Puente entre los emigrantes gallegos y la cultura argentina
Luís Seoane intentó actuar como puente entre la colectividad gallega emigrante y la cultura argentina, explicó Fernando Devoto, durante su intervención el pasado miércoles en el congreso sobre Seoane.
Director del Programa de Investigaciones sobre Historiografía Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidade de Buenos Aires, Devoto reflexionó sobre “cultura y política entre dos mundos: debates intelectuales y tramas de sociabilidad (1936-1963)”.
Presentó su relatorio como un escenario de encajes complicados para la acción de los exiliados de la Guerra Civil (1936-1939) y su interactuar, nada fácil, con una colectividad emigrante marcada por el impacto de las urgencias propias y por las derivadas de los cambios en el mundo político argentino: antes, durante y después del Peronismo.
En ese marco se refirió al hecho de que los exiliados gallegos “pudieron jugar un papel de puente entre las distintas almas de la cultura democrática y antifascista argentina”, y destacó que Luís Seoane intentó, muy especialmente, “ser un puente entre la vida cultural de su comunidad inmigrante y la cultura más general argentina”.
El empeño tuvo resultados limitados, dijo el historiador, quien llegó a esa conclusión tras leer la correspondencia del artista. En cualquier caso, dijo, “las penurias de la vida política e institucional tenían su contrapartida en la vivacidad de un mundo científico, cultural y académico y en el dinamismo de Buenos Aires, una de las tres o cuatro capitales del arte del mundo”, dijo, utilizando palabras de Seoane.
Director del Programa de Investigaciones sobre Historiografía Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidade de Buenos Aires, Devoto reflexionó sobre “cultura y política entre dos mundos: debates intelectuales y tramas de sociabilidad (1936-1963)”.
Presentó su relatorio como un escenario de encajes complicados para la acción de los exiliados de la Guerra Civil (1936-1939) y su interactuar, nada fácil, con una colectividad emigrante marcada por el impacto de las urgencias propias y por las derivadas de los cambios en el mundo político argentino: antes, durante y después del Peronismo.
En ese marco se refirió al hecho de que los exiliados gallegos “pudieron jugar un papel de puente entre las distintas almas de la cultura democrática y antifascista argentina”, y destacó que Luís Seoane intentó, muy especialmente, “ser un puente entre la vida cultural de su comunidad inmigrante y la cultura más general argentina”.
El empeño tuvo resultados limitados, dijo el historiador, quien llegó a esa conclusión tras leer la correspondencia del artista. En cualquier caso, dijo, “las penurias de la vida política e institucional tenían su contrapartida en la vivacidad de un mundo científico, cultural y académico y en el dinamismo de Buenos Aires, una de las tres o cuatro capitales del arte del mundo”, dijo, utilizando palabras de Seoane.