Opinión

Con Luis Cernuda aún, a 50 años de su muerte

Rodolfo Alonso | 13 de enero de 2014

En la tómbola incierta de las conmemoraciones, parece haberle tocado ahora –inesperadamente– al más secreto y hondo de los poetas andaluces. Siempre discreto y reservado, siempre fino y distante, Luis Cernuda (1902-1963) supo combatir por la República y pagar con su exilio interminable en el México fiel, donde encontró la tumba, un 5 de noviembre de hace medio siglo.
Estruendosamente silenciado entre sus compatriotas, nunca dejó de responder con altivo desdén y sutil ironía al ninguneo absoluto con el que fue afligido.
Quizá por eso, dedicó uno de sus poemas memorables (“con unas violetas”) al más ácido y mordaz crítico de la sociedad española, el agudo cronista Mariano José de Larra. Ese mismo texto que comienza, tan bellamente, con una de las líneas indelebles del poeta Cernuda: “Leves, mojadas, melodiosas”.
Cuando aún arreciaba sobre él aquel feroz silencio, el 27 de octubre de 1968, se me escribió este poema, incluido más tarde al comenzar mi libro ‘Señora Vida’, de 1979, y que hoy me gustaría volver a dedicarle, en estas nuevas circunstancias.

Con Cernuda

¿Por qué tú, tan distinto
de mí, esta noche
cualquiera me pareces
casi un pariente?

¿Por qué si diferentes
somos en carne y nervio
y letra, y sólo algo lejano
que tiene que ver con un país
disuelto en sangre y niebla
quizá acaso nos una?

¿O serán las palabras
estas, cargadas
de sentido, de instinto,
de amor por la belleza,
el orden de lo vivo,
la gracia elemental?

Y ahora recién
me vuelves, Luis,
cuando quizá
es tarde ya para decírtelo.
Pero no a otros.

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