Opinión

Parque Natural de Corrubedo hacia la isla de Sálvora

Isaac Otero | 11 de julio de 2016

Estamos en la bellísima línea costera de la ría de Arousa, en el ‘concello’ de Ribeira, que nos aguarda desde una de las perlas naturales de Galicia: el parque Natural de Corrubedo. El primer personaje de nuestro camino es el “gran vigía” del océano Atlántico, es decir, el faro de Corrubedo, activo desde 1854. En cuanto a su fachada, he aquí que nos presenta una forma semicircular hacia el mar y rectangular hacia la tierra, a fin de paliar los efectos de los furiosos temporales que acostumbran azotar esta comarca. Conviene recordar que el propósito de situar acá este faro era alertar del peligro que entrañaban los “bajos” que tan frecuentes son en esta línea de costa. El caso, no obstante, es que no siempre lo consiguió. A través de tantos y tantos años de actividad esta torre fue testigo de algunos hundimientos de navíos. El naufragio del trasatlántico ‘Santa Isabel’ frente a la isla de Sálvora –tal vez debido a una confusión entre el faro de Corrubedo y el de Sálvora– fue el causante de que se cambiara la luz blanca por una roja. De ahí que el faro recibiera el ‘alias’ de ¡‘faro comunista’!

Entre madera y arena, nos adentramos en el Parque Natural de Corrubedo. Y en ese entorno virginal hallamos el ‘Centro de Interpretación Casa da Costa’, esto es, ‘CIELGA’, fijado en siglas como acrónimo. Un hermoso espacio didáctico con exposiciones acerca de este ecosistema. ¡He ahí el complejo de dunas de Corrubedo y las lagunas de Carregal y Vixán! Se trata de 1.000 hectáreas entre las parroquias de Corrubedo, Artes y Carreira. Ofrecemos nuestras huellas sobre los arenales de las playas de O Vilar y de A Ladeira, pertenecientes al Parque Natural. Asimismo visitamos el grandioso y esplendoroso ‘cordón’ de arena constituido en un dilatado proceso por una represa de agua que configuró la laguna de Carregal. El movimiento y transporte ejercido por el viento dio licencia para el desarrollo de varios ‘cordones’ litorales de dunas. No pocas de ellas semiestabilizadas por la vegetación. Otra, sin embargo, la más grande del noroeste peninsular.

¿La leyenda? Se nos relata cómo en la laguna de Carregal –argumento nuevamente mitologizado en Galicia– se encuentra sumergida la ciudad de Valverde, donde habitaban aquellos moros que fueron expulsados por el gran emperador Carlomagno. Ahora ponemos rumbo al puerto de Aguiño, con el fin de que una embarcación nos conduzca hasta la misteriosa isla de Sálvora. El relato expresa cómo Roldán logró escapar de la batalla de Roncesvalles refugiándose en esta seductora isla arousana. Cierto día mientras paseaba por la playa, se encontró con una muchacha de radiante hermosura que salía del mar, sintiendo una irresistible atracción por ella. ¡Y no era sino una mitológica sirena! Entonces “Mariña” –así bautizada por su enamorado– y Roldán tuvieron un hijo, iniciando la estirpe de los “Mariño”. Henos, pues, para dar testimonio de la leyenda, ante la estatua de piedra con forma de sirena dándonos la bienvenida a la isla y señalando, al mismo tiempo, el “camino de piedra” que nos lleva hasta el faro de Sálvora: el guardián de la ría de Arousa, junto con el de San Vicente, en la villa de O Grove, todos ya en la provincia de Pontevedra.

Y de una isla nos vamos a otra isla. Dejamos las tierras barbancesas para dirigirnos hacia la isla que le otorga su nombre a esta luminosa ría: la ‘Illa de Arousa’.

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