Feijóo compara la historia del Apóstol con la de Galicia: “Una historia de emigración”
La historia del Apóstol Santiago “es una historia parecida” a la de Galicia: “una historia de emigración”, dijo el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, durante la ofrenda en la Catedral compostelana con motivo de la celebración del día del Patrón, en el que actuó como delegado regio. Feijóo pidió al Apóstol “ayuda” para “ser tolerantes y comprensivos con aquellos que tienen que abandonar sus orígenes para ir en busca de nuevos horizontes”, porque “ellos son lo que nosotros fuimos”. La jornada comenzó con la revista a las tropas y el saludo a las autoridades: la presidenta del Parlamento gallego, Pilar Rojo; el ministro de Fomento, José Blanco; el delegado del Gobierno, Antón Louro; el alcalde de Santiago, Sánchez Bugallo; conselleiros; y los ex presidentes Albor y Fraga, entre otros.
Núñez Feijóo actuó por primera vez en nombre del monarca don Juan Carlos en los actos religiosos e institucionales que se celebraron el pasado sábado en la Catedral de Santiago con motivo de la festividad del Apóstol.
En una intervención que conjugó el castellano y el gallego y en la cual figuraron citas de los gallegos Ramón Cabanillas y Xosé Manuel Álvarez y de Antonio Machado, el presidente de la Xunta demandó al Apóstol “protección sobre la España que nos une en un presente y en un futuro común”, y se refirió al terrorismo como antítesis de la bandera de la libertad.
En comparación con la tradición jacobea de Europa, Feijóo dijo que “nuestra nación ha sido igualmente peregrina por avatares bien diferentes de la Historia, que combinan la grandeza con la decadencia, la estabilidad con el desasosiego y la concordia con el conflicto”. “Por fortuna –añadió– sólo el terrorismo cruel y asesino queda como vestigio de aquellos tiempos en los que el español estaba condenado a ver cómo se ‘helaba su corazón’, en palabras del poeta Antonio Machado”.
Además, pidió que el Año Santo 2010 sirva para contribuir a la “recuperación de los valores del humanismo”.
Feijóo invocó al Apóstol Santiago para conseguir la “unidad de voluntades” ante desafíos como los que impone la “amenaza” de la crisis económica y advirtió de que en el contexto actual, “no es posible el aislamiento” y de que es necesario “unir valores de los antepasados con las exigencias contemporáneas” porque “la identidad no es inmovilismo”.
En este sentido, proclamó: “Galicia tiene que conjugar lo que fue con lo que será”, y demandó la intercesión del Santo para que ilumine a los gobernantes “para escuchar las inquietudes de la gente” y les dé “inspiración” para “alcanzar el bien común”.
“En cada desafío encontramos un camino que es necesario recorrer juntos”, proclamó para insistir en que “Galicia es diversa pero necesita imaginar horizontes comunes”.
Además de demandar ser “tolerantes y comprensivos” con los inmigrantes, situó a la juventud como “ejemplo para la sociedad y los gobernantes” y pidió que el Año Santo 2010 sirva para contribuir a la “recuperación de los valores del humanismo”.
“Queremos que en este mundo necesitado de acciones globales para dar respuesta a los retos políticos, sociales y medioambientales, el Xacobeo se convierta también en un gran punto de encuentro en el que razón y fe se den la mano, como peregrinos que son en el mismo camino que conduce a la libertad y la felicidad de los hombres”, concluyó.
Último Año Santo
En 2004, coincidiendo con la celebración del Año Santo Compostelano, fue la última vez que los Reyes de España estuvieron el 25 de julio en la capital gallega para realizar en la Catedral la Ofrenda Nacional al Apóstol.
En esa ocasión, fue el propio Rey quien pidió al Santo por todos los españoles y su invocación fue respondida por el arzobispo compostelano, Julián Barrio. En 2005, el alcalde de Santiago, Xosé Sánchez Bugallo; en 2006, el ex presidente de la Xunta Emilio Pérez Touriño; y en 2007, la ex presidenta del Parlamento Dolores Villarino, fueron los encargados de ejercer como delegados regios.
La Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago es una ceremonia que fue instituida en 1643 por Felipe IV y a lo largo de los años se mantuvo la tradición de que reyes, jefes de Estado o personalidades con las más altas responsabilidades invocaran al Patrón de las Españas los beneficios divinos para las tareas humanas.