Opinión

“Falas gaias ó meu son” (1930), obra de Odón Fernández Rego

| 09 de agosto de 2010
Falas gaias ó meu son es el título de la obra de Odón Fernández Rego que el “Grupo de Comunicación ‘Galicia en el Mundo’” ha editado –bajo la coordinación de Lois Pérez Leira– en Vigo, 2010, dentro de su colección “Crónicas de la Emmigración” y auspiciado desde el marbete de “200 años de Historia en común. Galicia–Argentina”. Con la maquetación de Graciela Alba Burgos y la corrección y traducción lingüística de Gael Vaamonde, el libro se nos ofrece ante las puertas abiertas a la eterna poesía gallega. “Los recuerdos de mi abuelo remiten a mi primera infancia –escribe en el “Prólogo” Jorge Coscia–. Lo veo sentado, en pijama, en su dormitorio. El ruido de un reloj de fondo. Me veo junto a mi hermano Carlos correteando a su alrededor, provocando su pícara vejez que nos alentaba a darle pelea, a despabilarlo incluso con alguna inofensiva patadita de niño de tres años”.
“Leyendo las páginas de sus Falas gaias, deduzco que la empresa artística ha sido en mi familia una carrera de postas y que no he hecho más que continuar con una vocación que comenzó en las inquietudes de un rapaz de Lugo, a finales del siglo diecinueve, en la casa de San Roque, 20, cerca de la muralla”, prosigue su nieto Jorge Coscia. Biográficamente hablando, Odón Julio María Fernández Rego nació el 9 de septiembre de 1882 en la bimilenaria “Lucus Augusti”, muralla romana lucense, frente a la que hoy es Patrimonio de la Humanidad. Su padre era de Castroverde y su madre de Cospeito. El padre de Odón fue un agraciado comerciante dentro del ramo de granos: sus negocios alcanzaron a relacionarlo con países como Uruguay o Rusia.
Odón Fernández Rego vino a estudiar a Compostela en 1904 en la Universidad Literaria. Luego vendría el período de la emigración: primeramente, Cuba, y después Argentina. El martes 28 de septiembre de 1909 parte desde el puerto de Vigo en el barco “Frankfurt”, propiedad de la línea naviera “Lloyd Norte Alemán” con sede en Bremen. Odón y sus hermanos llegaron a Buenos Aires el 19 de octubre de 1909, con veintisiete años, cuando la Argentina estaba preparándose para conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo de 1810, el denominado “Primer Grito de Libertad”. Recordemos los años de luchas obreras en 1909 y 1910 durante el gobierno conservador de Figueroa Alcorta. En la capital porteña estudió Odontología, su gran fervor al igual que el de la escritura poética. Era habitual de la peña gallega “Los céltigos” que se reunía en el célebre bar “La Armonía” –fundado por los hermanos Caneda– de la Avenida de Mayo, al 1000, en el cual podía degustarse un sabroso chocolate con churros. A la tertulia acudían, entre otros, a comer el “puchero” personalidades como Eduardo Blanco Amor y Ramón Suárez Picallo. Colaboradores de la Revista “Céltiga”, asimismo frecuentaban “La Armonía” Lola Membrives, Elías Alippi y Evaristo Carriego. A los treinta y ocho años se casó con Pilar Márquez, madrileña de quince años, viviendo prósperamente en su casa de Carlos Pelegrini, 14, esquina Avenida de Mayo. Afamado odontólogo, superado por al crisis de la década de 1930, a la caída de Hipólito Irigoyen, Odón se trasladó a James Craig, provincia de Córdoba. En 1948 viaja a Lugo, fallece su madre Josefa. Retorna a Buenos Aires y allá expira el 10 de junio de 1956.
Leemos los poemas “Martín Fierro” y “A Cervantes”, “Ría de Viveiro” y “A San Roque”, nostálgicos versos. Valiosísimo es su “Apéndice fotográfico”, familiar, social y sugerente.
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