Opinión

Bacará

| 16 de junio de 2011
¿De qué santa hablamos, de cuál ángel o héroe o sacralizado templo? ¿Otra vez con lo mismo? Parece que no leyeron a León Felipe. Cuando era chico, es decir cuando no era grande, mi madre solía decir de alguien, elegante o supuestamente adinerado, que “seguramente jugaba al bacará”. Pobre madre, pobre. Con los años supe que se jugaba en los casinos, que era un juego de naipes. Luego lo pude ver a James Bond. Descubrí, con el tiempo, que también se llamaba baccarat o bacarrá. De adulto fui conociendo vocablos: timar, crupier, bandeja de descartes, banquero, caja de propinas. En verdad nunca jugué a las cartas ni pisé un casino. Creo que todo lo fui descubriendo leyendo los diarios, tomando café en diferentes bares, caminando por las calles. Me di cuenta que vivía en una especie de garito sin límites donde se desplumaba a la gente. Una suerte de timba continuada, como el cine de la infancia. Entonces todo es común: escándalos, ilícitos, condenas, hacinamiento, reelecciones, víctimas, tragedias, engaños. Y se puede descender más, claro que se puede. Tenemos gente peor, la tenemos. Fíjese usted a dónde llegamos. Nombramos por casualidad bacará y llegamos a la palabra corrupción. ¿Analogías, destino, predestinación? Qué pasará si llego a decir funcionario, político, fondos económicos, poder, carta, honestidad. Es curioso, tal vez uno llegue a circunstancias nefastas, poco creíbles. Surrealistas, dice el diariero.
Hablamos de hipocresías, caballeros. De montajes de espectáculos, señores. De aventureros mass mediáticos. De imágenes que se construyen porque son distintas a los políticos profesionales. De la honradez del devocionario. Que mienten, que engañan, que proponen. Y dicen y prometen. Que mienten como ladrones. Que la bondad humana y la honradez cambian las cosas. Miseria del lenguaje. Sin remilgos, olviden. No dicen estructuras. Estafan y son estafados. Con la moralina de “políticos decentes”, “militantes patriotas”, “empresarios honestos”, “sindicatos participativos”, “intelectuales éticos”. Zonas de fraude, borran las huellas del evangelio. Y santos y relicarios. Plagios. Crean la sobreactuación como aquella Mani Pulite. Fascina el engaño, la esperanza, el novio perfecto y la señorita casta. Mecanismos ocultos que construyen el poder, las sectas. Me repliego, nos replegamos. Y crece el fetichismo organizado. Al don, al don, al don Pirulero, cada cual, cada cual atiende su juego. Y el que no, y el que no, una prenda tendrá. La acomodación, el deslizarse. Ruptura, autoexclusión. Pragmático, compañeros, de rodillas.
Hay alguien que me está diciendo: “perturbador del statu quo”. Estereotipos, señores, estereotipos. Hagan juego, caballeros, hagan juego. A la genuflexión, al oportunismo. Con el sayo del tecnócrata. Al beneficio personal, al asesor, al académico. Sin transgresión ética. Seamos asépticos, burócratas, dispendiosos. Seamos populistas, oligárquicos, militaristas, nacionalistas, reformistas, cagones. La picaresca criolla. A engañar, a la política mezquina, realista. Seamos imbéciles, seamos beatos. En todo. A emplear la sexualidad mecanizada, a levantar las banderas de una sexualidad empobrecida, institucionalizada, castradora. Hermenéutica y promiscuidad. De la eficacia hablan los caballeros. De la eficacia, de los placebos, de las armaduras góticas. Hagan juego señores, hagan juego. Hay fórmulas presidenciales, hay listas, hay jefes de gabinete y barras bravas. Hagan juego, señores. A votar, a votar sin culpas.
Para pensar, amigo lector, para dar vuelta a la veracidad y a la idealización. Para ser irrespetuosos. ¡Ah, el olfato del predestinado! El sainete es nuestro género. El mejor eslogan de la confusión es ese saber político, reaccionario. Se hace evidente. Hay que descubrirlo. Nos constriñen. ¡Ah, el estilo de vida! La marginalidad, la desocupación, la manipulación indirecta.
Viven en sus ficciones, territorios de abstracción. Representan las estrategias de los mitos. Ante la declinación de la cultura política la autoexclusión. Sórdido, señores, sórdido. Contra los exaltadores optimistas, contra los que pontifican desde lo anacrónico. Todo se manipula. Burocracia sindical, ídolos, asesores de imagen. Ignoran o subliman los componentes psicosociales. Cosmética emocional o simbólica. Se recluye, se privatiza al sujeto social. Se lo atomiza. Crecen los discursos sin teoría. Se consume, se seduce. Y crece el chisme, el mentidero para explicar “la realidad”. ¿Qué cosa no se puede tocar, qué cosa es impoluta para la eternidad? ¿De cuál santa hablamos, de qué ángel, de qué héroe? ¿Esto que veo delante de las narices es el santuario? Esto da asco, caballeros, asco. ¿Me escuchan, compañeros? Asco. Embrujo, desarticulación, espejismo. Domesticación o muerte, bombo y cerveza. Lecciones de la historia; otro mito.

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