Opinión

Los petroglifos gallegos: el ‘Centro Arqueolóxico da Caeira’

Isaac Otero | 12 de enero de 2015

Nos hallamos en el ‘Centro Arqueolóxico da Caeira’, en Casal de Ferreirós, avenida Andurique, 43, en el ‘concello’ de San Salvador de Poio, provincia de Pontevedra, ampliamente auspiciado por la Diputación y ‘Turismo Rías Baixas’. Henos ante ‘As estacións visitábeis’. En ‘A Caeira’ hay petroglifos sencillos con pocos motivos, si bien son dos piedras de grandes dimensiones: la ‘Laxe das Lebres’ y la ‘Pedra Grande’ de Montecelo, las cuales desempeñan un papel fundamental y otorgan sentido a la totalidad del conjunto. Ramón Sobrino Buhigas fue su primer difusor.
La ‘Pedra Grande de Montecelo’ –integrada por un numeroso y abigarrado conjunto de combinaciones circulares– constituye uno de los testimonios más sobresalientes de la temática geométrica entre los grabados rupestres gallegos. La ‘Laxe das Lebres’ –asimismo denominada ‘Laia dos Cervos’– es un gran panel con representaciones de ciervos: algunos son machos adultos en actitudes propias de la época de celo que acontece durante los inicios del otoño, lo cual señala que los artistas de la Edad de Bronce, hace más de 4.000 años, poseían una excelente sabiduría de su comportamiento natural. Dos ciervos –presumiblemente macho y hembra– se encuentran dispuestos en simetría de espejo, de suerte que conforman su motivo central. Ésta es, pues, una de las imágenes más afamadas de los petroglifos gallegos. A ambos lados de este motivo se encuentran dos figuras interpretadas como jinetes.
La ‘Laxe das lebres’ o ‘Laia dos Cervos’ es un enorme cuadro donde resplandecen los míticos ciervos, ciertamente. Conviene, empero, referirnos al llamado ‘Petroglifo de Pozo Ventura’, que no pertenece, sensu stricto, al ‘Área Arqueolóxica da Caeira’. En realidad se halla en un lugar muy próximo a ella: en Monte Liñares. Su superficie nos obsequia con generosos diseños de índole geométrica, aunque su singularidad, eso sí, viene dada por la presencia de ciertos motivos que guardan semejanza con hojas de alabardas.
¿Quiénes fueron los hombres y mujeres que grabaron los petroglifos? En las cercanías de los petroglifos de ‘A Caeira’ se hallaron indicios de la probable existencia de un poblado perteneciente a la Edad de Bronce. He aquí que los pequeños grupos humanos que crearon los petroglifos practicaban, sin duda, la agricultura y la ganadería. Habitaban en poblados –integrados por escasas cabañas realizadas con materiales muy perecederos– que se emplazaban en la mitad alta de las laderas y cerca de cursos de agua.
Así, pues, el discurso plasmado en las imágenes grabadas en la belleza y misterio de los petroglifos nos da testimonio del inmarcesible valor simbólico del ciervo, al igual que de las dinámicas ‘escenas’ de caza y de monta. He ahí el armamento metálico –un material escaso y, a la vez, exótico– que son ‘indicadores’ de un proceso de desigualdad social cada vez más revelador. El ‘concello’ de Poio y su ‘concellería’ de Turismo, dentro de su compromiso con la “calidad turística”, exhibe el “proyecto financiado por el programa ‘Proder II’ de la comarca de Pontevedra bajo el aliento de la ‘Xunta de Galicia”. Y nos recuerda las normas –“no se deben tocar los grabados ni dañar las rocas”– a fin de “pasear entre petroglifos”…

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