Opinión

Los ‘quipus’ de los incas: técnica y temas

Quipu quiere decir añudar y ñudo, y también se toma por la cuenta, porque los ñudos la daban de toda cosa. Hacían los indios hilos de diversos colores, unos eran de un color solo, otros de dos colores, otros de tres y otros de más, porque los colores simples y los mezclados todos tenían su significación de por sí. Los hilos eran muy torcidos de tres o cuatro liñuelos y gruesos como un huso de hierro, y largos de a tres cuartas de varas, los cuales ensartaban en otro hilo por su orden a la larga, a manera de rapacejos. Por los colores sacaban lo que se contenía en aquel tal hilo, como el oro por el amarillo, y la plata por el blanco, y por el colorado la gente de guerra”, leemos en las páginas de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso, obra publicada en Lisboa, en 1609; la segunda (la Historia general del Perú), saldría póstumamente en Córdoba, en 1617.
Los ‘quipus’ de los incas: técnica y temas

Después nos dice que las cosas que no tenían colores iban puestas por su orden, comenzando de las de más calidad y procediendo hasta las de menos, cada cosa en su género, como en las mieses y legumbres. “Pongamos por comparación las de España –continúa el Inca Garcilaso–, primero el trigo, luego la cebada, luego el garbanzo, haba, mijo, etc. Y así también cuando daban cuenta de las armas, primero ponían las que tenían por más nobles, como lanzas, y luego dardos, arcos y flechas, porras y hachas, hondas y las demás que tenían”.

Hablando de los vasallos, asimismo daban cuenta de los vecinos de cada pueblo, junto a los de cada provincia. En el primer hilo ponían los viejos de sesenta años arriba; en el segundo, los hombres maduros de cincuenta arriba, y el tercero contenía los de cuarenta, y así de diez a diez años hasta los niños de teta. Y por el mismo orden contaban las mujeres por las edades. Estos ñudos o quipus los tenían indios de por sí a cargo, los cuales llamaban quipucamayu, es decir, “el que tiene cargo de las cuentas”. Y aunque en aquel tiempo existía escasa diferencia en los indios, de buenos y malos, que según su “poca malicia y el buen gobierno” que poseían, todos se podían llamar “buenos”, así como el buen gobierno que elegían para este oficio.

Escribe el Inca Garcilaso que para este “oficio” entre aquellos indios jamás se empleó “favor ajeno” sino el de su propia virtud. Tampoco se daban vendidos ni arrendados, porque ni supieron arrendar, ni comprar, ni vender: “no tuvieron moneda”. Ellos hacían el “trueque” de unas cosas por otras, esto es, las cosas del comer y no más, pues no vendían los vestidos, ni las casas, ni las heredades. Los quipucamayus eran, por lo tanto, “fieles y legales”. Todos tenían idénticos registros y bastaba que hubiera un “contador” o “escribano”.

A estos quipucamayus acudían los “curacas” y los hombres nobles en sus provincias, a saber: las cosas historiales que de sus antepasados deseaban conocer, acaecimientos notables que hubieren pasado en tal o cual provincia. Muy singulares fueron los quipus de anual memoria, a fin de preservar la tradición. Así otorgaban leyes y enseñanzas, ritos y ceremonias que –por el color del hilo y por el número de los ñudos– sacaban “la ley que prohibía” tal o tal delito, al igual que la pena que se daba al quebrantador de ella.