¿“Rivoira Sacrata” o “Roboyra Sacrata”?
Nos hallamos ante la mágica visión de estos recónditos monasterios, viñedos en osada “bocarribeira” o deslumbrantes cascadas, las singulares “fervenzas”. Asimismo, aquellos “miradores” más distantes de las riberas que nos alzan a los puntos más altos, para ofrecernos esos hondos valles o “perlas” de la geología, visibles desde los “geomiradores”. A Capela, en A Pobra do Brolló, As Penas de Matacás, en Castro Caldelas. O Eirado e Val do Medo, en Xunqueira de Espadañedo. Pena Pombeira, en Pantón. Castelo de Parada, en O Pereiro de Aguiar. Pena do Conde, en Sober. Moura, en Nogueira de Ramuín. Geomirador de Pómez, en Ribas de Sil…
“Ribeira Sacra” espléndidamente nos entrega una ofrenda de leyendas así como de seres mitológicos, la mayoría de ellos relacionados con el agua. ¡Por ahí van “as mouras” y “os mouros”, plenas de relatos de amor y desamor! No pocos historiadores, por otra parte, confirman que en el documento en el cual aparece por vez primera el nombre de “Ribeira Sacra” –“Rivoira Sacrata”– en realidad ponía: “Rovoyra Sacrata”. Lo cual modifica esencialmente el significado de nuestro venerado topónimo, pues sería entonces: “Robledal Sagrado”. Nos encontraríamos, por consiguiente, dentro de un espacio en que “habitaban” robles, esto es, nuestros sublimes “carballos” y “carballeiras” sagradas.
¡Milenaria Tierra Gallega que así nos revela su más íntimo secreto del acuñado “realismo mágico”! Hadas y duendes. “Meigas” y “mouras”, “Xacias” y “hombres-pez”. “Rabudos” y “papeiros”. “La madre del diablo”, incluso. Cuentos y “cantigas” de lagar y vendimia. Visitamos después villas y conjuntos artísticos. El “casco histórico” de Chantada mantiene ese “encanto medieval” con sus calles, casas y plazas de arquitectura tradicional. Henos ante la iglesia de Santa Mariña, la Casona de Lemos, la Casa “do Concello” –antigua prisión municipal– o la “Praza do Cantón”. En el paseo del río Asma, contemplamos un antiguo molino restaurado, que nos transmite a la memoria la célebre “Muiñeira de Chantada”.
Ahora cruzamos el río Asma en el barrio de “A Ponte” para admirar el Monasterio de San Salvador de Asma, lugar por el que entra el “Camino de invierno”. Y Portomarín, nacido a orillas del río Miño, gozaba de dos barrios: San Juan y San Pedro, existentes hasta 1963, cuando se construyó la presa de Belesar, para dar paso al “nuevo Portomarín” en el “Camino Francés” a Santiago.