Opinión

Visión de piedra y luz en la antigua Tui

Estoy contemplando aquellos hermosos dibujos nacidos de la pluma del gran artista que fue Carlos Sobrino Buhigas. Son los de la antigua y nobilísima ciudad de Tui, la cual se encuentra situada arriba de una rocosa colina, a las mansas orillas del río Miño, ya en la frontera gallega con su hermana Portugal.
Visión de piedra y luz en la antigua Tui
Estoy contemplando aquellos hermosos dibujos nacidos de la pluma del gran artista que fue Carlos Sobrino Buhigas. Son los de la antigua y nobilísima ciudad de Tui, la cual se encuentra situada arriba de una rocosa colina, a las mansas orillas del río Miño, ya en la frontera gallega con su hermana Portugal. Embebida de míticas raíces griegas, se nos aparece –en la época romana– bajo el nombre de ‘Castellum Tyde’ como cabeza de la comarca de los Grovios, integrada en el ‘Conventus Bracarensis’. Durante el período de los Suevos se acuñaron monedas de oro. En el reinado de los Visigodos el rey Witiza tuvo acá su corte: en la cercana parroquia de Pazos de Reis. En torno al año 721 sufrió la invasión de los árabes, siendo reconquistada por el rey Alfonso I en el 740, en el mismo siglo VIII. Padeció asimismo destacadas invasiones de los Normandos, más tarde expulsados por el rey Ordoño II. Mas renovadas invasiones árabes y normandas implacablemente dejaron en lastimosas ruinas la histórica ciudad. Merced a Doña Urraca –hermana del rey Alfonso VI– al fin fue restaurada en 1071.
El rey Fernando II, ya en 1170, otorga al Obispo la autorización para construir las murallas y las torres con la finalidad de fortalecer la nueva ciudad en su viejo emplazamiento, adquiriendo también las propiedades que en ella poseían el Obispo y el Cabildo de Tui. ¿De qué modo podríamos olvidar su protagonismo en los trascendentales acontecimientos de la historia de Galicia durante la Edad Media? Inexorable encrucijada de caminos entre el sur de Galicia y norte de Portugal, a través de Tui pasaba la celebérrima ‘Vía XIX’ del itinerario romano de Antonino: partiendo de ‘Brácara Augusta’, iba en dirección a ‘Lucus Augusti’ y a ‘Brigantium’. Vital centro de comunicaciones. Tui ejerció su predominio con la inmejorable ayuda que le proporcionaron sus antiguos puertos fluviales del Medioevo.
Frente a la Catedral de Tui, evoco su antigüedad de la primera mitad del siglo XII, cuando fue erigida en el mismo emplazamiento ocupado por la primitiva de los Suevos. Debido a las frecuentes guerras con la naciente Portugal, su construcción fue interrumpida. A comienzos del siglo XIII las obras tuvieron su término, por lo que en su planta y alzados corresponde a los estilos del Románico y del Gótivo. Ulteriormente se le fueron agregando diversas Capillas de incuestionable valor artístico. Desde la docta compañía de Domingo Cameselle Bastos y Ernesto Iglesias Almeida –entre las breves pero sustanciosas páginas y fotografías de su libro-guía Tui, Historia y Arte– aprendemos y gozamos de la visión exterior: fortaleza medieval con sus almenas, torres y la inefable portada de arte Románico, con sus tres originales arcos y la imagen del primer obispo tudense San Epitacio, que data del siglo XII. ¿Quién podría olvidarse de esta portada, una de las más bellas de Galicia merced a sus composiciones escultóricas del primer tercio del siglo XIII? Ya en el interior, tres naves, prolongándose las laterales en el transepto único de las iglesias románicas excepto la de Santiago de Compostela.
Y en la nave mayor, he ahí las imágenes ecuestres de Santiago Apóstol y de San Telmo. Al entrar, a mano derecha, la Capilla de Santa Catalina: la Capilla-Museo Catedralicio. Los retablos de la Soledad y de la Expectación, la de San Telmo y la de San Pedro y la de Santiago Apóstol. Y la bóveda estrellada que protege la Capilla Mayor.

Visión de piedra y luz en la antigua Tui