La Plaza-Fuerte de Montevideo, memoria de Isidoro De María
Pues, en efecto, desde aquel entonces comenzó la construcción de una que otra casa de azotea, “al capricho”, como así decían los antiguos. Estas no eran sino una excepción de la regla, igual que eran incluso el primigenio Cabildo, la Iglesia Vieja, San Francisco, el Fuerte o Casa de Gobierno, el Cuartel de Dragones, el Hospital y el Coliseo. Digamos que en las de azotea de piso bajo era habitual dar la corriente de las aguas a la calle, dotándolas de “largos caños” que descargaban con potencia el “líquido elemento” sobre los transeúntes. Puesto que existía terreno, no escaseaban en las casas ancho zaguán, sus dos patios y corral. Mas carecían sobre todo de aljibes, supliéndolos con las “pipas” con manga para recoger agua, “cuando el cielo abría sus cataratas”. Se tenía la idea –de la cual participaba el gobernador Bustamante y Guerra– de que disminuiría la superficie reducida de la ciudad con la fabricación de aljibes, de modo que así retraía a los vecinos de construirlos.
“El pavimento era de ladrillo colorado, hasta el año 1790, en que empezó a fabricarse baldosa del país –matiza Isidoro De María–, y desde entonces se empleaba en los pisos de los edificios de más costo”. Las puertas de calle y esquinas eran hechas “a macha martillo”, con un herraje capaz de resistir durante muchos años. El “ventanillo español” –con su cruz de fierro– era de uso general en las puertas de calle y en las de las esquinas y trastiendas: a través de él podía ver el habitante con plena seguridad quién llamaba a su puerta. Las rejas de las ventanas exteriores, por lo común, eran enormemente salientes del nivel de la pared, “sin la elegancia de las modernas”, a juicio del cronista De María.
A fines del siglo XVIII –o al inicio del XIX– se calculaban en la población unas 300 casas de azotea entre “chicas y grandes” de un piso, y unas “60 de alto”. ¿De tres pisos? Una sola, que era la de Cipriano, frente al Fuerte del Gobierno. Las demás eran de techo de teja, y algunas de paja. Entre los edificios de uno o dos pisos, se encontraban los de Cipriano de Mello, Zabala, Piedracueva, Viana, Gestal y Solsona. Asimismo, los de Correa Maturana y Lombardini, Achúcarro y Méndez Caldeira, Otero y Villagrán, Magariños y Ocampo, Navia y Barreiro. Vilardebó y Navia.