Opinión

El ‘Checo’ Fangio, la sabiduría del gaucho argentino

“Cuando éramos chicos, papá armó un brasero muy práctico. Dentro de un cajón ponía una palangana a la que agregaba ceniza y sobre la ceniza carbones encendidos. Alrededor de ese cajón, mis hermanos y yo nos calentábamos los pies, mientras papá Loreto nos contaba sus recuerdos, sus aventuras, sus problemas… Todo eso quedó para siempre en nuestras mentes…”.
El ‘Checo’ Fangio, la sabiduría del gaucho argentino
“Cuando éramos chicos, papá armó un brasero muy práctico. Dentro de un cajón ponía una palangana a la que agregaba ceniza y sobre la ceniza carbones encendidos. Alrededor de ese cajón, mis hermanos y yo nos calentábamos los pies, mientras papá Loreto nos contaba sus recuerdos, sus aventuras, sus problemas… Todo eso quedó para siempre en nuestras mentes…”. Así se expresaba, tierna y sinceramente, Juan Manuel Fangio –el ‘Quíntuple’ campeón de automovilismo del mundial Fórmula-1, nacido en la ciudad de Balcarce en la provincia de Buenos Aires, del cual conmemoramos el Centenario de su natalicio el 24 de junio de 1911–, cuando quería evocar el amoroso ámbito de su familia.
“Corriendo en Europa, fui al pueblo de Castiglione Messer Marino donde había nacido mi papá, en los Abruzos”, recuerda en otra oportunidad. “Cuando llegué a la fuente de la plaza que él había descrito… Allí donde la gente iba a buscar agua… Donde de lavaba la ropa, donde el burro abrevaba… Me pregunté: ‘¿Cómo salió de su pueblo mi abuelo, en 1877?’ Un lugar que casi nadie conoce hoy y que me costó encontrar…”. Entre las anécdotas y reflexiones que conservamos de su sencilla y cautivadora personalidad, no quisiéramos pasar por alto la siguiente: “Cuando hacía el Servicio Militar en 1931, en la Escuela de Artillería de Campo de Mayo, vestido de conscripto, tomaba el tranvía por la parte de adelante y no pagaba boleto. Yo iba de Campo de Mayo a Chacarita, donde vivía con una tía. Me daban franco los fines de semana. Estuve trece meses y ocho días en el servicio, en Buenos Aires, que me enseñó a valorar a la familia, a respetar a la gente”.
Acerca del mundo del deporte, Juan Manuel Fangio solía decir con la habitual campechanía del paisano y gaucho argentino: “Un joven siempre tiene en el deporte la posibilidad de encontrar un camino. A mí el deporte me encarriló. Primero, el fútbol y después el automovilismo… Los autos me dieron enseñanzas sobre la vida”. ¿Y qué comentar en torno a su redomada afición por la música? He acá una breve muestra: “El tango es la música que más me gusta. El tango en su letra habla de las cosas que pasan en la vida. La música del tango y el baile eran la oportunidad que tenía un hombre de mis años para conversar con una mujer e intimar con ella”.
“En la Argentina todos debemos trabajar más, desde el obrero al empresario”, afirmó Fangio en cierta ocasión al referirse al trabajo. “He visto en el mundo países que tienen menos y viven mejor gracias al trabajo”. En cuanto al temperamento y carácter de la persona confesaba: “A la gente se la conoce viajando, conviviendo. Porque, cuando se comparten momentos o espacios, uno se da cuenta de las conductas. Es que, por un rato, somos todos buenos…”.
El 25 de octubre de 1936 el ‘Chueco’ Fangio estuvo por vez primera al mando de un auto de carrera: como piloto, bajo el seudónimo de ‘Rivadavia’, nombre de su primer club de fútbol. Una carrera no oficial en el circuito de Benito Juárez, con un ‘Ford’ ‘A’ 1929, nº 19, color azul, que operaba como taxi y era propiedad del padre de su amigo Gilberto Bianculli, quien lo acompaña. Mas deben abandonar cuando marchaban terceros, a dos vueltas del final, por fundir una biela.

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