Opinión

Un diputado porteño que las piensa

| 30 de octubre de 2008
En la esquina la barra está a vueltas con lo de la memoria histórica. Los muchachos sostienen con convicción que en el Uruguay hay mucho que esclarecer sobre los milicos asesinos y torturadores. No quieren que pase como en España que después de 60 años seguimos sin saber el lugar en que enterraron a los defensores de la legalidad democrática.
Se acerca don José Gervasio. Enseguida le llueven las preguntas y los comentarios porque el hombre es de fiar para cualquiera de los asuntos refereidos a derechos humanos. Su condición de periodista jubilado hace que su opinión sea siempre escuchada por la juventud si bien muchas veces no se comparte.
–A ver... don José. Usted que lee todo y tiene amigos en España ¿cómo la ve esta onda justiciera del juez Garzón?
–Bueno, muchachos. Veo que andan con el tema de la memoria histórica lo cual me alegra un poco ya que no todo es fútbol. La verdad que llevaban unas semanas llenas de fútbol y más fútbol. Ya saben mi frase de “además de Paco Casal también podemos hablar de...” Bien. Lo del juez Garzón se inscribe dentro de una realidad social que estuvo metida dentro de un cajón oscuro durante 40 años. Mientras mandó el sorete de Franco había que joderse. No tenías otra. Luego vino la transición. Hubo que dialogar. Los muertos del golpe franquista tuvieron que esperar.
–La miércoles, che! Mirá que le dieron vueltas para estar todo muy retrasado. No parece muy difícil, creo yo. Se hacen listas por municipios de los desaparecidos que van a un registro central y sobre estos archivos de datos se comienza con las exhumaciones de cadáveres.
–Pará...pará el carro que la cosa no es tan papa. No se olviden, muchachos, que hubo 8 años en que gobernó la derecha heredera del franquismo que no quiere oír hablar de recuperar nada. Si le sumamos que la iglesia tampoco está por la labor tenemos una cantidad de frenos. Muchos familiares de los muertos en las cunetas también fallecieron y la información de testigos es básica para la localización de las fosas comunes. Allá son los asesinados en las cunetas.
–De acuerdo don José que no se hace de un día para otro. Pero no nos negará que en España hubo algo así como un velo delante de los ojos. Muchos ciudadanos quieren morfar bien y chupar un buen vino. No quieren oír hablar de que al lado de su casa le metieron chumbo a unos vecinos honrados.
–Que si...botijas. Los entiendo pero si miramos para acá mismo. En la otra cuadra después del golpe se llevaron al ‘Pocho’ y nunca más se supo. A nosotros que somos cuatro gatos nos hicieron lo mismo. Acabo de leer que en Buenos Aires el diputado porteño Raúl Puy presentó un proyecto de ley para cambiarle el nombre a la calle Ramón L. Falcón. Quiere que se le ponga el nombre de Juan Ángel Pinker.
–Buena idea, sí señor. Parece que los porteños se están avivando. Este facineroso de mierda Falcón fue el represor de la huelga famosa de la Semana Roja, si mal no recordamos. Lo que no entendemos es la razón de que haya inmorales que reciban el homenaje de una calle con su nombre.
–Si...es el famoso Jefe de Policía que el primero de mayo de 1909 reprimió con muerte la concentración obrera en la plaza del Congreso. La FORA [anarquista] organizó su celebración y la GGT [socialista] la suya. Estaban cerca unos en Congreso y otros en Constitución. El terrorista Falcón mató a diez trabajadores e hirió a unos 80. Luego fue condecorado por la Bolsa de Comercio y la Cámara de Cereales. Las dos centrales sindicales acordaron una huelga general que duró una semana y los historiadores dicen que fue la primera gran movilización social reivindicativa de la Argentina. Hablan de más de 250.000 trabajadores en huelga.
–Lo que no sabemos es nada sobre el tal Pinker. Nos gustaría que en el Palacio Legislativo se mueva alguien en la línea del diputado Puy porque nosotros también tenemos “bronces malditos” como les llama Osvaldo Bayer.
–La verdad que Puy la pensó bien. Quiere que se recuerde a Pinker porque significa una contrafigura al tristemente celebre Falcón. Pinker fue Jefe de la Policía Federal entre 1986 y 1989. Su muerte repentina en el cargo dejó a los argentinos sin un hombre de gran honradez y compromiso personal que estaba acometiendo el complicado laburo de transformar la administración policial de acuerdo con las necesidades de un estado democrático. Siguiendo al siempre ético Bayer en nuestro Montevideo habrá que mandar para la fundición algunos bronces y convertirlos en algo útil como por ejemplo canillas para el agua.
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