Opinión

‘Tras las huellas de mi padre’ de Michel Kayoya

| 28 de mayo de 2009
Tras las huellas de mi padre es el título en castellano correspondiente al del francés Sur les traces de mon père, larga narración de Michel Kayoya, publicada por Editorial ‘Mundo Negro’, Arturo Soria, 101, Madrid, 1990. Traducción a cargo de Ramón Echeverría y con portada de Diego Tapia. Fue Michel Kayoya un sacerdote burundés asesinado en 1972 en compañía de otros ministros de Dios, además de cien mil conciudadanos –¿o tal vez doscientos mil?– durante la mayor masacre tribal que hasta la fecha haya tenido lugar en África. Caracteres de verdadero genocidio, mientras los sacerdotes morían cantando el ‘Magnificat’.
Kayoya pertenecía a los ‘hutus’, en tanto que los asesinos eran ‘tutsi’, la etnia minoritaria que ejerce el dominio del país. En 1971, es decir, el año anterior, el autor publicó este libro, quien aún no había cumplido los cuarenta años, caracterizado ora por su inteligencia, ora por su don de la observación. La personalidad de Kayoya, transcurridos treinta y siete años después de su muerte, continúa vigente como humana fuente de inspiración y paradigma para no escasos jóvenes africanos. Hace ya unos cuantos años que este largo relato fue traducido al inglés y con notable éxito en el África Oriental. Rememoremos asimismo la publicación en castellano del libro El niño africano de Cámara Laye, bastante antes de descubrirse en España la obra literaria de Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura en 1986.
“La traducción que nosotros damos”, escribe J. Ramón Echeverría, presbítero, “se conforma con el sentido dado por el Diccionario Rundi del Reverendo Padre Rodegem (Edit. ‘Les Presses Lavigerie, Bujumbura, Burundi’). Entre las nociones –inherentes a la lengua y mentalidad burundesas– que él aclara en su ‘Advertencia’, sobresale el vocablo imana, que traduce la palabra “Dios”, el Todopoderoso, el Creador, el Inmortal. También iteka, con el significado de “orden, ley, edicto, ordenanza”; mas, sobre todo, con la semántica de “dádiva, beneficio, don gratuito”. Otra de ellas es ubufasoni, cuya traducción es compleja: “cortesía, nobleza de origen, nobleza de vida, honestidad, gentileza”. Umufasoni es un noble, un hombre respetado. Rufasoni, que es adverbio, suele traducirse por “noblemente”. Ubuntu es término abstracto con sentido de acervo de cualidades y matices que contribuyen a que una persona se aproxime a lo que denominan “perfección humana”. Para traducir el significado de “la virtud de la justicia” o “la honradez” o “decir la verdad” y así “vivir en paz” nos hallamos con el vocablo ubutungane. Entre su léxico, en fin, digamos que ubuvyevi expresa “maternidad, paternidad” tanto como “la bondad, la generosidad”.
En su Primera Parte ‘En busca del yo’, la extensa narración de Michel Kayoya nos sumerge en “perdido en el mundo de los blancos” con “nostalgia del país natal”. Afloran los “nuevos valores”, “la misma edad, el mismo lenguaje” y sus “testimonios”. En su Segunda Parte titulada ‘Miradas sobre el Mundo: compromiso’, navegamos por “la tentación del comunismo” mediante la “conciencia del colonizado” y el “retorno a la vida”. Henos ya ante el “redescubrimiento”: “bautizado a pesar mío” y, al fin, el “cristianismo”. Así, “el comunismo al desnudo” presentándonos la dualidad “capitalismo-comunismo” hasta la “decepción” y el “compromiso”. Y su Epílogo, definitivo: “La vida es una lucha por la vida”.
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