OCUPÓ EL DEPARTAMENTO DE EMIGRACIÓN CUANDO FRAGA LO ELEVÓ A RANGO DE CONSELLERÍA
Miras: “Fraga era sumamente sensible, y donde había un problema de los gallegos, allí estaba él”
Cuando Manuel Fraga decidió elevar al rango de Consellería el departamento de Emigración de la Xunta, pensó en Aurelio Miras Portugal como la persona idónea para ocupar el cargo de conselleiro. En Argentina, estaba a punto de desencadenarse la profunda crisis económica con la que el país austral despertó al siglo XXI –que arrastraría también a Uruguay– y ello iba a repercutir de manera directa en la población gallega emigrada.
Cuando Manuel Fraga decidió elevar al rango de Consellería el departamento de Emigración de la Xunta, pensó en Aurelio Miras Portugal como la persona idónea para ocupar el cargo de conselleiro. En Argentina, estaba a punto de desencadenarse la profunda crisis económica con la que el país austral despertó al siglo XXI –que arrastraría también a Uruguay– y ello iba a repercutir de manera directa en la población gallega emigrada. Hombre vinculado hasta entonces con la gestión turística del Gobierno gallego, fue precisamente el contacto con el exterior derivado de su cargo lo que permitió a Miras Portugal una visión de la realidad argentina que coincidía con la de Fraga, y ante la que había que actuar cuanto antes y con la mayor eficacia.
En aquellos años, “se echaba encima un problema gravísimo”, pero “nunca pensamos que fuera de tan gran magnitud”, confiesa Miras. “Fraga confió en mí” y “fuimos capaces de articular sistemas” que permitieran llevar medicamentos a la población y habilitar ambulancias para trasladar a los enfermos a los centros hospitalarios. Porque “allí se atendió a todos”, sin discriminar por razón de origen, y hasta “los rusos se asombraban de cómo éramos capaces de resolver aquellos problemas tan graves y de atender a toda esa gente”. Pero “Fraga sabía que no podía fallar a aquellos gallegos”. “Donde había un problema de gallegos, él estaba allí para resolverlo”.
Así se explica Miras para dar a entender que, frente a la imagen que se tiene de él, en lo humano, “Fraga era un gran desconocido”. “Era un hombre demasiado humano” ; una persona “sumamente sensible” a la que “le dolía la desgracia”, pero que a veces “se ponía una coraza” para evitar mostrar esa parte de su carácter que puede ser interpretada como una debilidad.
En la emigración, “lo fue todo”, asegura. “Puso en marcha un proyecto de la emigración gallega” que permitió “relanzar todavía más” la labor que iniciaron los gallegos en el exterior con la puesta en funcionamiento de las entidades asociativas, y “creó organismos de interrelación” para poner en contacto a la Galicia territorial con la Galicia emigrada.
El exconselleiro de la Xunta también resalta el impulso que dio al turismo, tanto en España como en Galicia. Porque “España se relanzó” tras la posguerra “con el turismo, gracias a Fraga, y con las remesas que enviaban los emigrantes”. Y en Galicia, el turismo en la etapa de don Manuel supuso “una auténtica revolución”, porque colocó al sector en cifras insospechadas, al pasar “del 1,9%” del PIB gallego “a casi el 11% cuando él lo dejó”.
Es por eso que, su muerte “supone para Galicia una pérdida de valor incalculable”, dice Miras, porque Fraga “tuvo la virtud de agrupar fuerzas políticas relacionadas con el centro y el galleguismo”. Además, con él, los gallegos recuperaron la “autoestima”, tal vez un punto flaco del pueblo gallego, pero “él la recuperó. No para los intelectuales”, que ya eran capaces de hacer valer por sí mismos el concepto de Galicia, sino para el pueblo en general, que se había sentido discriminado y acomplejado frente a otras culturas.
Pero, “Galicia se internacionalizó” con Fraga y “empezó a ser respetada” y es por eso que, tras su fallecimiento, “los líderes políticos” de todo el mundo, pese a las diferencias ideológicas, “le respetan”, reconoce el exconselleiro.
En aquellos años, “se echaba encima un problema gravísimo”, pero “nunca pensamos que fuera de tan gran magnitud”, confiesa Miras. “Fraga confió en mí” y “fuimos capaces de articular sistemas” que permitieran llevar medicamentos a la población y habilitar ambulancias para trasladar a los enfermos a los centros hospitalarios. Porque “allí se atendió a todos”, sin discriminar por razón de origen, y hasta “los rusos se asombraban de cómo éramos capaces de resolver aquellos problemas tan graves y de atender a toda esa gente”. Pero “Fraga sabía que no podía fallar a aquellos gallegos”. “Donde había un problema de gallegos, él estaba allí para resolverlo”.
Así se explica Miras para dar a entender que, frente a la imagen que se tiene de él, en lo humano, “Fraga era un gran desconocido”. “Era un hombre demasiado humano” ; una persona “sumamente sensible” a la que “le dolía la desgracia”, pero que a veces “se ponía una coraza” para evitar mostrar esa parte de su carácter que puede ser interpretada como una debilidad.
En la emigración, “lo fue todo”, asegura. “Puso en marcha un proyecto de la emigración gallega” que permitió “relanzar todavía más” la labor que iniciaron los gallegos en el exterior con la puesta en funcionamiento de las entidades asociativas, y “creó organismos de interrelación” para poner en contacto a la Galicia territorial con la Galicia emigrada.
El exconselleiro de la Xunta también resalta el impulso que dio al turismo, tanto en España como en Galicia. Porque “España se relanzó” tras la posguerra “con el turismo, gracias a Fraga, y con las remesas que enviaban los emigrantes”. Y en Galicia, el turismo en la etapa de don Manuel supuso “una auténtica revolución”, porque colocó al sector en cifras insospechadas, al pasar “del 1,9%” del PIB gallego “a casi el 11% cuando él lo dejó”.
Es por eso que, su muerte “supone para Galicia una pérdida de valor incalculable”, dice Miras, porque Fraga “tuvo la virtud de agrupar fuerzas políticas relacionadas con el centro y el galleguismo”. Además, con él, los gallegos recuperaron la “autoestima”, tal vez un punto flaco del pueblo gallego, pero “él la recuperó. No para los intelectuales”, que ya eran capaces de hacer valer por sí mismos el concepto de Galicia, sino para el pueblo en general, que se había sentido discriminado y acomplejado frente a otras culturas.
Pero, “Galicia se internacionalizó” con Fraga y “empezó a ser respetada” y es por eso que, tras su fallecimiento, “los líderes políticos” de todo el mundo, pese a las diferencias ideológicas, “le respetan”, reconoce el exconselleiro.