Las mujeres de la emigración lucen con orgullo la Medalla de Oro de Galicia
La empresaria argentina Claudia Álvarez, la periodista venezolana Carla Angola, la odontóloga Camila Fernández y la fiscal suiza Beatriz Gil recibieron la medalla con la que este año la Xunta quiso reconocer a la “Galicia construida sobre esa tupida red de apoyos mutuos” que crearon “los cientos de miles de gallegos que tomaron el camino de la emigración”.
42 ediciones han tenido que pasar para que Galicia se decidiera a conceder su máximo galardón al colectivo que reside en el exterior, tomando como ejemplo a estas cuatro mujeres –integrantes de la segunda generación–, para demostrar que “la diáspora gallega también fue femenina”, porque fueron ellas las que “sostuvieron familias, comunidades, empresas y entidades gallegas por todo el mundo”, remarcó el presidente.
“Brillantes” en sus carreras profesionales, las cuatro son ejemplo de “integración y superación”, dijo la periodista de la TVG Raquel Domínguez, encargada de presentar el acto, que congregó en el Gaiás a las principales autoridades de la comunidad autónoma y que estuvo animado por la artista gallego-argentina Belém Tajes. Junto a los músicos Cibrao Seixo Pazos y Nicolás Vieites Soto interpretó temas como ‘Unha noite na eira do trigo’ y ‘Por culpa dunha flor’.
Los sonidos de las gaitas acompañaron a Claudia, Carla, Camila y Beatriz en su entrada al recinto, donde les aguardaban representantes de los distintos estamentos de la sociedad gallega, además de sus familiares más allegados, que se desplazaron desde sus países a propósito para la ocasión.
Orgullo, sacrificio, esfuerzo, agradecimiento, solidaridad y morriña, fueron los calificativos más pronunciados por las galardonadas para expresar el sentimiento que les une a Galicia, a la que llevan en el corazón, tanto como amor profesan a las personas que han sabido transmitirles los valores que representa esta tierra, entre los que destacan la solidaridad, la integración y la dedicación al trabajo.
Las cuatro constituyen esa “pequeña muestra” con la que la Xunta quiere significar lo que la emigración representa para Galicia, que “lo marcó todo”, aseguró Rueda, empezando por la interpretación de su himno, que sonó por primera vez en el Centro Gallego de La Habana, pero también la literatura, con referentes como Curros Enríquez, Ramón Cabanillas o Blanco Amor, que fueron “poetas y narradores en la emigración”, o el mismo Xosé Neira Vilas, a quien Galicia le rendirá homenaje por el Día das Letras del año próximo.
La emigración, recordó, “marcó también” las “villas y ciudades” gallegas, como es el caso de Vigo, donde grandes mecenas como José García Barbón y Policarpo Sanz prestan su nombre a dos de sus principales calles. Otros “financiaron la construcción de escuelas, casas de indianos y servicios públicos en una época en la que Galicia” lo necesitaba.
Pero la emigración marcó también la economía, incidió el presidente. Prueba de ello es que la empresa cervecera que lleva el nombre de Galicia por todo el mundo nació de los “ahorros y el conocimiento que ganó José María Rivera en Cuba y México”. Y de América “llegó el impulso para muchas conserveras, para el ferrocarril, para muchas industrias en una tierra sobrada de talento pero necesitada de capital”.
Tampoco se olvidó Rueda de la huella que la emigración dejó en las familias, “tanto por los que marcharon como por los que quedaron y pudieron estudiar y prosperar aquí en Galicia gracias al esfuerzo de los que estaban fuera”.
La emigración acogió, además, las “ansias de libertad” de los gallegos, dijo, y recordó también que “fue en Buenos Aires donde Castelao pronunció su esperanzador discurso Alba de Gloria, prólogo de una autonomía que nuestra comunidad ganó décadas después”.
Lejos de pretender “idealizar” el “pasado emigrante” de Galicia, ni tampoco “las tristes razones que llevaron a él”, el jefe del Ejecutivo autonómico abogó por “valorar y nunca olvidar todo lo que lograron los cientos de miles de gallegos que tomaron el camino de la emigración”, a los que representan las cuatro galardonadas de este año, y cuyo denominador común es “Galicia”.
Vivieron “la mayor parte de su vida” en el exterior “y allí “desarrollaron sus carreras, sus trayectorias, pero jamás dejaron de sentirse parte del pueblo gallego”, incidió.
Por eso, estas medallas “saldan una deuda histórica con miles de mujeres de la emigración que abrieron caminos para las generaciones siguientes”, y el reconocimiento a Claudia, Carla, Camila y Beatriz “lo es también para las mujeres anónimas que llevaron, llevan y llevarán el acento gallego por el mundo entero”, remarcó.
El presidente incluyó en su discurso un mensaje destinado a los que “están fuera y quieran volver”, recordándoles que “tienen las puertas de su tierra siempre abiertas”. A los que quieren seguir allá, les dijo que “seguirán conformando esa red oficiosa de embajadores que sería la envidia de cualquier servicio diplomático del mundo”.
La entrega de las Medallas de Galicia de este año culminó con la interpretación del himno gallego que corrió a cargo de Belém Tajes y de sus dos acompañantes.
Cuatro historias de mujeres con las que rendir homenaje “a todas las demás”
La historia de las cuatro mujeres gallegas de la emigración a las que la Xunta rindió homenaje este viernes 24 son una pequeña muestra de lo que se pretende significar. Son incluso “una magnífica muestra” de esas otras historias “anónimas” que inspiran “orgullo”, resaltó el presidente Rueda, durante su discurso.
La argentina Claudia Álvarez representa el liderazgo empresarial y el compromiso con la sociedad. Su familia fue una de las muchas sagas de gallegos que se distinguió en su país de acogida por emprender en el ámbito de la hostelería, hasta el punto de que todavía hoy proliferan sus establecimientos por toda América y por otros lugares del mundo en los que se ve reflejado en su nombre “un trozo, un recuerdo, una referencia a Galicia”, subrayó el presidente.
Como reconocimiento a la defensa que hace de los valores democráticos en Venezuela, el Gobierno autonómico premió también la labor de la periodista Carla Angola, quien, debido a las circunstancias políticas en su país, se ve obligada a defender desde Miami la libertad con las mismas ansias que sus familiares lo hicieron cuando decidieron abandonar Galicia e instalarse en Venezuela.
La medalla a Camila Fernández obedece a la “excelencia profesional” que demostraron los gallegos que supieron sobreponerse a condiciones muy difíciles. Desde Brasil, Camila destaca por su actividad asistencial, científica y académica, además por la labor que desempeñó como presidenta de la Asociación de Empresarios Galegos en Río de Janeiro.
El reconocimiento a Beatriz Gil constituye “testimonio de la vocación de servicio público que tienen los gallegos; los de aquí y los del exterior”. Fiscal jefe de Menores en el cantón suizo de Argovia, nació en Galicia, pero se fue al país helvético con sus padres a la edad de cuatro años. Gil es miembro muy activo de la colectividad gallega en Zúrich, donde desarrolla su vínculo con la tierra en la que nació y de la que salió y la que escogió para establecerse.