CONGRESO SOBRE SEOANE EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Seoane, una aproximación al “revoltoso político” enamorado del arte y de Galicia

Galicia es para Luis Seoane “una constante referencia” y a ella vuelve en momentos puntuales de su vida, porque en Galicia, y más concretamente en Santiago, halló este artista gallego –hijo de emigrantes, nacido en Buenos Aires en 1910– “un espacio idóneo” para desarrollar su ideal gracias al encuentro con los intelectuales gallegos de aquella etapa prebélica y también de la posguerra, dijo la pasada semana la catedrática de Historia del Arte María Luisa Sobrino.
Seoane, una aproximación al “revoltoso político” enamorado del arte y de Galicia
 Marina Luisa Sobrino, que fue presentada por el presidente del Consello, Ramón Villares, durante su intervención.
Marina Luisa Sobrino, que fue presentada por el presidente del Consello, Ramón Villares, durante su intervención.

Galicia es para Luis Seoane “una constante referencia” y a ella vuelve en momentos puntuales de su vida, porque en Galicia, y más concretamente en Santiago, halló este artista gallego –hijo de emigrantes, nacido en Buenos Aires en 1910– “un espacio idóneo” para desarrollar su ideal gracias al encuentro con los intelectuales gallegos de aquella etapa prebélica y también de la posguerra, dijo la pasada semana la catedrática de Historia del Arte María Luisa Sobrino. Hombre “polífacético”, Seoane, subrayó Sobrino, “tuvo a Galicia como horizonte” y “gozó del contacto de tres generaciones” de artistas e intelectuales que lo enriquecieron hasta el punto de que se convirtió, junto con Castelao, en uno de los principales referentes de Galicia del siglo XX.

 

La catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela, María Luisa Sobrino, fue la encargada de glosar la etapa gallega de Seoane, en el marco del Congreso Internacional ‘Luis Seoane. Galicia-Argentina: una doble ciudadanía’, que se desarrolló la pasada semana entre el Consello da Cultura Galega –en Santiago de Compostela– y la Fundación que lleva el nombre del insigne intelectual gallego, con sede en A Coruña.
‘O ‘fardel’ galego de Seoane ata 1936’ fue el título de la conferencia de Sobrino sobre un artista que supo elevar sus creaciones por encima de la “espontaneidad y sobriedad” que las caracterizó.
La catedrática, que se refirió a Seoane como “un revoltoso político”, habló sobre su participación activa “en la vida política, artística e intelectual de Compostela”, y comentó varios pasajes que denotan su implicación en la defensa de unos valores que eran los mismos que enarbolaban los intelectuales galleguistas del momento como Castelao, Camilo Díaz –padre de Isaac Díaz Pardo– Arturo Cuadrado o Rafael Dieste.
Su llegada a Galicia, concretamente a la ciudad de A Coruña –donde se instaló a la edad de seis años–, lo situó, durante su etapa de estudiante de Derecho, en Santiago de Compostela –en los años previos al alzamiento militar y durante la Guerra Civil– en el mismo escenario en el que los defensores activos de la causa republicana proclamaban sus ideales.
 Seoane compaginó su activismo político con una más que prolífica actividad creativa desde el punto de vista artístico. “Desarrolló una ingente labor hasta su muerte”, dijo la catedrática de Historia del Arte, quien recordó que los dibujos de Seoane “se pueden encontrar en casas de amigos y familiares”. Sobrino, quien recogió el sentir del artista al decir que reconoció en Carlos Maside a “uno de sus indiscutibles maestros”, hizo alusión a su “gusto por el mundo medieval” y recordó que su obra estaba basada en “temas populares”.
Defensor de democratizar la cultura, y de difundir el arte por todos los ricones, el primer adiós  a Galicia de esta figura sobresaliente del arte tuvo lugar a finales de 1936, tras el estallido de la Guerra Civil. “Al darse cuenta de que lo buscaban, se oculta”. Posteriormente, se traslada a Buenos Aires, donde toma conciencia de la situación y descubre cómo muchos de sus ‘compañeros de viaje’ deben correr su misma suerte para librarse de una muerte prematura, mientras otros, como es el caso de Carlos Maside, optan por sumergirse “en un exilio interior”.