Opinión

Rafael y Joaquín Caamaño y Pardo, ferrolanos del siglo XVIII

| 22 de enero de 2009
Rafael Caamaño y Pardo –hermano de Juan José y de Joaquín– nació el 14 de abril de 1762 en Ferrol de las tierras de Galicia. Su padre, don Vicente, fue el director del Cuerpo de Pilotos del Departamento Marítimo. Finalizó la carrera de guardia marina en 1782 y tuvo participación en el bombardeo de Argel. Cuando alcanza el grado de teniente de fragata y ‘caballero de justicia’ de la Orden de Jerusalén, el Rey lo nombra ministro Encargado de Negocios en la isla de Malta, donde prestará sus servicios hasta que intervenga la mano de Napoleón. Nuevamente en España, toma parte en la Guerra de la Independencia y es investido como comendador. Es ascendido a capitán de navío. Al fallecer su hermano Juan José, se convierte en el heredero de su Casa y linaje.
Conviene recordar que –aparte su actividad militar– despliega una señalada tarea filantrópica. Es impulsor de la instalación del alumbrado público en su ciudad natal. Y durante la primera Guerra Carlista cede las rentas de sus propiedades de Neira y Carballido, con un valor de 2.000 pesos anuales para atender las necesidades de la campaña. Con tan sólo 20 años fue uno de los fundadores de la Congregación del Hospital de Caridad, llegando a ocupar en 1836 el cargo de Hermano Mayor: en su toma de posesión entrega una limosna de 1.000 reales, obsequia un preciado cuadro a la institución sanitaria, una nueva cocina con otros bienes, al tiempo que costea la reparación de tres salas para enfermos. Al cabo de un año, cesa con toda la Congregación y se hace cargo del Hospital y Junta Municipal de Beneficiencia. Contribuye asimismo, merced a sus donaciones, a la fundación del Museo Naval de Madrid, inaugurado en 1843; por ello mismo, uno de sus retratos puede verse en lugar preferente de las salas del Museo. También otro retrato suyo se conserva en el Hospital de Caridad, el cual él mismo, como ilustre benefactor, donara. Senador del Reino, falleció el 24 de febrero de 1849.
Su hermano Joaquín Caamaño y Pardo, al igual que Juan José y Rafael, participó en la Guerra de la Independencia, recibiendo, debido a sus méritos, grandes honores concedidos por la Junta Suprema de la Nación. Cuando el sitio de la plaza de Badajoz, se opone a su capitulación desde su puesto de teniente coronel y encargado de la artillería. En cuanto la plaza se entrega al final a las fuerzas francesas, mandadas por el mariscal Mortier, cae prisionero igual que el resto de la guarnición. Tras sus penosas heridas, llega a Cádiz y ocupa la presidencia de la Junta de Jefes de Artillería de dicha zonal militar. El Consejo de la Regencia por su valor lo asciende al empleo de brigadier de Infantería.
Ya en 1812, es designado gobernador de Alicante, dedicando sus esfuerzos a combatir las pestes y el hambre que sufren los soldados. Al término de tres años ocupa el cargo de gobernador político y militar de Figueres, en Cataluña. En 1844 la Corporación municipal de dicha villa acuerda da su nombre a una de sus calles, en reconocimiento de los vecinos, a causa de las notables mejoras llevadas a cabo bajo su mandato. Alcanza el grado de general. Y continúa la tradición familiar, regentando el cargo de Hermano Mayor en el Hospital de Caridad de Ferrol. Fallece en la ciudad que lo vio nacer el 15 de abril de 1849.
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