‘El lazarillo de ciegos caminantes’, obra de ‘Concolorcorvo’
El autor ‘Concolorcorvo’ aprovechó, durante muchas jornadas, aquellas observaciones espigadas a lo largo de su propio “itinerario” desde Buenos Aires a Lima. Se trata, al mismo tiempo, de una “crónica” del viaje llevado a cabo “a paso de mula”, acompañado del “visitador” Alonso Carrión de la Vandera, para el establecimiento de “correos” y “postas”: asunto estudiado en su libro con singular generosidad y exhaustivo conocimiento. He aquí cómo las 946 leguas que median entre Buenos Aires y Lima fueron recorridas por ‘Concolorcorvo’ y su acompañante –persona docta y conversadora– en ásperas condiciones y harto primitivas. Nuestro ‘Concolorcorvo’ fue un agudo observador y un curioso viajero, quien no quiso pasar por alto detalle alguno digno de “registro”. Asimismo, mantuvo “consultas” con sacerdotes y maestros de “postas”, funcionarios y principales vecinos con la intención de “informarse” acerca de “usos y costumbres”, población de ciudades y pueblos, además de condiciones económicas de la vida urbana y rural.
Necesario es poner de relieve el hecho de que, aparte de la observación directa, debió de aprovechar también, como “fuente” informativa, libros y documentos, pues así lo demuestran los datos históricos que enriquecen su libro, cuya primera edición vio la luz en Gijón en 1773, si bien, a juicio de algunos investigadores, se trataría de una edición “clandestina” de Lima. Época en que ocupaba el trono de España Carlos III, siendo gobernador del Río de la Plata Juan José de Vértiz y Salcedo, quien fue posteriormente el único virrey “criollo” que estos territorios tuvieron.
‘Concolorcorvo’ expresó escasa simpatía por los “historiadores”. Coincide con el filósofo griego Aristóteles en cuanto a considerar superior la “imaginación” a la fiel “reconstrucción” de los hechos pasados en su integridad. Y por ello sostiene que comúnmente los “historiadores” andan a tientas buscando la verdad, mas necesitan de los “viajeros” para hallarla. De tal modo que nos revela cómo aquéllos son los “ciegos” y éstos los “lazarillos”, con lo cual queda resuelta la razón del “título” de la obra. ¿Tal vez una reminiscencia del Lazarillo de Tormes, atribuido, entre otros, a Diego Hurtado de Mendoza?