Opinión

La novela de un mundo empequeñecido

Fernando Arabuena | 27 de septiembre de 2021

‘Gulliver Miranda en Liliput’                                                                                       

Frente a aquello que irremediablemente nos aplasta, es buena la ironía, parece decirnos Albert Camus, en el Hombre Absurdo. Y bien lo sabe el escritor, poeta y cronista chileno Edmundo Moure (4 de febrero de 1941) fillo de galego, como le gusta reconocerse y ponderarlo, quien nos trae en su última novela el absurdo reflejo de un mundo empequeñecido.

Una mirada crítica, aparentemente desenfadada, de este autor y asiduo lector del Quijote, que lejos de hacerle perder la cordura, parece haber infundido en los personajes de su libro esa moral del fracaso que nos deja tan desamparados de las grandiosas y lejanas epopeyas. Y es que estas andanzas en un Chile tan actual y poco equitativo, transcurren envueltas en las patéticas circunstancias de los perdedores, esos que no tienen más que las uñas y los dientes para alcanzar un sueño distorsionado y envilecido, herencia de un mundo que les ha negado las oportunidades.

Desde el inicio, la novela nos lleva a la marginalidad de sus personajes, un lugar secreto, único y poco evidente en un mundo exitista que tiende a invisibilizarlos.  Allí se mueven con naturalidad y verosimilitud, entretejidos en una entretenida trama con interesantes componentes narrativos, que incluye hasta sesiones de sicoanálisis, sea del científico psiquiatra o de los aficionados beodos que se confortan entre sí.

Y cómo no, si evidencia un tiempo en que han caído los ideales y los metarrelatos que antaño guarecían tanto.  Así, no queda más que creer en la oferta y la demanda y esperar lo imposible; porque no hay nada que perder cuando no le has ganado a nadie; el mundo ya está desbaratado; las iglesias y las oficinas estatales están agrietadas, y solo hace falta buscar un bar con los camaradas perfectos, para embriagarse y urdir la más descabellada de las empresas.

Es en este desolado escenario posmoderno donde Edmundo Moure nos muestra una novela a dos narradores, siempre enriquecida por su amplio lenguaje y citas literarias; en un contexto en el que se desenvuelven personajes vívidos y verosímiles, donde no falta la figura femenina inquietante, que parece cargar con un sino culpable asignado a la mujer desde el Génesis. Y son estas distintas voces que conforman la historia de un personaje escritor marginal, aplastado por las circunstancias y su propia dispersión.  Sin duda, el contexto al que nos lleva la trama la hace una novela tremendamente cercana, con una problemática medioambiental cuyo único objetivo es preservar la subsistencia humana, entendida como mercado para los futuros intereses económicos que deben adaptarse a la devastación planetaria.

Y en este contexto en ruinas, ¿qué nos muestra esta novela tan coyuntural? Sólo lo que nos queda de autenticidad para reconocer el espejo que nos enrostra; mostrado, a través de un grupo de perdedores, ilusionados con un triunfo según los cánones de la actual sociedad económico-exitista, padeciendo la caída de nuestros propios valores al tratar de mendigar un poco a la suerte.

Pero eso no es todo, porque así como la agria manzana puede ser acaramelada; la entretenida narrativa llena de un suspicaz lenguaje coloquial, nos saca muecas de sonrisa, una cruda sátira al desamparo de un sueño que trata de escribir equivocadamente en las hojas de la vida, y a la luz de los actuales conocimientos científicos de la genética, una idea escalofriante, pero hipotéticamente posible que parece convertirla en una novela de anticipación.

                                              

Fernando Arabuena (Cauquenes, Chile, 1970), poeta, escritor, profesor de Conceptualización Creativa, en universidades y escuelas de Publicidad en Chile.

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