Opinión

Por la América que todavía resiste

Por la América que todavía resiste

Si como hijo no soy responsable del despotismo de mi padre, como persona tampoco lo soy de los crímenes americanos de Cortés o Pizarro y del violento saqueo de todo un continente por parte del colonialismo europeo. Pero como español pertenezco a un estado que muestra su ideología al disponer en sus calles y plazas grandes monumentos que celebran al atacante, al invasor, al genocida. Y ni una disculpa: cada 12 de Octubre, el Estado celebra el llamado Día de la Hispanidad. En las calles y plazas de América hay justo lo contrario: monumentos para celebrar al defensor, al protector, a la víctima. Son monumentos a Martí, a Bolívar, al mayor símbolo de la hipocresía revolucionaria europea Toussaint Louvertoure, al general Maceo y a miles de víctimas de las estatuas propuestas por nuestro estado español. Esto, este contraste tan indiscutible, debería producirnos una vergüenza terrible. En América Latina, y en España también, son cada día más los que al 12 de Octubre le llaman Día de la Resistencia Indígena, al que yo me sumo con toda la humildad posible desde una España –mejor dicho, desde un Estado español– que hoy practica el colonialismo interno con sus propios compatriotas, metidos en una guerra civil sin armas de fuego –entre los pobres y los muy pobres, al margen de los ricos– por un trabajo o una vivienda, por la educación o por la asistencia sanitaria pública y digna.

Por la América que todavía resiste