Opinión

‘El Drama Wagneriano’, obra de H.S. Chamberlain

| 18 de marzo de 2013

“Para comprender el arte de Wagner y apreciar la significación de sus obras teatrales es esencial y absolutamente indispensable determinar la naturaleza de su genio. Desde su juventud, Wagner fue siempre y por encima de todo ‘Poeta Dramático’. Sería paradójico, en verdad, afirmar que la música sólo ocupa en su obra un lugar secundario; pero hay que comprender que la música no es sino una de las fases del poeta”, escribe Houston Stewart Chamberlain en su estudio El Drama Wagneriano, Ediciones de Nuevo Arte ‘Thor’, Barcelona, 1980. Edición sobre la traducción de Heriberto Laribal incluida en la ‘Serie Monografías Monsalvat, número 5’. “Como el mismo Wagner ha dicho –prosigue Chamberlain en la ‘Introducción’ del libro–, el músico es el elemento femenino, y por su propia naturaleza, este elemento, si no es secundario, es cuando menos subordinado, y no crea sino cuando ha sido fecundado por el elemento masculino, el poeta. Es, pues, el poeta, el poeta dramático, al que hay que descubrir, antes que nada, en Wagner. Esto señalará el objeto y al mismo tiempo los límites de nuestra obra”.

En su capítulo primero –‘Antecedentes históricos’– Chamberlain nos evoca aquellas palabras de Wilhelm Richard Wagner: “Como artista y como hombre camino hacia un mundo nuevo”. Tras el “prólogo a la edición catalana” –con el recuerdo y gratitud para con la ‘Asociación Wagneriana de Barcelona’–, fechado en Viena el 7 de marzo de 1902, Chamberlain nos convida a examinar la ‘Teoría del Drama Wagneriano’ y “los dramas anteriores y posteriores a 1848”. A continuación, a visitar el cielo lírico de ‘Tristán e Isolda’, ‘Los Maestros Cantores’, ‘El anillo del Nibelungo’ y ‘Parsifal’. Como colofón, ‘Arte y Filosofía’, ‘Resumen y conclusión’, además de un gratificante ‘Índice de fotos’.

Houston Stewart Chamberlain nació en Southsea, Porsmouth, el 9 de septiembre de 1855, adscrito a una vieja familia de la nobleza inglesa. Se educó en la francesa Versailles y a los quince años fue enviado a Alemania, realizando desde entonces diversos viajes por Europa y estableciéndose a partir de 1879 en Suiza desde su primer matrimonio. Dinámico colaborador de Dujardin en los preparativos de su ‘Revue Wagnérienne’, comienza en 1833 sus actividades literarias. En 1888 traba conocimiento con Cósima Wagner en Dresde, con la cual mantendrá una prolija correspondencia, más adelante publicada. Es en 1892, no obstante, cuando escribe su obra fundamental: Das Drama Richard Wagners –traducida en España como El Drama Wagneriano–, al igual que un ensayo acerca de la vida y obra de Wagner. Respecto del primero, que conocería un enorme éxito de ventas, nos revelaría: “No he intentado en esta obra hacer una obra crítica. Todo mi esfuerzo se ha dirigido a asimilar lo mejor posible el pensamiento de Wagner”.

Intenso colaborador de las ‘Bayreuther Blätter’ y autor de numerosos libros en torno a la filosofía y el arte, a la política y a la etnología, Chamberlain –influido, aparte de Wagner, por Kant, Goethe y Schopenhauer– publicó en 1899 su segunda obra capital bajo el título Die Grundlagen des Neunzehnten JahrhundertsLos fundamentos del siglo XIX–, traduciéndose a diferentes lenguas y recibiendo un gran éxito de público tanto como una singular polémica. En 1808 Chamberlain se casó con Eva Wagner, hija del compositor de Leipzig, de quien el 22 de mayo de este mismo año conmemoramos el bicentenario de su nacimiento. Instalado definitivamente en Bayreuth, la casa vecina de Wahnfried, falleció el 9 de enero de 1927.

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