Opinión

Un golerazo llamado Ladislao

En la esquina la barra está hablando del buen laburo que es ser entrenador de fútbol o director técnico. Que si ganan la re-guita que si laburan unos años en Europa y se forran. Se lamentan de no haberse apuntado en el Instituto Superior de Educación Física de Montevideo para cursar los estudios pertinentes.
Un golerazo llamado Ladislao
En la esquina la barra está hablando del buen laburo que es ser entrenador de fútbol o director técnico. Que si ganan la re-guita que si laburan unos años en Europa y se forran. Se lamentan de no haberse apuntado en el Instituto Superior de Educación Física de Montevideo para cursar los estudios pertinentes.
Se acerca don José Gervasio que a pesar de estar jubilado está al día en temas deportivos después de más 30 años de lucha como periodista especializado.
Le comentan que fueron unos giles al no dedicarse al entrenamiento profesional de equipos de fútbol porque en cualquier cuadrito de segunda división ganarían más allá en un mes que acá en todo el año.
–Bueno… muchachos. Paremos el carro. Ahora mismo acabo de cruzarme con el ‘gayego’ Joaquín Carracedo. No sé si se acordarán que jugaba de centrocampista. Jugó en Cerro y en Sud América siempre a buen nivel durante 10 años.
–La verdad don José que a nosotros nos saca de Peñarol y Nacional y casi no conocemos a nadie.
–Los comprendo, botijas. Tenemos tantos equipos que resulta complicado porque además los diarios hablan solamente de los grandes. Los cuadros llamados chicos no interesan. Lamentablemente es así. Les cuento que Carracedo que se crió en el Cerro fue quien me dijo que la madre del gran golero peñarolense Ladislao Mazurkievich era ‘gayega’ de apellido Iglesias. Se dan cuenta…la emigración la unió con un polaco. Yo tengo un buen amigo hijo de polaco, Henrick Drececk, que vive en la calle La Paloma que me enseñó algunas palabras –malas, claro está– en aquel idioma.
–Entonces usted coincide con nosotros en que es una papa ser entrenador. Además se gana más que con cualquier profesión universitaria sin tener que romperse el mate estudiando.
–No, para nada. Ninguna coincidencia porque ustedes se embalan enseguida. Se ponen a construir castillos de arena lejos de las playas del Buceo o de Malvín. El ejemplo de Carracedo me viene al pelo para que vean que la cosa no es fácil.
–Pero don José…volvemos a la depre. Que no es fácil. Que el fútbol no es lo que era. Que el Frente Amplio podía hacer más.
–Ta. Reconozco que a veces me paso de pesimista. El estar jubilado me está dejando sin neuronas –si es que tenía alguna– pero en este caso concreto tengo información de primera mano. Por favor, déjenme que les cuente. El amigo Carracedo si mal no recuerdo quitó el título en 1978. En 1979 debutó con ‘Central Español’. Le salió bien porque llegó a estar segundo en el campeonato uruguayo con un cuadrito muy parejito. Se le ocurre viajar a su tierra con un proyecto muy lindo para una Selección Juvenil Gallega. Yo les pregunto qué fue lo que pasó.
–Si nos lo cuenta es porque sus paisanos no le dieron bola. Suponemos que fue así la cosa. No hay que ser filósofo del fútbol para saber que un entrenador sin bola –que no es lo mismo que sin bolas– está jodido.
–Veo que adivinan por donde voy. Parece mentira que a Carracedo no le mirasen siquiera el currículum. Ni para entrenar a los jóvenes ni para el Compostela (que a lo mejor se salvaba del descenso). En el precioso pueblo marinero en que nació, Laxe, está de alcalde un primo suyo. Es buena gente y a lo mejor puede echarle una mano pero es un municipio pequeño de apenas cinco mil habitantes. Es de no creer que al único ‘gayego de Galicia’ que se tituló en el Uruguay no lo contrate nadie en su tierra. Por eso ustedes que son extranjeros lo tienen mucho más difícil y además con la competencia de varios porteños truchos que se la dan de muy buenos profesionales.

Un golerazo llamado Ladislao