“La vida es una incógnita, la muerte un misterio”
Con mucha tristeza escribo estas letras, dado que a parte de la familia conocía. A María Isabel la recuerdo cuando estuve en la misa de su padre, momento en que le hice saber lo que él significó en mi vida, y mi agradecimiento eterno.
María decidió despojarse de las vanidades de este mundo y dedicar su vida como hizo (Jesús) a esos que no tienen voz, el Salmista escribió “Polvo somos”.
Su misión humanitaria en Madagascar se centró en el hospital de una misión religiosa en la localidad de Tsihombe. De especialidad internista, también participó en otras misiones en África. Su vocación fue ayudar a los más débiles. Estoy seguro de que la recordarán por su amor y entrega; ahí está la clave: el amor.
María Isabel era la mayor de los hijos del matrimonio formado por Manuel Fraga Iribarne y Carmen Estévez. Fue una excelente hija, que cuidó de su padre en el barrio de Argüelles, en Madrid.
Estoy seguro de que Dios le tendrá un lugar especial.
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