente y aún me mantengo en la Junta Directiva de CAESPAN participando de forma activa como expresidente asesor.

Ha sido un verdadero honor poder presidir esta noble institución que próximamente cumplirá 100 años en un país tan vibrante como Panamá. 

P. ¿Tiene familia? ¿En la actualidad cuál es la actividad que viene desarrollando? 

R. Miguel Ángel, estoy casado y tengo dos hijos. Adriana, de 23 años, es la mayor. Se graduó en la Florida State University de dos carreras, Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Actualmente cursa un máster en el Instituto de Empresas (IE) en Madrid en marketing y comunicación de empresas. Alejandro Jr., de 19 años, comenzó primer año en la Universidad de Granada, España, en la carrera de Conservación y Restauración de Monumentos. Mi esposa, quien también trabajó en el Consulado de La Habana (de principios de 1999 a finales de 2001), merece una mención muy especial. Ha sido el apoyo nuestro todos estos años. Es una persona muy inteligente, perseverante y meticulosa, supongo le viene de su Ingeniería Mecánica. Vivian lleva los controles de la oficina (y de la casa) y realmente sin ella, sin su paciencia, muchas cosas, una gran mayoría no se habría logrado.

En estos momentos además de la actividad comercial que realizamos por más de 20 años, vamos llevando el tema de los vinos y productos gourmet comenzando esta andadura también en la República Dominicana. 

A través de mi consultora APR Consultores Internacionales, soy socio colaborador en Global MCO firma multidisciplinaria española radicada en Madrid y Marbella, llevo temas para España, Panamá y Caribe del despacho de abogados The Legal Team, radicado en Miami, Estados Unidos, colaboro en temas puntuales con la firma de abogados Icaza González Ruíz y Alemán en Panamá, hacemos trabajos conjuntos con EPICA Consulting, asesorías empresariales en países como Honduras, Guatemala, Cuba, México y en República Dominicana, junto a un socio, gallego también con el que desarrollamos actividades comerciales y proyectos integrales que van desde la agroindustria hasta el turismo. Como ves tengo poco tiempo para aburrirme.

P. Puedo apreciar que tiene usted una vinculación muy estrecha con las embajadas de España en Panamá y la Republica Dominicana. ¿Por qué esa vinculación?

R. Realmente la mayor vinculación con las embajadas surgió a partir de mis funciones como presidente de la Cámara Oficial de Comercio de España en Panamá, las actividades propias de FECECA (la Federación de Cámaras Españolas de Comercio en América) y la intensa actividad que desarrollé esos años, firma de acuerdos y convenios con visitas institucionales a las Cámaras de Madrid, Lleida, Cantabria, Vigo, A Coruña, Santiago de Compostela, Oviedo, Gijón, reuniones con don José Luís Bonet, presidente de la Cámara de España; Miquel Valls, vicepresidente ya fallecido, con la Secretaría de Estado de Comercio, con el Alto Comisionado de Marca España, con la Xunta de Galicia, Galicia Calidade, ASTUREX, IGAPE y muchos más.

Posteriormente, con mi consultora APR Consultores Internacionales hemos continuado nuestra actividad muy centrados en la promoción empresarial entre España e Iberoamérica y el trabajo con las embajadas, consulados y oficinas comerciales es fundamental. 

Sin lugar a duda estos intensos años me han permitido conocer embajadores, cónsules, consejeros y funcionarios, excelentes diplomáticos, muy capaces en su gran mayoría, muy entregados a su trabajo con los que en varios casos surgieron y nos unen excelentes relaciones de amistad. En Panamá he conocido embajadores valiosos como Jesús Silva Fernández, exembajador en Panamá y Venezuela, actual cónsul general en Ciudad del Cabo, quien me dio su apoyo siempre para mi postulación como presidente de CAESPAN, con el que conocí al expresidente gallego Alberto Núñez Feijoo y con quien tenemos una simpática anécdota, como decimos, la historia de los tres gallegos que te dejo para otra ocasión. Ramón Santos Martínez, actual embajador de España en Venezuela, diplomático de excelencia con amplia y fructífera carrera, a quien nos une una sincera amistad; Francisco Javier Pagalday, exembajador en Panamá; Bernardo López, Francisco de Borja Morate, Antonio García Roger, Joan Borrel, Mario Crespo Ballesteros, actual cónsul en Panamá, persona joven, pero de amplia experiencia y profesionalidad. También tuve la oportunidad de conocer en jornadas de trabajo en Honduras al exembajador de España Guillermo Kirkpatick, y más reciente a don  Antonio Pérez-Hernández y Torra, embajador de España en República Dominicana, un diplomático de altos quilates que admiro y está desempeñando una excelente labor en este importante país del Caribe.

P. Sin lugar a duda conoce el mercado de Panamá y la República Dominicana. ¿En qué sectores usted recomendaría invertir en ambos países?

R. En la última década, Panamá y República Dominicana son las dos economías que han mostrado mayor dinamismo. Las perspectivas de los organismos internacionales es que continúen siendo las economías de mayor crecimiento en el año 2023. 

República Dominicana tiene una economía sólida y diversificada con un enfoque hacia la exportación de bienes de la agroindustria y los servicios, donde se destaca con honores el turismo que ha logrado en tiempo récord, como ningún otro país, recuperarse e incluso presenta un panorama con indicadores y cifras mayores que las presentadas antes de la pandemia. Las energías renovables, los puertos y aeropuertos, así como las infraestructuras están en franco crecimiento y desarrollo siendo buenos renglones para la inversión.

Panamá continúa en un proceso de recuperación con indicadores macroeconómicos buenos. El nuevo dinamismo que se quiere imponer a la agricultura y la economía es una buena oportunidad para aprovechar los múltiples acuerdos comerciales que ha logrado firmar el país en los últimos años. Aquí también el sector servicios sigue siendo una inversión atractiva destacándote el sector financiero, el sector de servicios de salud y bienestar.

Sin lugar a duda, República Dominicana y Panamá, pero también países de Centroamérica como Honduras, Guatemala, El Salvador, y Costa Rica, debemos conocerlos y estudiarlos en profundidad pues existen enormes posibilidades de inversión y seguridad jurídica.

Para terminar, mi estimado Miguel Ángel, quisiera que esta conversación sirva como un agradecimiento a mi familia por la paciencia y el apoyo. Deseo sea también homenaje a la vida y trayectoria de mis padres por su ejemplo, por su labor y no solo por haber formado los valores que me acompañan, Andrea y Celestino hicieron mucho por los emigrados y por España en su larga carrera y creo que son un ejemplo que debe ser contado. Muchas gracias por darme esta oportunidad.  

Alejandro Pérez Rodríguez: “La diplomacia y la política son dos pasiones profesionales que siempre he tenido y tengo”