Opinión

El paisano ‘criollo’ argentino y el juego de la taba

Isaac Otero | 27 de enero de 2014

¿El arte de lanzar un hueso al aire? “No existen reuniones camperas en las que no se haga un tirito de taba: un juego bien criollo en el que se combinan la habilidad y la suerte”, escribió en su sección titulada ‘Rincón gaucho’ Antonio Robirosa en el diario La Nación de Buenos Aires el sábado 17 de diciembre de 2005. El juego de la taba –además de los naipes y los dados– estriba sencillamente en tirar al aire una taba. Si, al caer queda para arriba la cara –esto es, el lado cóncavo–, se gana. Y a esto se llama “suerte”. Si, por el contrario, cae del lado opuesto, se denomina “culo”. En tal caso, se pierde.
El tiro se lleva a cabo dentro de “una cancha”, es decir, un rectángulo de tierra que se ha alisado y aflojado para facilitar “la clavada”. Ahora bien, caso de que el hueso caiga de costado, no hay juego. Al menos para los tiradores, pudiendo jugar los de afuera a “lomo” y “ombligo”. Conviene saber que la taba se tira de diferentes maneras. Y es aquí donde se combinan “habilidad” con “suerte”. Por regla general se lo hace de tal modo que ésa gire hacia atrás. Puede ser de “vuelta y media” o bien de “dos vueltas”. Su giro debe finalizar en una “clavada”, mostrando así el lado de la “suerte” hacia arriba. Los que son “chambones” suelen tirar “de roldana”, de tal forma que la taba da varias vueltas, girando hacia delante. En esta clase de tiro prevalece la “suerte” sobre la “habilidad”. Con el fin de que tenga mayor durabilidad y por causas estéticas, la taba se “calza”; dicho de otro modo, se les adosan a sus extremos partes de hierro o bronce, una de la cuales suele tener filo para hacer posible “la clavada”.
“Al estar ‘calzada’, se la puede ‘cargar’, o sea, ponerle un peso extra, para que siempre caiga de determinada forma”, señala el articulista Antonio Robirosa, “y a esta taba se la denomina ‘tramposa’. Por supuesto, no es lícita y pone en serio riesgo la integridad física de su dueño”. El paisano argentino conserva una numerosa serie de “dichos” que hacen referencia a este juego. Entre ellos, “se le dio vuelta la taba” (su suerte cambió). Evoquemos el tango Vieja recova: “Se le dio vuelta la taba,/ la vejez lo derrotó”. O bien, “cargó la taba” (hizo trampa) o “echó culo” (le salió mal). En el “lunfardo” –el habla ‘porteña’ de Buenos Aires–, popularmente, “tabas” significa piernas. “…Quién te amuró las gambas, quién te engriyó las tabas…” , escribió Cuniberti en su poema Debute.
He aquí que el hueso con que está fabricada la taba se extrae, sobre todo, de vacunos de la raza ‘Holando’ o de la ‘Charolais’, debido a su tamaño más apropiado. Pedernales –localidad del partido “25 de Mayo”, provincia de Buenos Aires– es estimada como la “fábrica” de las tabas. En ella residió Juan Alessondrelli (1910-1982), un artesano de sobrenombre ‘El campechano’, quien consiguió su celebridad por la admirable belleza con que ‘calzaba’ las tabas. Este entretenimiento nos traslada a antiguas culturas. En Grecia era “el astrágalo” y en castellano “el carnicol”. Rememoramos ahora una litografía alrededor de 1870 que nos muestra la sencillez y el despojo que caracteriza a este juego. El autor, el pintor italiano José Agujari. El gran poeta nacional, por excelencia, José Hernández en La Vuelta de Martín Fierro pone en boca de Picardía, el segundo hijo de Fierro, estos versos: “Cargaba bien la taba/ porque la sé manejar,/ no era manco en el billar,/ y por fin de que esplico,/ digo que hasta con pichicos/ era capaz de jugar”.

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