Opinión

Manuel Romero, Ignacio Corsini y el tango ‘Patotero sentimental’

Isaac Otero | 14 de marzo de 2016

“Buenos Aires era aquella ciudad que, pisando el primer cuarto de siglo, se encontró con su canción, por mano pródiga de poetas y músicos e intérpretes, sin énfasis y con quilates, que pulsaron el sentir de gentes de esta tierra y venidas de otras, de la colonia a la Cosmópolis pasando por la Gran Aldea…”, emocionadamente escribe el sin par poeta tanguero y tangófilo, el gran Francisco García Jiménez en las páginas de su libro titulado Así nacieron los tangos, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980. Porque, en efecto, caminamos por calles que se afirmaron “del zanjón al empedrado”, y “del empedrado al asfalto”. Todas enmarcadas por “el baldío, la quinta o el potrero”. Primeramente fueron casitas, más tarde mansiones y, al cabo, rascacielos del siglo XX. “Cien años que caben en el ayer de una milonga de pulpería y el tango de hoy en una ‘boîte’ del Barrio Norte”, agrega con “saudade” nuestro García Jiménez.

¡Buenos Aires que nos regaló dos genuinos cantores de su universo porteño! Uno de ellos, morocho; el otro, rubio. Henos ante Carlos Gardel e Ignacio Corsini. Inconfundibles noches apoteósicas de Ignacio Corsini, quien naciera en 1891 para fallecer en 1967, el intérprete ya de la farándula, ya de la canción popular. Elegante, blondo y siempre galán, para él escribieron los autores del momento a través de sainetes y comedias. Papeles de héroes románticos que indefectiblemente enamoraban a las suaves y bellas heroínas merced a su elocuente prosa, verso o canción. Así, en los seductores labios de Corsini nació el tango Patotero sentimental. Manuel Romero (1891-1954), el autor de la letra, hombre noctívago del bailongo y la timba, conocedor del teatro “liviano”, al igual que su tocayo y colaborador Manuel Jovés, el cual nació en 1897 y fallecido en 1927, el inspirado músico catalán integrado en la vida bonaerense y fogueado en “cuplés” y “pasacalles” de revistas. ¿Patoteros “sentimentales”? Ellos sabían que era un invento, pues las “patotas” se caracterizaban por su crueldad: grupos de gente cobarde asociada a fin de arrogarse valentía y prepotencia. Por su profesión periodística, Manuel Romero recordaba el episodio dramático acontecido la noche del 12 de febrero de 1911 en la Avenida de Mayo. Aquel bohemio melenudo Abel Gutiérrez Conti, atorrante inofensivo del ‘trocén’ porteño, quien –harto de las befas de una ‘patota’– se armó de un revólver y, luego de sufrir una despiadada persecución de cinco ‘cuadras’ por la Avenida, de dos balazos mató al estudiante temerario llamado Debenedetti, frente al número 744.

No, desde luego que no. Si bien no había patoteros “sentimentales”, Manuel Romero dio vida a uno para un tango. Éste se hallaba dentro de una obra, El bailarín del cabaret, que escribió para el actor cómico César Ratti , estrella de la compañía del teatro ‘Apolo’. Y en ella actuaba el actor-cantor Ignacio Corsini. ¿El resultado? Que no fue una obra para César sino un tango para Ignacio. ¿La inauguración? El viernes 12 de mayo de 1922. En plena escena del ‘cabaret’ se irguió el blondo galán junto a una mesa que compartía con su pandilla entre la jarana. Repentino silencio. Y cantó: “Patotero, rey del bailongo,/ patotero sentimental,/ escondés bajo tu risa/ muchas ganas de llorar…”.

Letra y música entraron en el público de modo fascinante y con completa convicción. Luego, el arrepentimiento del “patotero” por haber abandonado, ingrato, a una fiel mujer…

 

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