Los ‘quipus’ de los incas: técnica y temas
Después nos dice que las cosas que no tenían colores iban puestas por su orden, comenzando de las de más calidad y procediendo hasta las de menos, cada cosa en su género, como en las mieses y legumbres. “Pongamos por comparación las de España –continúa el Inca Garcilaso–, primero el trigo, luego la cebada, luego el garbanzo, haba, mijo, etc. Y así también cuando daban cuenta de las armas, primero ponían las que tenían por más nobles, como lanzas, y luego dardos, arcos y flechas, porras y hachas, hondas y las demás que tenían”.
Hablando de los vasallos, asimismo daban cuenta de los vecinos de cada pueblo, junto a los de cada provincia. En el primer hilo ponían los viejos de sesenta años arriba; en el segundo, los hombres maduros de cincuenta arriba, y el tercero contenía los de cuarenta, y así de diez a diez años hasta los niños de teta. Y por el mismo orden contaban las mujeres por las edades. Estos ñudos o quipus los tenían indios de por sí a cargo, los cuales llamaban quipucamayu, es decir, “el que tiene cargo de las cuentas”. Y aunque en aquel tiempo existía escasa diferencia en los indios, de buenos y malos, que según su “poca malicia y el buen gobierno” que poseían, todos se podían llamar “buenos”, así como el buen gobierno que elegían para este oficio.
Escribe el Inca Garcilaso que para este “oficio” entre aquellos indios jamás se empleó “favor ajeno” sino el de su propia virtud. Tampoco se daban vendidos ni arrendados, porque ni supieron arrendar, ni comprar, ni vender: “no tuvieron moneda”. Ellos hacían el “trueque” de unas cosas por otras, esto es, las cosas del comer y no más, pues no vendían los vestidos, ni las casas, ni las heredades. Los quipucamayus eran, por lo tanto, “fieles y legales”. Todos tenían idénticos registros y bastaba que hubiera un “contador” o “escribano”.
A estos quipucamayus acudían los “curacas” y los hombres nobles en sus provincias, a saber: las cosas historiales que de sus antepasados deseaban conocer, acaecimientos notables que hubieren pasado en tal o cual provincia. Muy singulares fueron los quipus de anual memoria, a fin de preservar la tradición. Así otorgaban leyes y enseñanzas, ritos y ceremonias que –por el color del hilo y por el número de los ñudos– sacaban “la ley que prohibía” tal o tal delito, al igual que la pena que se daba al quebrantador de ella.