Opinión

Pilotos y “ruta magallánica” en Tierra del Fuego

Isaac Otero | 27 de septiembre de 2021

“Naturalmente, no se escondían estas noticias a los pilotos oficiales que abundaban. En efecto, casi en seguida de Magallanes, zarpó la armada de Frey García Jofre de Loayza, piloteada por Juan Sebastián Elcano y abocó el estrecho el 14 de enero de 1526. Tal vez la más destacada aventura de la expedición correspondió a Francisco de Hoces, quien al mando del navío ‘San Lesmes’ derivó hasta el ‘acabamiento de la tierra’ a los 55 grados. Por ello alguna cartografía argentina designó con su nombre al pasaje o mar de Drake”, escribe el reconocido historiador Juan E. Belza en su concienzudo libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

Continuaron en 1535 esta “ruta magallánica”, entre otros, Simón de Alcazaba. Tras alguna que otra peripecia de trámite, Frey Francisco de la Ribera, junto con Alonso Camargo, no le fueron a la zaga en 1540. El capitán Alvarado bordeó el este fueguino y la isla de los Estados; incluso intuyó la insularidad de ambos parajes.

No estaría de más recordar que todos estos pilotos llegaron de España a través de la “ruta del Atlántico”. Transcurridos dieciocho años, Francisco Cortés Ojeda y Juan de Ladrillero viajaron desde Chile para afrontar el Estrecho tomando como partida “occidente”. Juan de Ladrillero lo recorrió en agosto de 1559. “El infortunio –señala el historiador Belza– se ensañó con todos y en tres décadas no se registraron nuevos ensayos”.

Juan E. Belza transcribe los siguientes versos: “Por falta de piloto, o encubierta causa,/ quizá importante y no sabida,/ ‘dirá Ercilla en la Araucana’/ esta secreta senda descubierta/ quedó para nosotros escondida”. El hecho es que nada legó el cosmógrafo de la expedición magallánica Andrés de San Martín, porque las reacciones cartográfias “oficiales” fueron por ello muy cautas. Hubo, no obstante, hallazgos documentales como los mapas de Piri Reis, muy probablemente de 1513 –conservados en la Biblioteca del Congreso de Washington–, así como la carta de Elcano que custodia la Biblioteca Nacional de Montevideo. Éstos, surgidos a partir de mapas portugueses o de ‘informantes’ de la primera vuelta al mundo.

Desde antaño, es necesario resaltar otras manifestaciones, como la de Pigafetta, sobresaliente de La Trinidad, testigo y relator de los hechos acontecidos, fallecido en la población italiana de Vicenza. Él transmitió en 1534 un croquis de la margen izquierda del Estrecho: un trapecio oscuro e irregular, huérfano de vocablos fueguinos. El cartógrafo del reino Diego Ribeiro trabajó en el ajuste del Patrón Real y, a juzgar por las Cartas de la Biblioteca Vaticana y del estado de Weimar –ambas fachadas en 1529–, reprodujo el diseño costero abierto de la carta de Elcano con idénticos topónimos y en la misma posición. A excepción de la novedad del “lago de los estrechos” y las “sierras e islas nevadas”. No olvidemos el “planisferio” llamado de “Salviatti”, datado en 1525, e instalado en la Biblioteca “Mediceo Laurenciana” de la ciudad de Florencia.

Mencionemos, asimismo, el mapa de Pedro de Medina, publicado en Sevilla en 1549, y el “Islario” de Alonso de Santa Cruz.

 

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