Opinión

Manuel Fabeiro Gómez y el amor musical de Noia

| 13 de noviembre de 2009
Junto a mí tengo Noia: tradición musical, nº 2, Publicacións Sociedade Liceo, 1991. Su autor, Manuel Fabeiro Gómez, quien en aquel ya lejano mes de agosto de comienzos de la década de 1990, publicó una tan sugerente como documentada monografía en torno a los valores artístico-líricos de la villa noyesa. “La cultura de un pueblo no tiene idioma específico. Las nacionalidades bilingües pueden hacer uso indistinto de cualquiera de sus idiomas o de los dos a la vez –escribe en el primer párrafo de su texto–. No por eso la cultura merma ni en su actividad ni en sus resultados. No es lógico cerrar los ojos y aquí en nuestra tierra hacer uso exclusivo del castellano, como se efectuó en épocas distantes y desgraciadas, ni del gallego, como se pretende ahora demagógicamente”.
Durante los siglos XV y XVI Noia en la celebrada Iglesia de San Martiño ostentaba un organista por oposición, quien, sobre todo cuando algún ‘Gremio’ lo exigía o interesaba, ofrecía conciertos, según las referencias halladas en viejos documentos que, lamentablemente, no citan autores ni títulos. No olvidemos las ‘Comedias’ –en puridad, ‘Asuntos Sacramentales’– que se representaban en el interior de la Iglesia. Con actores noyeses, se hacía mención de los gastos “por las candelas para la preparación y ensayo de las comedias”. La villa contaba incluso con ‘Casa de Gramática’. Conviene señalar que en las festividades de los Patronos de los Gremios y Cofradías, cada uno presentaba su Estandarte, imagen del Patrón, parejas de danzantes y gaiteros con sus tamboriles. Por entonces eran doce Gremios y cinco Cofradías, las cuales seguramente continuarían en los siglos XVII y XVIII.
Es digno de curiosidad y recordación cómo los días 20 y 21 de septiembre –celebrando la publicación de la Constitución política de la Monarquía Española, apodada ‘La Pepa’, en 1812– tuvieron lugar fiestas a lo grande. Fue erigido un templo dedicado a Themis, “diosa del buen consejo, que preside el orden y avisa a los hombres lo recto y conveniente”, mostrando “cuadros” con la representación del rey Fernando VII, Lord Wellington, Duque del Infantado, General Castaños y Marqués de la Romana. Tomaron parte en ellas los siguientes artistas locales: Don José Ramón Salcedo, escultor. Don José Antonio de Agra, entallador. Don Juan Antonio Fabeiro, escultor. Don Antonio Rudiño, pintor. Don Inocente Rodríguez, pintor. Y el “aficionado” Don José Romero. Acudieron los Gremios acompañados de sus Comparsas y parejas de “danzadores”. Los marineros, los carpinteros, los sastres. Se cantaban las “letrillas”, distintas en cada fiesta, en las que a veces se hacían constar “vals”, “pasodoble” o “jota”, para que el público asistente cantase y bailase.
Nos admiramos ahora ante las tres láminas en esta monografía reproducidas: ‘Carnavales’, 1882, en papel rosa. Carnavales, en papel blanco. Y sin fecha, probablemente idéntico año, en color púrpura. Las tres vieron la luz en la imprenta del periódico ‘El Zumbido’. A continuación, Manuel Fabeiro Gómez –tantos años residente en la Argentina, poeta, colaborando culturalmente en Buenos Aires con la Colectividad Gallega– nos reaviva las ‘Sociedades’ de Noia desde 1879, con el ‘Recreo Artístico e Industrial’. Asimismo evoca las ‘Bandas de Música’ que, en el siglo XIX, década de 1880, eran dos: la municipal del Maestro Chirinos o ‘del Hospicio’, y la creada por el Maestro Cobas. Finalmente, se centra en el teatro, las zarzuelas y las numerosas corales de la musical geografía de Noia.
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