Opinión

Geopolítica del Mundial

A falta de conocer quién será el campeón del Mundial Sudáfrica 2010 (esta columna se escribe el miércoles 7, horas antes del encuentro Alemania-España), el torneo africano ha demostrado una nueva geopolítica del fútbol mundial.
Geopolítica del Mundial
A falta de conocer quién será el campeón del Mundial Sudáfrica 2010 (esta columna se escribe el miércoles 7, horas antes del encuentro Alemania-España), el torneo africano ha demostrado una nueva geopolítica del fútbol mundial.
Ni la actual campeona Italia, eliminada en la primera ronda, ni el favoritismo de Brasil, Argentina, Inglaterra o Portugal, ni la caducidad de ex campeonas como Francia, pudieron confirmar la preeminencia de la élite futbolística. Hasta los cuartos de final, el Mundial presentó a cuatro selecciones sudamericanas: Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, curiosamente el bloque MERCOSUR; una selección africana, Ghana; y tres europeas: la siempre presente Alemania más las revelaciones España y Holanda.
En octavos de final, otras selecciones como EEUU, Corea del Sur, México, Japón, Eslovaquia y Chile demostraron los avances del fútbol, un deporte cada vez más globalizado, competitivo e igualado.
Como en la geopolítica global, los polos de poder también están cambiando en el mundo del fútbol. Selecciones pequeñas que comienzan a ser clásicos de los Mundiales, como Paraguay, ya se miden sin complejos con los grandes del fútbol mundial. Por otro lado, Uruguay se metió en las semifinales, recuperando un prestigio perdido durante años.
Siempre considerada una favorita que termina decepcionando, España logró por primera vez alcanzar unas semifinales, con la posibilidad de instalarse en la final y ganar el Mundial. Alemania sigue demostrando su fortaleza en los grandes torneos mientras Holanda reverdeció viejos laureles, alcanzando su tercera final.
Tampoco brillaron las estrellas Leo Messi, Cristiano Ronaldo o Ricardo Izecson dos Santos ‘Kaká’. Sus testigos han sido recogidos por el español David Villa, el holandés Wesley Sneijder, el alemán Mesut Özil o el uruguayo Diego Forlán. Las individualidades, siempre decisivas, han perdido eco ante los planteamientos colectivos, donde la fortaleza física y la rapidez de circulación de balón dominan sobre los destellos personalistas.
El próximo Mundial 2014 será en Brasil, un polo de poder emergente en el concierto de la geopolítica global. Ese mismo país también organizará los Juegos Olímpicos de 2016. Puede que, tras dos fracasos mundiales (2006 y 2010), Brasil vuelva a ganar la competición. Pero lo que parece claro es que, como en la geopolítica, el fútbol determina el ascenso de nuevas alternativas que hacen de ese deporte un espectáculo tan apasionante como imprevisible.

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