Villares asegura que la emigración fue esencial para crear la identidad de Galicia
La comarca del Val Miñor, compuesta por los municipios de Gondomar, Nigrán y Baiona, en la provincia de Pontevedra, celebró la semana pasada el primer centenario de la constitución de las ‘Escolas Val Miñor’, actualmente denominadas ‘Escolas Proval’, un centro educativo de referencia que se hizo realidad gracias a la Unión Hispano-Americana Pro Val Miñor, creada en Buenos Aires en 1905. Así pues, con el fin de conmemorar este acontecimiento, la dirección del colegio y el Instituto de Estudios Miñoranos prepararon, con la ayuda de otras instituciones, el congreso ‘Emigración e educación (1900-1936)’.
Creadas en 1909, las ‘Escolas da Unión Hispano-Americana Valle Miñor’ fueron desde sus inicios motivo de discusión entre los municipios del Val Miñor, ya que, a pesar de que en un principio se había pensado en la posibilidad de que Baiona albergase el centro educativo, fue finalmente Nigrán quien consiguió hacerse con las escuelas. En ese momento se ubicaron en la zona de A Ramallosa aunque cuando se trasladaron volvieron a ser tema de conversación y es que, las ‘Escolas Proval’, a pesar de seguir perteneciendo al municipio de Nigrán, limitan con Mañufe, una parroquia del Ayuntamiento de Gondomar, razón por la cual aún son conocidas como las ‘Escuelas de Mañufe’.
Lo cierto es que, estas rivalidades no han impedido que este centro educativo, creado gracias a los emigrantes que tomaron conciencia de las necesidades de Galicia, se haya convertido en un haz de luz que ha alumbrado la mente de muchos jóvenes de la zona.
Con el fin de conmemorar este hecho, la dirección de ‘Escuelas Proval’ y el Instituto de Estudios Miñoranos, con la colaboración del Consello da Cultura Galega, a través del Arquivo da Emigración, y el profesor de la Universidade de A Coruña además de especialista en el estudio de la labor educativa de los emigrantes en América, Manuel Mañeiro, organizaron el congreso ‘Educación e educación (1900-1936)’ compuesto por tres paneles: ‘Galiza no primeiro tercio do século XX’, ‘O labor educativo da emigración galega e as escolas da Unión Hispanoamericana Pro el Val Miñor’ y ‘Emigración e educación: de onte a hoxe’.
Al acto de inauguración de estas jornadas acudieron, entre otras personalidades, el presidente del Consello da Cultura Galega, Ramón Villares, que presentó la exposición ‘Nós mesmos. Asociacionismo galego na emigración’; el alcalde de Baiona, Jesús Vázquez Almuiña, así como los regidores de Nigrán y Gondomar, Efrén Juanes y Xosé Antón Arauxo, respectivamente.
Los alcaldes del Val Miñor destacaron que Galicia no se puede explicar sin la emigración y pusieron como ejemplo de ello a las ‘Escuelas Proval’. Por ello, destacaron que este reconocimiento era imprescindible, ya que “tenemos una deuda pendiente con los emigrantes”. Así pues, el mandatario de Nigrán, con cuyas palabras concluyó la inauguración, recordó que “los tres alcaldes tenemos el compromiso político de luchar para que haya una simbiosis con los gallegos en el exterior”.
Conferencia inaugural
A continuación, Ramón Villares fue el encargado de impartir la primer conferencia bajo el título ‘Vellas e novas olladas sobre a emigración galega’.
El presidente del Consello da Cultura Galega comenzó su discurso partiendo de la idea de que “nuestra posición de emigrantes nos permite gestionar una de las realidades del mundo actual como es el fenómeno de la inmigración”. De esta forma, explicó que “los inmigrantes de hoy son los gallegos que hace 100 años llegaban a América donde eran tratados como inmigrantes y que obligaron a cambiar las sociedades de sus países de destino”. Así pues, indicó que “lo que hoy es América, Sudáfrica, Oceanía… es una obra de la emigración europea”, ya que llevaron su historia y crearon un relato.
Fue en este momento cuando Ramón Villares abordó el debate sobre si la emigración es una bendición o una maldición. Según el presidente del Consello Galego da Cultura Galega, “hay opiniones para todos los gustos” y explicó que “en los países de destino los inmigrantes fueron vistos con lupa pero de forma optimista, como una riqueza”. Por el contrario, explicó que “en los países de partida fue enfocada de una forma pesimista”.
Así, en el ámbito de la literatura, destacó la postura de la poetisa Rosalía de Castro, para quien la emigración era una expresión de pobreza al igual que para muchos periodistas. Además, Ramón Villares relacionó este cliché negativo con la generación ‘Nos’, la cual tenía una consideración despectiva hacia este fenómeno porque consideraba que era “un instrumento de desgaleguización, una pérdida del sentimiento de pertenencia a la tierra” y con esta postura se identificaron escritores como Risco, Otero Pedrayo y Castelao, quien difundió la imagen negativa de la emigración en muchas de sus viñetas donde se podía leer: ‘En Galicia no se pide, emigrase’.
En la actualidad, el presidente del Consello da Cultura Galega vinculó esta idea con la visión de Xosé Manuel Beiras, líder de la ‘corriente irmandiña’, que se encargó de clausurar el congreso.
En cuanto a las visiones positivas de este fenómeno, Ramón Villares resaltó la figura de Castro y López, un cura de Vilar de Ortelle que ganó un certamen literario con su obra ‘La emigración en Galicia’, donde sostenía que “la emigración fue un bien y que Galicia sin emigración iba a ser peor”. Otro defensor de esta postura fue Lois Peña, un abogado que escribía artículos en el periódico ‘El ratón de Vilalba’, en los que indicaba que “de la emigración podría surgir una fuente para cambiar las cosas en Galicia”.
Para concluir este debate, el presidente del Consello da Cultura Galega explicó que en los últimos veinte años se han dado pasos muy sistemáticos que han permitido tener un conocimiento más directo, donde se pone en cuestión la mirada de la generación ‘Nos’ y se reivindica que la emigración no fue tan ‘desgaleguizadora’ como ‘regaleguizadora’.
Otro de los interrogantes que gira en torno a este tema es conocer cuales fueron los motivos por los que la gente emigró. Así, Ramón Villares comentó que éste es un viejo misterio que no tiene por qué estar necesariamente relacionado con la pobreza, sino que muchas personas emigraron con la intención de ganar más y para lo que era necesario tener el dinero que les permitiese pagar un pasaje y alguna destreza que les sirviese para conseguir trabajo en su país de destino, donde normalmente ya conocían a otros vecinos que habían emigrado a la misma zona.
En cuanto a la pregunta de que si este fenómeno destruyó la identidad gallega, el presidente del Consello da Cultura Galega opinó que “fue un instrumento esencial para construir sobre nuevas bases la identidad de Galicia”.
Asimismo, explicó que la emigración tomó conciencia de que era gallega cuando se fue al extranjero y se constituyeron las asociaciones. Fue entonces cuando “se crea una nueva identidad transferida para Galicia” que da lugar al cambio.
A modo de conclusión, Ramón Villares resaltó que “la emigración es compleja, tiene algo de enigma, no se explica por una sola razón y define tanto las sociedades de partida como de destino”.